Vaya estabilidad social: una red de 15 gasolineras desquicia a toda una ciudad

**Nadie del Gobierno sale a hacer un llamado a la calma. Lo hacen, sí, pero a través de sus voceros oficiosos, los mismos que usan para calumniar y atacar a quienes no se alinean.


Vaya estabilidad social: una red de 15 gasolineras desquicia a toda una ciudad

La Crónica de Chihuahua
22 de junio, 21:30 pm

Por: Alejandro Salmón Aguilera/ ahoramismo.mx

Pasaron dos semanas y no ocurrió nada. El desabasto de gasolina seguía ahí, latente, listo para volver a sacar de quicio a una ciudad de por sí atribulada por su pésimo servicio de transporte y su deficiente suministro de agua, por decir lo menos.

Las horas pasaban y no había gobierno que apareciera. Filas y filas de autos formados en espera de llegar a la bomba dispensadora de la gasolinera, varados en las avenidas más congestionadas de la ciudad, sin que llegara un agente de la Dirección de Vialidad a dirigir el tráfico. Mejor los empleados de las gasolineras salieron a hacerle al “viene-viene” para tratar de evitar un problema mayor en las inmediaciones de la estación donde trabajan.

Al igual que la crisis de combustibles de la primera semana de junio, en la actual, el Gobierno no apareció por ningún lado sino hasta que se encendieron los focos de alarma por el “secuestro” de cuatro pipas cargadas con combustible.

Antes de que ocurriera ese suceso, la postura del Gobierno era de que no había desabasto y de que las largas filas frente a las gasolineras eran culpa de una empresa, la de las “Rendichicas”. Si lo dicho por el Gobierno es verdad, entonces, un consorcio de 15 gasolineras tiene más capacidad de desestabilizar a la capital del estado que todas las movilizaciones convocadas por todas las organizaciones no gubernamentales.

El Gobierno vio cómo asaltaban cuatro pipas y tardó en responder. Tardó en ofrecerle a Pemex la escolta policiaca necesaria para darle garantías de que podía llegar hasta las estaciones de servicio, descargar su entrega de gasolina y continuar su camino. Tuvieron que suceder cuatro incidentes de esos y que Pemex anunciara la suspensión del reparto para ver la reacción de un gobierno para el cual no había tal desabasto y que todo era culpa de las “Rendichicas”.

El día avanzó; la tarde llegó y la ciudad oscureció, pero las filas no se reducían. La solución no llegaba. La supuesta existencia de gasolina en la estación de Pemex no llegaba a las gasolineras, la mayoría de ellas, cerradas por no tener ni gota para vender.

Lo mismo ocurrió con el sistema de transporte troncal “Vive Bus”. El pésimo servicio no da el menor viso de mejoría. La falta de acción del Gobierno sacó de quicio a una ciudad que ya de por sí estaba complicada por la escasez de combustibles y los usuarios optaron por “tomar” las unidades.

Si todo lo anterior es poco, ahí viene en camino una protesta de taxistas, cuyo líder ya amenazó con “generar un conflicto social” si entra en operaciones la empresa de transporte privado Uber.

A todo ello hay que agregar la poca información que dio el Gobierno para entender de qué se trataban las dos emisiones de deuda que cayeron en pedazos ante una andanada de críticas en redes sociales. Increíble: el Congreso dejó de aprobar un concepto de ingreso contemplado en la Ley de Ingresos aprobada por ellos mismos ante la presión ejercida por una televisora y decenas de mensajes en Facebook y Tweeter. Suspender, en vez de hablar claro y decirle a todo el mundo que los 6 mil 161 millones de pesos incluidos en el concepto “Aprovechamientos” provendrían de dos emisiones de deuda, y que eran indispensables para completar un gasto de 62 mil mdp. No: prefirieron entregar la iniciativa por debajo de la puerta y ahora el Gobierno no sabe qué hacer para cubrir esa cantidad que equivale más-menos al 10 por ciento del presupuesto.

La suma sigue y ahora se agrega una convocatoria vía redes sociales a “tomar” el Palacio de Gobierno. Nadie del Gobierno sale a hacer un llamado a la calma. Lo hacen, sí, pero a través de sus voceros oficiosos, los mismos que usan para calumniar y atacar a quienes no se alinean. Nadie sale a explicar que en ese edificio trabajan personas que ni la deben ni la temen. Que la mayoría del tráfico de personas son visitantes, turistas, empleados de base y gente que busca obtener alguna ayuda del Gobierno.

Como siempre, son ellos, los habitantes de la ciudad, los afectados, y no hay Gobierno que los ayude.

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