Nuevas casas del estudiante «Espartaco»

Por Omar Carreón Abud


Nuevas casas del estudiante «Espartaco»

La Crónica de Chihuahua
23 de marzo, 22:00 pm

(El autor es ingeniero Agrónomo y luchador social en el estado de Michoacán. Articulista , conferencista y autor del libro: Reivindicar la verdad.)

El pasado martes 20 de marzo, estuve presente en un acto que organizaron los moradores de las Casas del Estudiante «Espartaco» de la ciudad de Morelia y Uruapan, estudiantes que pertenecen a la Federación Nacional de Estudiantes «Rafael Ramírez» (FNERRR). El motivo del evento fue la remodelación de dos de los inmuebles que ocupan los jóvenes desde hace muchos años, más particularmente, las casas que ocupa el sector femenil en las calles de Galeana y Allende en el Centro histórico de la ciudad de Morelia.

Los inmuebles, como muchos otros del centro de la ciudad, presentaban ya un grave deterioro que hacía muy difícil su ocupación, por tanto, los seis Diputados federales que pertenecen al Movimiento Antorchista, se dieron a la tarea de pelear recursos para la reconstrucción de estos inmuebles. Así, con mucho trabajo, con insistencia y paciencia, se logró que se asignaran 20.5 millones de pesos para hacer más cómoda y llevadera la vida estudiantil de las muchachas. La obra fue espléndida, la transformación asombrosa, se contribuyó al rescate de una parte del Patrimonio de la Humanidad que está en Morelia y se logró una vida más digna y más feliz para poco más de 200 jovencitas estudiantes.

Había, pues, motivos para celebrar públicamente. Se concentraron varios cientos de estudiantes del estado y de fuera del estado y, también, varios cientos de colonos y campesinos miembros del Movimiento Antorchista hasta hacer casi tres mil asistentes. En ese evento hice uso de la palabra y hoy comparto con mis lectores una síntesis de lo que ahí dije:

Antes de cumplir con mi obligación de agradecer la asistencia de las importantes personalidades que nos acompañan el día de hoy, creo necesario dar mi versión acerca de mi presencia y la de varios cientos de antorchistas en este acto. Una breve exposición de causas y razones, no sólo no saldrá sobrando, sino que será de gran ayuda para sentar premisas y estar en posibilidades de exponer algunas ideas que quisiera compartir con ustedes.

Como bien se sabe, el Movimiento Antorchista recoge las necesidades más apremiantes de los miembros de sus grupos organizados y busca la manera de solucionarlas. El próximo mes de junio se cumplirán 38 años de que un pequeño grupo de campesinos que aspiraba a enviar a sus hijos a la universidad y que no tenía recursos para pagarles una casa de asistencia o rentarles un cuarto, solicitó el apoyo de la organización para que se fundara un albergue estudiantil en la ciudad de Morelia que sirviera para resolver este sentido problema. Omito los detalles para no alargar mi intervención, pero afirmo categóricamente que, respondiendo a esa petición, en el mes de septiembre de 1980, las Casas del Estudiante «Espartaco» fueron creadas por el Movimiento Antorchista Nacional.

Los dirigentes de los antorchistas eran en aquel entonces los compañeros Wenceslao Victoria Soto y Jesús Valencia Mercado. Wences ya forma parte de los antorchistas inmortales, Jesús Valencia, el amigo antiguo y bueno, todavía lucha con nosotros y está presente en este acto. Desde el principio, los antorchistas se sintieron hondamente responsables de garantizar que las Casas del Estudiante sirvieran efectivamente para la educación de los hijos de familias necesitadas, nunca les pasó por la cabeza generar una iniciativa tan urgente y noble para luego dejarla abandonada. Es así como durante todos estos años en los que el pequeño grupo original se multiplicó por muchos miles, con una entrega poco común y con una constancia ejemplar, una organización social de gente trabajadora, ha desplegado a toda hora su manto protector sobre las Casas del Estudiante «Espartaco». Y lo seguirá haciendo mientras exista.

Eso explica nuestra relación profunda e indestructible. Eso explica mi presencia aquí en esta tarde. Nunca hemos tenido con los miles de moradores que han pasado por estas Casas una relación de dominio y subordinación, siempre ha sido de camaradería y colaboración estrecha; nunca hemos fomentado la sumisión, siempre el espíritu crítico y las ideas y la práctica de la liberación de los oprimidos. Subo pues aquí, y hago uso de la palabra, como el representante del importante grupo social que generó la iniciativa, que la acompaña, la cuida y la agranda y que, junto con los jóvenes moradores y la Federación Nacional de Estudiantes «Rafael Ramírez», organización a la que pertenecen, se hace responsable de sus resultados.

