Urgen 30 mil mdp al año contra crisis alimentaria; existen rezagos en infraestructura hídrica

**Al menos 6 millones de hectáreas de cultivo en México necesitan recursos para tecnificarse, producir más y desperdiciar menos agua, advierten expertos.


Urgen 30 mil mdp al año contra crisis alimentaria; existen rezagos en infraestructura hídrica

La Crónica de Chihuahua
1ro de noviembre, 11:35 am

Excelsior

La inestabilidad climática ya afecta zonas del país que producen alimentos de la canasta básica, por lo que urge mayor inversión y tecnología para enfrentar ese reto, coinciden especialistas y científicos.

En el marco de la COP26, afirman que el desarrollo y bienestar social de la gente del campo deben abordarse con la misma urgencia que la inestabilidad climática, que ha causado una severa crisis agrícola y del agua.

Ramón Aguirre Díaz, exdirector del Sistema de Aguas de la CDMX, explicó que de los siete millones de hectáreas de riego en el país, seis se cultivan y sólo cinco millones tienen cosecha debido a efectos climáticos. Ante ello, éstas últimas, que producen alimentos para 129 millones de mexicanos, deben tecnificarse para evitar el desperdicio de agua y producir más con menos.

En materia de agua, señaló, México requiere invertir 110 mil millones de pesos al año, 30 mil millones de ellos para infraestructura agrícola.

Para César Octavio Ramos Valdés, asesor de la Asociación Nacional de Especialistas en Irrigación, la infraestructura para almacenar agua es insuficiente y tiene rezagos de mantenimiento para prestar el servicio de suministro. Esto, junto con la falta de tecnificación agrícola, dificulta garantizar la seguridad alimentaria.

Inversión y tecnología, claves para encarar efectos del Cambio climático

El desafío es que los sistemas de producción agrícola y el desarrollo de los cultivos puedan adaptarse al impacto de ese fenómeno, señalan especialistas y científicos; hay rezago en infraestructura; urge tecnificar parcelas de riego y hacer uso eficiente del agua.

El desarrollo y bienestar social de la gente en el campo debe ser abordada de la misma manera, urgente, que la inestabilidad climática, que ha causado una severa crisis agrícola y del agua, coincidieron especialistas y científicos en materia de agua y cambio climático, entrevistados a propósito de la cumbre del clima COP26 que arranca hoy en Glasgow, Escocia.

El cambio en el ciclo hidrológico, apuntaron, tiene consecuencias negativas tanto en los distritos de riego, como en las zonas de temporal, donde se producen los alimentos de la canasta básica, por lo que se requerirán mayor inversión y tecnificación para enfrentar esos retos. Además, dijeron, la inestabilidad del clima agrega mayor estrés a los sistemas agrícolas, de por sí afectados por una creciente demanda de recursos, prácticas insostenibles y la acelerada degradación de los suelos.

La producción agropecuaria y los rendimientos de los cultivos tienen una variación de acuerdo con las distintas regiones y el clima. El noroeste, donde se ubica el granero más grande de México, atraviesa un proceso de transición hacia un ambiente más seco, debido a la reducción de las precipitaciones, por lo cual, en los distritos de riego de esa zona, el clima extremo está afectando la disponibilidad de agua, indicó César Octavio Ramos Valdés, asesor de la Asociación Nacional de Especialistas en Irrigación (ANEI).

De ahí que el desafío es que los sistemas de producción agrícola y el desarrollo de los cultivos puedan adaptarse al impacto de la variabilidad climática, dijo.

Para el sistema de riego hay presas de almacenamiento, derivadoras y canales para su distribución, así como pozos para uso agrícola y uso humano, pero cuando no hay una precipitación oportuna, porque el cambio climático ha modificado el ciclo del agua, las sequías se vuelven más prolongadas y estos depósitos tienen niveles bajos, pero cuando hay lluvias es necesario poder almacenar el agua para distribuirla a la producción agrícola.

Sin embargo, sostuvo que no se cuenta con la infraestructura suficiente para el almacenamiento de agua y la existente tiene un gran rezago en el mantenimiento de la infraestructura para prestar el servicio de suministro y junto con la falta de tecnificación agrícola se hace difícil cumplir con la seguridad alimentaria, que de acuerdo con la FAO, las personas en todo momento tienen acceso físico, social y económico a los alimentos, porque son suficientes, saludables y nutritivos, “entonces, la meta sería cumplir con el abastecimiento cuando menos para los alimentos de la canasta básica”.

Para Roberto Alejandro Sánchez Rodríguez, profesor e investigador del Colegio de la Frontera Norte, el cambio climático afecta de manera importante las oportunidades de desarrollo y de bienestar social, ya que cada vez que hay un desastre o problemas asociados a los extremos climáticos se tienen impactos económicos, sociales y ambientales, “que en conjunto afectan las oportunidades de desarrollo, por ello, es muy importante que México tome conciencia sobre ello… y la respuesta es adaptarse al cambio climático en términos de seguridad, tanto nacional como social”.

En cuanto a los retos para la agricultura, dijo, no se trata sólo de quedarse sin agua, sino, por un lado, identificar cuáles son los cultivos que están siendo muy afectados por el cambio climático y en qué zonas, por lo tanto no será rentable la siembra. Por el otro lado, “deberíamos tener una doble visión de los cultivos que realmente seguirán siendo rentables, no únicamente en lo comercial, sino también socialmente, porque van a utilizar agua, que se trata de un recurso cada vez más escaso”.

