Por qué a los primeros cristianos no les gustaba la imagen de Jesús crucificado

**A los seguidores de los primeros siglos de la religión les avergonzaba una imagen que les recordaba la muerte atroz que los romanos infligían a los grandes criminales.


Por qué a los primeros cristianos no les gustaba la imagen de Jesús crucificado

La Crónica de Chihuahua
31 de marzo, 12:38 pm

La imagen de Jesús crucificado solo empezó a ser venerada siglos después de la muerte de este y fue el Concilio de Nicea, en el año 325 después de Cristo, el que autorizó oficialmente la imagen del crucifijo tal como la usamos hoy. A los seguidores de los primeros siglos del cristianismo les avergonzaba una imagen que les recordaba la muerte atroz que los romanos infligían a los grandes criminales.

Desde que Paolo de Tarso dijera: «Si Cristo no resucitó, vana es nuestra esperanza» (1 Corintios, 15), a los cristianos les interesaba el Jesús resucitado, no el sacrificado en un madero, como un asesino más. De ahí que en los primeros siglos del cristianismo no existieran pinturas ni esculturas de Jesús crucificado, solo un Cristo glorioso.

En las catacumbas romanas, tanto en las de Santa Priscila como en las de San Calixto, donde se escondían los cristianos para huir de la persecución romana, no existen pinturas de Jesús en la cruz. El líder de los cristianos aparece en la imagen del Buen Pastor, celebrando la Última Cena con los apóstoles o como niño en brazos de su madre. Nunca muerto.

Recuerdo que en el Instituto Bíblico de Roma nuestro profesor de idioma ugarítico, el jesuita Follet, nos explicaba esa ausencia de la imagen de Jesús crucificado entre los primeros cristianos: «Si vuestro padre hubiese sido condenado a la silla eléctrica o a la guillotina, seguro que, por más inocente que hubiera sido, no llevaríais en el cuello una efigie de esos instrumentos de muerte», nos decía. Y añadía: «Nadie conserva fotos de sus familiares o amigos muertos, sino vivos y felices». Eso es lo que les ocurría a los cristianos, preferían recordar a Jesús en vida o glorificado después de su muerte.

Curiosamente, fue un emperador romano, el pagano Constantino el Grande, quien introdujo la representación de la cruz, pero sin el cuerpo de Jesús. Fue cuando se convirtió al cristianismo, tras haber tenido un sueño antes de la batalla contra Majencio en el que vio una cruz y oyó una voz que decía: «Con este signo vencerás». El Imperio romano empezaba a debilitarse y el emperador percibió la fuerza de la secta de los cristianos que se dejaban matar antes que adorar a sus dioses paganos. Constantino quiso ganarse a aquella gente y de perseguido el cristianismo pasó a ser la religión oficial. El emperador ganó la batalla y sacralizó el signo de la cruz, que fue aceptado como símbolo cristiano por el Concilio de Nicea en 325 d. C.

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