Tecomatlán

**El charco mugriento que yo visité en 1979 se conoce ahora como la Atenas de la Mixteca. También es un polo de atracción turística. El milagro lo produjo Antorcha Campesina.


Tecomatlán

La Crónica de Chihuahua
Diciembre de 2018, 21:00 pm

Por Raúl Pérez Carrillo

En 1979, Ramiro, Moisés y yo visitamos Tecomatlán. Los tres éramos integrantes de una comitiva estudiantil que llevó la voz de Jalisco hasta la sierra. Concretamente, a la baja mixteca poblana. Dos de nosotros habíamos nacido en poblados muy pequeños. Simples delegaciones olvidadas. Ramiro era de Contla y yo de Santa Cruz de las flores. Moisés era de la Experiencia, el barrio textil y futbolero. Contla forma parte de Tamazula, municipio que le dio a México personas importantes. De ahí son Juan y David, los hermanos Záizar. El primero de ellos fue un compositor de primera y un intérprete de segunda. David fue una de las mejores voces para la ejecución del falsete. De ahí es también uno de los líderes cañeros más importantes del país. José María Martínez. En su momento, Chema fue una figura relevante en la política mexicana. Falleció en Texas y su cadáver regresó a México en el avión presidencial. Santa Cruz de las Flores pertenece a San Martín Hidalgo. De mi pueblito era Modesto Navarro. Un acaparador de maíz y destacado productor de carbón vegetal en el estado. Llegó a surtir todas las carbonerías de Guadalajara. En sus épocas de mayor riqueza, el antiguo arriero era visitado por diputados y gobernadores. Modesto fue mi padrino de bautismo.

Los pueblos donde nacimos Ramiro y yo, eran pequeños. Puede decirse que eran pobres. Pero no se comparaban para nada con Tecomatlán. El municipio indígena sí era miserable. Se encontraba hundido en el olvido, el atraso, la ignorancia y el abuso caciquil. Tecomatlán no contribuyó con grandes artistas, líderes sindicales de renombre ni productores de algo a gran escala. Futbolistas de cartel, menos. Pero aportó algo distinto para México. Ahí surgió una organización social poderosa y articulada. Antorcha Campesina. Poco después de que se fundara, una planilla antorchista contendió por la presidencia municipal con el distintivo del PRI. Desde ese día, hasta hoy, ningún grupo opositor le ha arrebatado la alcaldía. Y vaya que sus enemigos intentaron acabar con los antorchistas por todos los medios. Lo hicieron con algo más que con boletas electorales. Con balazos, atropellamientos, emboscadas y homicidios.

En junio de 1997, visité Tecomatlán por segunda vez. Acudí como invitado a distintos eventos políticos y culturales. Antorcha honraba la memoria de sus mártires. Saludé a Aquiles Córdova. Le regalé un ejemplar de mi pequeño libro sobre la nota roja. Me felicitó por los avances que ese trabajo tenía respecto a la revista Senderos Literarios. Me encontré con conocidos de la antigua lucha bolchevique del centro del país. Maricela Serrano y Rosa María Dávila, dos de mis antiguas compañeras, me saludaron con entusiasmo y amabilidad. Algunos integrantes de la dirección nacional se dieron la vuelta y pretendieron ignorarme. Los miré a la cara y los obligué a que me saludaran de mano. El que de plano le sacó al bulto fue Zamorano. El chofer de la aventura difusora que Víctor y yo realizamos en Culiacán se hizo el desentendido. No se acordaba ni de la Gallina. Lo importante del caso es que Tecomatlán había cambiado. Estaba irreconocible para mí. El lomerío polvoso, testigo del baño forzado para Moisés el Guajolote, era una joya resplandeciente. Moderna, limpia y ordenada.

Tecomatlán nunca fue importante para la historia de Puebla. Tan es así que la sede distrital es Acatlán de Osorio, mientras que la referencia de zona económica es Izúcar de Matamoros. Pero la omisión en los mapas no impidió que el pueblito de la sierra cambiara en menos de veinte años. Se sacudió la tiranía caciquil, se levantó del lodo, dejó atrás la mugre y el abandono. Ya no hay basura ni perros hambrientos en las calles. Tiene auditorio y plaza de lujo. Cuenta con pista de maratón y canchas para todos los deportes. Es sede de jornadas culturales de todo tipo. En Tecomatlán se llevan a cabo las espartaqueadas, el mayor encuentro deportivo amateur no gubernamental del país. Hay un balneario, hoteles, restaurantes y hospitales. Hospeda cerca de cinco mil estudiantes foráneos, el equivalente a su población nativa promedio. Tiene planteles escolares, del kínder a la maestría. Sus habitantes cuidan el entorno. Por todo eso, Tecomatlán fue seleccionada en Barcelona como una de las 25 ciudades con mejor calidad de vida en el mundo.

El charco mugriento que yo visité en 1979 se conoce ahora como la Atenas de la Mixteca. También es un polo de atracción turística. El milagro lo produjo Antorcha Campesina.

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