El también autor líder del capítulo 15 sobre la planeación e implementación de la adaptación al cambio climático en el Grupo de Trabajo II del quinto reporte del IPCC, resaltó que en el país siguen cultivándose forrajes, como alfalfa, que no tienen que ver con la seguridad alimentaria humana, en cambio sí demanda un alto consumo de agua y pone a competir a otros cultivos que son destinados a la alimentación. “Eso es tan sólo una parte de los retos que debemos enfrentar, porque la agricultura en México es extremadamente importante, principalmente en términos de seguridad alimentaria, y requiere una visión diferente de cómo hasta ahora hemos manejado la producción agrícola”.

Los eventos climáticos extremos como inundaciones, heladas y olas de calor representan un peligro latente para la producción del campo, pero en el caso de la agricultura de temporal, es la sequía la que disminuye drásticamente la producción, pues depende de la distribución de la lluvia a lo largo del año, cuya consecuencia es no poder satisfacer la demanda, de ahí que se recurra a la importación y haya precios altos, lo cual en conjunto tiene un gran impacto en el bienestar social, de acuerdo con Guillermo Murray Tortarolo, profesor e investigador del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas de la UNAM.

Consideró que México es un mosaico de vulnerabilidades frente a los cambios del clima y las condiciones socioeconómicas diferenciadas. Puso como ejemplo la investigación que ha venido realizado en los últimos años sobre el maíz blanco. Se trata de un cultivo de temporal y a futuro calculó que habrá pérdidas nacionales de hasta 10%, mientras que a escala regional pueden ser de 30%, particularmente en la zona centro, “porque ahí tenemos una fuerte producción de pequeños agricultores que no cuentan con los apoyos suficientes”.

Respecto al desarrollo agrícola, Ramón Aguirre Díaz, exdirector general del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX), destacó que de las siete millones de hectáreas de riego que tiene el país, seis millones se cultivan, pero sólo cinco millones tienen cosecha, debido, justo, a problemas relacionados con la inestabilidad del clima.

Y eso no ha cambiado desde la década de los años setenta del siglo pasado, cuando el país tenía poco más de 50 millones de habitantes, “y ahora esas seis millones de hectáreas dan de comer a casi 129 millones de mexicanos”, pero será necesario incorporar un millón de hectáreas más de riego para poder alimentar a una población que crece.

Mientras eso sucede, indicó que las seis millones de hectáreas de riego deben tecnificarse y ser eficientes en el manejo del agua, es decir, evitar el desperdicio.

En ese punto coincidió Ramos Valdés, pues el reto a corto plazo es invertir e implementar sistemas tecnificados en riego, goteo, presurizados, entubados, en algunos casos revestimiento de los canales y agricultura de superficies cubiertas, “hay capacidad en el país, pero faltan los recursos al campo, los grandes empresarios agrícolas son los que avanzan más, pero un agricultor pequeño difícilmente puede tecnificar si no tiene apoyos”.

Se requieren inversiones fuertes, añadió, porque es la mejor manera de usar el agua para atender la demanda de alimentos, “hay que aumentar la productividad por unidad de tierra, aumentar la superficie cultivada y tecnificar y lograr así una mayor productividad con menor uso de agua… Aun en los propios distritos de riego chico y de riego grande las condiciones de cada unidad de riego son diferentes, entonces, hay que hacer un estudio como traje a la medida, ver las formas de inversión, de apoyos a los diferentes productores del campo. Sabemos que el gobierno federal tiene escasos recursos, por lo que requiere de la inversión privada”.

Los apoyos del gobierno federal junto con la participación de la iniciativa privada son fundamentales, “por ejemplo, tecnificar con riesgos presurizados o superficies cubiertas se requiere una inversión del orden de 150 mil o 200 mil pesos por hectárea, obvio, esos recursos un pequeño productor o ejidatario no los tiene, ahí es donde el gobierno debe apoyar al productor”.

En materia de agua, Aguirre Díaz señaló que el país requiere de una inversión sostenida de alrededor de 110 mil millones de pesos al año y de esos recursos, 30 mil millones de pesos se necesitan para infraestructura agrícola, pero el gran problema es que se invierte casi nada y cada vez hay más recortes al presupuesto.

“La recomendación tanto de la ONU, como Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo, de acuerdo con los indicadores que manejan para países como México, es invertir en agua y saneamiento 0.3% del Producto Interno Bruto (PIB), pero el país destina solamente el 0.03%, así no se resuelve el problema del agua”.

En México, explicó, se depende en mayor medida de las presas —que almacenan más del 90% del volumen total de agua— para uso humano, para los distritos de riego agrícola y para la generación de energía eléctrica. También hay acuíferos, pero muchos están sobreexplotados y los cuerpos de agua superficiales, como ríos, lagos y lagunas enfrentan diversas problemáticas, como contaminación. Pero el mayor problema es “que no se tiene claro que la solución requiere inversiones sostenidas de largo plazo”.

Sánchez Rodríguez, del Colef, consideró que gran parte de la infraestructura ha cumplido con su vida útil y debe ser visto como una oportunidad para reconstruir, pero tener conciencia de que los parámetros de diseño deben estar adecuados a las nuevas condiciones climáticas.

El país necesita planeación integral de la agricultura y el insumo más importante seguirá siendo el agua, por lo cual, aseguraron los especialistas, es urgente un manejo sustentable de las cuencas y para ello, hay que reforestar, porque la fábrica del agua está en las zonas montañosas, donde llueve más.

Tanto la deforestación y como el cambio climático erosionan los suelos y disminuye la capacidad de los volúmenes de agua que se requiere para los diferentes usos.

Pero los ámbitos político, económico y social no van a la par de la velocidad del cambio climático, y mientras no se acelere el ritmo en la mitigación y adaptación, los impactos en la seguridad alimentaria serán severos, indicaron los especialistas.

Desventaja

Los grandes empresarios agrícolas del país son los que avanzan más, pero un agricultor pequeño difícilmente puede tecnificar si no tiene apoyos, señalan especialistas.