Sobre los fascinantes hallazgos de La Mina de ocre

**Es maravilloso pensar en dos mil años de experiencia minera acumulada en los cerebros de esos paleoindios, como son llamados aquellos antiguos pobladores por la Arqueología moderna.


Sobre los fascinantes hallazgos de La Mina de ocre

La Crónica de Chihuahua
7 de julio, 07:10 am

Por Luis Miguel López Alanís

Siempre será fascinante para la humanidad determinar la relación concreta que en su pasado más remoto hayan tenido las fuerzas productivas y las relaciones de producción. La determinación de estos conceptos y de dicha relación, de su movimiento contradictorio, ha sido uno de los más grandes avances del pensamiento en su lucha por explicar el proceso del desarrollo social en aras de proporcionar a los más humildes del planeta las herramientas teóricas para su liberación definitiva. La comprensión del origen de esta contradicción social, de sus múltiples formas de manifestación, de su necesaria continuidad al presente y su proyección al futuro, dota al pensamiento de armas inmejorables que capacitarán masivamente a la humanidad para crear condiciones sociales que hagan imposible la explotación, la enajenación y la pobreza.

En este proceso de comprensión de nuestro pasado, ha surgido el hallazgo maravilloso de unas minas de ocre de 12 mil años de antigüedad en cuevas inundadas por el mar en la península de Yucatán, en el Estado de Quintana Roo, cerca de Tulúm. Se trata de un sistema cavernoso llamado Sagitario, de varios kilómetros de largo que el mar inundó hace 8 mil años, cuando su nivel subió decenas de metros, luego de la última gran glaciación, según registra la ciencia espeleológica; Sagitario es un sistema subacuático hoy distante un promedio de un kilómetro de las playas del Caribe y a unos 40 metros bajo el nivel del mar actual, pero cuyas cavernas secas llegaron a estar varios metros por sobre él a fines del Pleistoceno y principios del Holoceno, es decir hace entre unos 12 mil a 8 mil años.

Este sistema de cavernas inundadas fue descubierto en 2017 y desde entonces investigado, dedicándole cientos de horas a bucear por sus profundidades con potentes lámparas para hacer el mapeo, cuando, repentinamente, los buzos hallaron, en la parte de Sagitario que llamaron La Mina, indicios que los milenos de aislamiento conservaron intactos y que indicaron una fuerte actividad minera para extraer polvo de ocre, un mineral de intenso color rojo que fue utilizado en el pasado (y aún hoy) de múltiples maneras decorativas, religiosas y hasta curativas. Este hallazgo fue dado a conocer el día 3 del presente mes simultáneamente por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y por la revista Science Advances, y es resultado del esfuerzo de intrépidos investigadores gracias a cuya valentía, arrojo y constancia buceando durante años en esas oscuras cavernosidades tenemos algo de luz sobre los hombres de hace 12 mil años; son descubrimientos inauditos que nos permiten vislumbrar de una manera más concreta un mundo en el que no pensábamos.

Brandi L. MacDonald, James C. Chatters, Eduard G. Reinhardt, Fred Devos, Sam Meacham y otros, son los autores del artículo “Paleoindian ochre mines in the submerged caves of the Yucatán Peninsula, Quintana Roo, Mexico” (Minas de ocre paleoindias en las cuevas sumergidas de Quintana Roo, en la península de Yucatán), publicado el reciente 3 de julio en la revista Science Advances (https://advances.sciencemag.org/content/6/27/eaba1219) del que resalto lo que sigue: dicen los autores que sus estudios de una amplia zona de cavernas de esa región les permite demostrar que la minería y prospección subterránea del ocre no estaba limitada a un solo lugar y que pudo haber sido una actividad a escala regional que fue mantenida durante múltiples generaciones. En abono de esta afirmación, añaden que existen datos e indicios suficientes para afirmar que en tres áreas de La Mina hay tres periodos de minería que van, de 11,400 años a 10,700 años, el primero; de entre 12,000 y 11,300 años otro y el tercero de entre 10,400 a 10,100 años, lo que configura un periodo general de explotación de unos 2,000 años, datos con base en estudios con Carbono 14, tomado de los restos de fogatas allí encontradas. Afirman que estimar la cantidad de ocre removido de las cuevas es complicado por las muchas irregularidades que la mina tiene, pero que es una cantidad “considerable”. En tanto que en el video “La Mina El Descubrimiento” (https://actualidad.rt.com/…/358757-descubren-yucatan-mina-o…), publicado por el INAH, Meacham y Devos, los descubridores de La Mina, aseveran que la gran cantidad de material removido es de “toneladas y toneladas” y da muestra de un “trabajo increíble”, realizado en condiciones extremadamente difíciles. La evidencia con que se cuenta indica que aquellos mineros se adentraban en la oscuridad de las cuevas hasta a 650 metros de la entrada, acompañados sólo de algún tipo de antorchas.

