Va a haber agua pronto, pero en Ávalos no hay certidumbre

**¿Por qué la gente no repara sus casas, por qué no pinta ni remodela? Ahora va a haber agua, pero aquí nadie es dueño del espacio en que vive desde hace décadas, aunque el gobierno compró toda la colonia junto con la Fundición desde hace 14 años.


Va a haber agua pronto, pero en Ávalos no hay certidumbre

La Crónica de Chihuahua
3 de agosto, 16:42 pm

Chihuahua, Chih.- La construcción de la red de agua potable para la colonia Ávalos, en la capital del estado, arrancó el 16 de julio tras el banderazo del gobernador del estado y autoridades de diferentes niveles de Gobierno, con una inversión total de 6 millones 440 mil 747 pesos, en beneficio de 200 familias y alrededor de mil habitantes.

Con ello se atiende un reclamo que lleva 30 años ante la falta de infraestructura hidráulica, en un esquema en que los vecinos aportarán el 20 por ciento del costo total de la obra, que en una primera etapa generará 183 tomas domiciliares y al finalizar alcanzará 278, con una inversión de 3 millones 480 mil 101 pesos.

ÁVALOS Y EL ATRASO EN SU DESARROLLO

Acá, las tuberías son muy viejas, hay muchas fugas, falta el agua potable y el sistema de drenaje es deficiente. En el fondo del problema, el agua es sólo uno de los síntomas de una problemática muy complicada. Todo se deriva de la quiebra económica y financiera de la vieja Fundidora, que era propiedad, en sus últimos años, de la Industrial Minera México. Los trabajadores, a los que la empresa proporcionaba una vivienda en la colonia, fueron despedidos y liquidados, aunque ellos siguieron viviendo ahí por su propia cuenta y riesgo.

En esas condiciones, los servicios de los que se encargaba la empresa, como el agua potable, el alumbrado público, el drenaje, los parques, todo, quedó a la deriva, y la infraestructura se fue deteriorando por falta de mantenimiento. Ni qué decir del cine de la comunidad, que cerró antes que la propia Fundidora, o el Club Social, que fue cerrado en cuanto el sindicato dejó de tener relación con la empresa. Desde los años ochenta, con el cierra de la empresa, todas las responsabilidades sociales se fueron diluyendo, y la infraestructura ha sufrido un progresivo e imparable desgaste.

Las familias dejaron de hacer reparaciones en sus casas, ya no pintaron las fachadas, nadie repara el enjarre que se va cayendo, nadie aplica impermeabilizante, etcétera, y la gente se limita a habitar las viejas viviendas. ¿La razón? No saben si en cualquier momento van a ser expulsadas de esas casas que no son de ellos.

Una luz de esperanza se encenció cuando el 31 de agosto de 2004, el Gobierno del Estado compró el pueblo completo y las instalaciones de la antigua fundidora en 355 millones de pesos, y todo pasó a ser de su propiedad. «Ahora sí», pensaron, «vamos a poder negociar con el gobierno, que es el que tiene la obligación de facilitar que la gente tenga vivienda». Todos estaban (y siguen estando) dispuestos a pagar por sus casas en las que ha transcurrido toda su vida, aunque sea con facilidades.

INCERTIDUMBRE

Pero a catorce años de su expropiación por parte del gobierno, las viejas instalaciones del poblado minero de Ávalos poco han cambiado. A los pobladores, el gobierno les proyectó su salida, les anunció su desalojo fatal e inevitable, porque a los «pensadores», a los proyectistas urbanos con poder les pareció que esa zona estaba muy bien para desarrollar grandes tiendas, un área de diversiones en manos de la iniciativa privada, y hasta se llegó a hablar (y no sólo eso, sino que se enseñaron preciosas maquetas y gráficas magníficas) de construir acá un gran zoológico. Grandes proyectos se perfilaron aquí, y en ninguno de esos planes se tomó en cuenta, pero para nada, los intereses de los pobladores, de los colonos, que sufrieron semanas, meses y años de una incertidumbre que todavía no termina.

Igual sucede con el agua ahora, cuando el gobierno se vio obligado por la presión social, por las constantes denuncias públicas, a proporcionar los medios para que esta gente no sufra por la falta de ese insumo tan esencial y patrocinado por acuerdos internacionales, que han erigido el derecho al agua potable como un derecho inalienable de la humanidad.

Todavía hoy, igual que en las administraciones priistas «corruptas», al presente gobierno «honesto» y «popular» tampoco se le ha ocurrido ni le ha pasado ni a tres kilómetros de la sesera, dotar a estos colonos de la tierra en que viven. Ellos no saben si van a ser desalojados, o si por el contrario, van a ser parte de los ya casi míticos desarrollos deportivos, recreacionales y culturales de los que se ha hablado tanto, pero de los que nada se ha concretado.

La incertidumbre total.


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