¿Quiénes bailan en los grupos culturales de Antorcha?

**¿Renunciar a tales propósitos sólo porque se nos acusa sin pruebas? ¡Jamás! Si eso es lo que se pretende sépase que no lo haremos nunca. Al contrario, no sólo bailaremos más: declamaremos más, cantaremos más, estudiaremos más, llevaremos más allá nuestra labor educadora y organizadora del pueblo pobre de México.


¿Quiénes bailan en los grupos culturales de Antorcha?

La Crónica de Chihuahua
22 de octubre, 09:32 am

Por Luis Miguel López Alanís

La pregunta, estimado lector, no la ha hecho nadie en particular, pero sí se ha visto reflejada en los admirados ojos de los espectadores, entre ellos políticos y funcionarios, algunos de los cuales difícilmente disimulan su incredulidad ante los altos niveles artísticos que alcanzan dichos grupos. La respuesta es sencilla, como tantas que da la honradez: los grupos de baile de Antorcha están compuestos por personas de los más bajos niveles sociales, hijos de proletarios o campesinos y, muy rara vez, hijos de empleados con salarios un poco mejores. De aquí se desprende, como usted comprenderá, que no tengan ningún presupuesto oficial asignado ni alguna contribución del capital privado, pues es bien conocido el abandono general en que se encuentran la promoción y el apoyo al arte para las masas. Eppur si muove. A estas alturas ya son centenares de grupos de baile y danza que han sido creados y sostenidos por el Movimiento Antorchista Nacional durante décadas, ¡décadas, sí! Se trata de un extraordinario fenómeno cultural que algún día deberá ser estudiado por la ciencia social, parecido a una mitosis celular que reproduce su material genético de manera continua e imparable, en regeneración continua. Y ello quiere decir que han dejado su influencia benéfica en cientos de miles de ciudadanos que los han visto, que han estado bajo su influjo como espectadores: estamos hablando de miles de presentaciones en escenarios a nivel de calle. No se podría negar a estas alturas el importante papel en el desarrollo cultural de México que han tenido los grupos culturales antorchistas. Y existen gracias a su lucha, a la de sus maestros, la de los líderes antorchistas y de los grupos populares organizados sin los cuales no podrían funcionar; en otras palabras, son producto de la lucha social proletaria y campesina. La intensa actividad cultural desarrollada por Antorcha contradice absolutamente la mentira de que es “intermediaria”, pues ¿qué intermediario expresa también y tan bien los intereses culturales de su cliente?

Nada está más lejos de los antorchistas que reclamar el privilegio de ser los únicos representantes del baile y la danza populares, para nada: la riqueza cultural del pueblo es infinita y siempre encontrará sus propias formas de expresarse. Pero lo que nadie puede negar es que, mientras no exista otra organización popular arraigada en el pueblo más pobre y que tenga la intención de defender sus intereses y expresiones culturales, Antorcha seguirá siendo el cauce natural principal en que el pueblo organizado de México exprese sus sentimientos culturales. Es un cauce que el pueblo mismo ha labrado en la roca de oropel del oscurantismo capitalista. Antorcha se está convirtiendo, por esfuerzo propio, en la forma natural de ser cultural del pueblo organizado de México (organizado, insisto). Esta forma natural de existencia cultural tampoco puede ser considerada “intermediaria”, pues, por el origen de clase de los bailarines, es el pueblo mismo quien baila sus propias creaciones, quien las redescubre, las reinventa y preserva. Es sencillamente imposible imaginar que el ser cultural de todo un pueblo se exprese a través de mercaderes y usureros. Es un imposible como pedir a otro ser que ame a un tercero a nombre del primero. Algo tan etéreo como un baile tradicional, interpretado por hijos del pueblo, es un formidable desmentido al señor López Obrador, que con su sola acusación los ha manchado y señalado públicamente como delincuentes. Si así es con un solo baile, ahora tenga usted en cuenta los miles de bailes tradicionales presentados por esos jóvenes: ¿se puede considerar a esa realidad objetiva cultural como “intermediaria”? ¿Es aceptable torcer así la realidad?

Hay, además otro factor que tomar en cuenta: estas expresiones culturales no son manipuladoras, no prostituyen a los bailarines, ni sirven para amaestrarlos, ni los convierten en sumisos y dóciles ante los poderosos, como pretende la cultura oficial. Todo lo contrario, cuando los jóvenes proletarios y campesinos aprenden a expresar bien el arte de su pueblo, se someten a un proceso educativo y formativo sin igual, que tiene como propósito mejorarlos como seres humanos, hacerlos que aspiren a mejores niveles de vida, a mejores niveles intelectuales y espirituales: la disciplina, el pensar el baile como un todo con sus partes, la conceptualización de la coreografía, su tránsito de la abstracción a su realización, el afinar el paso, la persistencia para lograrlo, la coordinación del propio cuerpo y la del colectivo, la búsqueda indómita de la perfección expresiva propia y general, todo ello no puede sino tener como resultado un hombre diferente, con una sensibilidad solidaria que no cabe en esta sociedad opresora: un espíritu libertario que repudia la podredumbre ideológica de este sistema, esa que inutiliza la capacidad creadora del ser humano. ¿No es eso lo que requiere México? ¿Qué organización delincuencial o intermediario sin escrúpulos busca esos altos propósitos humanistas? Por donde quiera que se le vea la acusación es insostenible.

¿Renunciar a tales propósitos sólo porque se nos acusa sin pruebas? ¡Jamás! Si eso es lo que se pretende sépase que no lo haremos nunca. Al contrario, no sólo bailaremos más: declamaremos más, cantaremos más, estudiaremos más, llevaremos más allá nuestra labor educadora y organizadora del pueblo pobre de México. Ya de por sí Antorcha declama como nadie a poetas mundiales, ya de por sí promueve la buena música mundial al construir orquestas que la interpretan, ya de por sí lee a Cervantes como nadie en reuniones populares y promueve entre sus agremiados la literatura universal, ya de por sí nuestra Organización hacía tres años se había propuesto sensibilizarnos más, ahora con ayuda de las expresiones culturales internacionales como el baile: pues ahora en esas estamos. Nuestros batallones culturales se aprestan a dar otra batida a la ignorancia enemiga y a su hermana la intolerancia entre los pueblos: se avecina el III Concurso de Folclor Internacional del Movimiento Antorchista Nacional, ahora “las exquisiteces del arte de otros pueblos forman el manjar”, como dijo la arquitecta Gloria Brito, y será en Oaxaca de Juárez, el próximo 27 de octubre, que, aunque no lo buscamos, será un gran mentís.


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