Luego de esos dos milenios de actividad, las minas fueron abandonadas. De ello los investigadores no dejan duda al mostrar cómo sobre los restos de estalactitas y estalagmitas rotas y usadas como martillos, sobre una enorme cantidad de rocas fracturadas llamadas espeleotemas, sobre fosos y excavaciones hechas por los ancestrales mineros, sobre multitud de restos de sus fogatas y sus marcas para no perderse, se formaron nuevas estalagmitas y espeleotemas que tuvieron tiempo de consolidarse durante cerca de dos mil años antes de que el mar las inundara. No hay indicios que indiquen o den alguna idea de la razón del abandono.

Es maravilloso pensar en dos mil años de experiencia minera acumulada en los cerebros de esos paleoindios, como son llamados aquellos antiguos pobladores por la Arqueología moderna. Una conclusión básica es que hubo una especialización social concreta durante milenios en esa época tan lejana: un tipo de minería incipiente, sí, pero grandiosa. Esa especialización era imposible sin la transmisión de experiencia de viejos mineros a jóvenes y niños, de conocimiento de los minerales, del comportamiento del ocre entre las paredes rocosas y de las rocas para martillar, de las características del fuego que ardería en el interior de la mina, conocimiento de las capacidades físicas humanas, etc. ¡Dos mil años sacando ocre de las cuevas! ¿Cómo incidió todo ese caudal enorme de experiencia humana milenaria en su lenguaje, cómo en su pensamiento y conducta, cómo en sus creencias? Esto es, sin duda, un momento concreto muy importante en el origen del desarrollo de las fuerzas productivas en nuestra patria, el mejor al momento por su antigüedad y por su escala, por sus dimensiones enormes, ante el que palidecen los hallazgos continentales de herramientas contemporáneas a La Mina, relativamente aisladas y en pequeña escala. Y ese desarrollo fue realizado por grupos humanos que ni siquiera pueden ser considerados protomayas, porque están demasiado lejos en el tiempo, ¡seis milenios antes de los mayas! y al que nos hemos acercado a conocer gracias a estas minas y al descubrimiento en 2007, en una cueva vecina llamada Hoyo Negro, de los restos sumergidos de una mujer que murió en un accidente al caer y romperse la pelvis hace unos 12,900 años a la que se nombró Naia, una joven madre de apenas 15 años de edad y que muy probablemente perteneció a la comunidad de mineros.

Otra conclusión básica es que tantas toneladas de ocre no debían ser para consumo propio de la comunidad de mineros, sino para intercambio y entonces nos hallamos frente a un dato innegable de desarrollo de una actividad productiva a una escala que sólo se me ocurre medir en milenios y que implica además una actividad comercial concomitante, desarrollada, como decimos hoy, “a nivel de huarache”, pero actividad comercial al fin. Es inevitable preguntarse para qué querrían hace 12, 11 o 10 mil años tantas toneladas de ocre, y muchas más interrogantes surgen: el sistema de distribución que implica, y entonces, necesariamente tenía que existir también una estructura social dedicada, aunque fuera parcialmente, a la distribución; ¿hasta dónde y cómo lo exportaban?, ¿y las características de la demanda de ese mineral?, ¿y qué recibían a cambio?, ¿en qué proporciones? Una explotación tan intensa del mineral, tanto material removido como reportan los científicos implica un sistema de trabajo organizado difícil de concebir sin una estructura bien definida de mandos jerárquicamente distribuidos, ¡a finales del pleistoceno! Además, esa estructura debió haber requerido de soportes materiales para poder sostenerse durante tanto tiempo, incluso aunque el ocre fuera destinado sólo a satisfacer una demanda religiosa (ninguna estructura social se sostiene sólo por obra de oraciones, conjuros o hechizos). No hay datos por el momento acerca de tales soportes materiales, pero La Mina implica su existencia, de alguna manera que no sabemos, pero aquella jerarquía de mineros se sostuvo. El lapso de tiempo en que estuvo activa la mina muestra un grado de estabilidad social tal que les permitió a aquellos «paleomineros» durante dos milenios su explotación continua y masiva. Y otra cosa muy posible: Naia recorrería casi un milenio más hacia atrás, hacia el pasado, dicho lapso.