¿Cómo no habríamos de hacer acto de presencia esta tarde? ¿Cómo dejar de subrayar que ha sido precisamente la fuerza, la capacidad de gestoría y de solución del Movimiento Antorchista Nacional la que ha hecho realidad la asombrosa renovación de viejos inmuebles gravemente deteriorados? ¿Cómo dejar de decir que esa fuerza social se manifestó a través de seis laboriosos diputados antorchistas, que dieron la pelea para que 21 millones y medio de pesos llegaran a hacer posible que otras 15 o 20 generaciones de estudiantes pudieran vivir en estas casas y terminar su carrera?

Hablar de las Casas del Estudiante, es hablar de la educación popular, de la educación superior pública y gratuita. En ese sentido, es indispensable ahora reconocer el importante respaldo del señor Gobernador Silvano Aureoles Conejo para que estas casas existan y prosperen. Los inmuebles que ocupan, por ejemplo, son propiedad del gobierno del estado. No me queda duda de que, una actitud hostil por parte del gobierno, les haría la vida muy difícil, tanto a los jóvenes, como a los antorchistas.

Sería también una grave omisión y hasta un despropósito, ignorar aquí el día de hoy, la actitud de la centenaria Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo que, pese a todo, sigue siendo todavía, una de las pocas que se atreve a sostener albergues para estudiantes de bajos recursos económicos. Vaya, pues, un saludo y un reconocimiento al señor Rector Medardo Serna y, en particular al Licenciado Dolores Govea -aquí presente- quien, leal a la universidad, hace el trabajo de tratar todos los días con los jóvenes de una manera paciente y eficaz.

En Antorcha estamos absolutamente convencidos de que las Casas del Estudiante no deben seguir siendo vistas ni como un error ni como una carga molesta de la universidad. Por el contrario, deben incorporarse de pleno derecho a la forma de ser y existir de una universidad con la trayectoria de lucha y compromiso social que tiene la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Si damos por buenos los datos oficiales que se han publicado acerca del subsidio que se les destina a todas las casas (no sólo a las «Espartaco»), su gasto por estudiante beneficiado ascendería a 65 pesos con 75 centavos diarios, a 21 pesos con 91 centavos por comida, una cifra extremadamente baja si tomamos en cuenta que se trata de ayudar a formar una buena parte de los profesionistas que Michoacán y el país necesitan.

Hablar de educación popular es hablar de un importante aspecto de la justicia social, de una de las políticas públicas de ascenso social legal. Según acaba de declarar, el señor Gonzalo Hernández Lira, secretario del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval), Michoacán tiene un porcentaje de pobreza del 55.3 por ciento, que es muy superior al 43.6 por ciento que presenta el resto del país. Con diferencias de grado, pero según los datos oficiales, tanto en Michoacán, como en el resto del país, el problema fundamental y más sentido es la pobreza. El combate y la derrota de la pobreza, es el adeudo principal y más grande que tienen que saldar los gobernantes con el pueblo.

Pero la educación superior popular no es sólo una herramienta de justicia social. La educación superior para el pueblo es también una medida estratégica de desarrollo. Sólo las economías más competitivas sobreviven; la competitividad depende de la productividad y, la productividad no se deriva del esfuerzo del trabajador, sino de la maquinaria y la tecnología que se pone en sus manos. Desarrollar la ciencia y la tecnología debe ser la idea y en la práctica de todos los que están realmente a favor de un crecimiento económico acelerado e independiente. No existe ningún país que se haya desarrollado y llegado a hablarse de tú a tú con los más grandes y poderosos, comprando tecnología de segunda o tercera generación. Tenemos que estar en posibilidades de generar tecnología propia, original, única, y eso sólo lo puede lograr un intenso y capacitado trabajo masivo de investigación y descubrimientos. El pueblo altamente capacitado es la condición indispensable del desarrollo económico y, por tanto -con algunas medidas adicionales- de una vida mejor para todos los mexicanos.

No estamos de acuerdo, por tanto, con quienes miran a la educación popular como una desviación, no estamos de acuerdo con quienes regatean salarios, prestaciones y fondos para los proyectos de investigación, no estamos de acuerdo con quienes ahorcan económicamente a la Universidad Michoacana. Ningún país se ha desarrollado sustentado solamente en la educación de minorías privilegiadas. Nuestra visión de la educación corresponde plenamente a una visión de país, a un proyecto de largo plazo para todos los mexicanos.

Invito, pues, respetuosamente a los moradores de las Casas del Estudiante «Espartaco», a los moradores de todas las Casas del Estudiante que sostiene la Universidad y, en general, a todos los jóvenes universitarios, a formarse como buenos profesionistas con un espíritu crítico y de solidaridad con el pueblo que paga sus estudios para que, finalmente, puedan ser útiles a su familia, a su estado y a su patria.

¡Sea el primero en escribir un comentario!

---ooOoo---