Aún es temprano para que la investigación de esos gigantes de la Ciencia moderna nos arroje datos acerca de la evolución de los instrumentos primitivos usados en esa mina, si es que las condiciones de sus restos lo permiten. Por el momento, solo hacen referencias a rocas para martillar, romper y fracturar otras como las estalactitas, estalagmitas y espeleotemas; es decir, no se avista un marcado desarrollo tecnológico, al menos aún, y de ser cierto esto, quizá eso explicaría o ayudaría a explicar la relativa estabilidad atrás señalada, lo cual significa lento desarrollo social asociado a un lento desarrollo de las fuerzas productivas en La Mina

Acerca de las condiciones en que trabajaron los paleoindios en esas minas, acerca de las relaciones entre los productores no hay tampoco indicios. Pero mientras no haya otros descubrimientos, sí podemos determinar por cierta una relación entre los trabajadores y sus instrumentos: no había relación de propiedad, dado que las piedras usadas para fracturar y martillar eran abandonadas allí mismo luego de obtener el producto, como lo muestran los buzos; en las condiciones de la mina no tenía ningún caso dicha relación de apropiación: no podía existir; lo que se ve es un auténtico tiradero por todos lados, como diríamos hoy. Tal vez se le encuentre una lógica, pero por lo pronto se ve una explotación poco planificada y mucho menos programada. No podemos decir lo mismo ni de la mina en sí ni del producto del trabajo, el ocre. No hay datos para afirmar nada, ni afirmar ni negar si algunos individuos se apropiaban del mismo ni si reclamaban a la mina como propia. Sin embargo, tomando como base la ausencia de propiedad de los instrumentos de trabajo, y el nivel general de desarrollo de fines del paleolítico, es más probable que existiera un sentimiento de apropiación comunal de la mina, lo mismo que del ocre y que los beneficios de su posible comercio también lo fueran.

Finalmente, no hay tampoco nada que indique si la comunidad de mineros vivió a un lado de las minas, si fue una población nómada y sólo estacionalmente entraba a las cuevas, si fue seminómada. Por la constancia y larga duración de la explotación tiendo a pensar que algún tipo de asentamiento fijo pudo haber habido, pero tampoco al respecto hay algo que lo pudiera corroborar. Caben varias posibilidades y dejaré a la iniciativa de los jóvenes marxistas analizar este acontecimiento de la historia de la humanidad, precisamente desde su superior punto de vista y espíritu de investigación para resolver todas estas dudas quizá mal planteadas y mejorar la concepción del pasado, para caminar con claridad en la senda del progreso.

Estoy seguro que ellos nos conducirán, con ellos se llegará el momento en que el desarrollo de las fuerzas productivas ya no sea un movimiento inconsciente —como el crecimiento de un vegetal o como el tiradero caótico de rocas de La Mina, y como ha ocurrido hasta ahora, en que la inmensa mayoría de los trabajadores considera al trabajo como su cadena de esclavitud, no como la realización de su propio ser—. Una época de luz inacabable, de desarrollo como jamás imaginaremos los que hoy existimos, espera a la humanidad al desarrollarse nuestras fuerzas productivas con su elemento fundamental, el hombre, como un ser con conciencia de su propio movimiento, con conciencia de sus más remotos orígenes, con “hambre de súper luz en lo perfecto” y con ansia de conquistar las estrellas. Es mi deseo que este fabuloso hallazgo nos lleve a reflexionar sobre las tareas que nos marca la realidad.

Hermosillo, Sonora, a 6 de julio de 2020

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