Nellie Campobello y La Habana

**Al inicio de 1930, el embajador Carlos Trejo presentó a las hermanas Campobello con personajes como el poeta afroestadunidense Langhston Hugges, el estridentista Germán List Arzubide y el universal Federico García Lorca, de los que Nellie pudo aprender a encontrar y valorar su verdadera esencia.


Nellie Campobello y La Habana

La Crónica de Chihuahua
10 de octubre, 15:26 pm

Flor García Rufino* y Jesús Vargas Valdez**

Indiscutiblemente, la esencia de la obra de Nellie Campobello se gestó en La Habana, Cuba. Su estancia en ese país representó un parteaguas en su visión como artista y los personajes con los que allí se relacionó le dieron el impulso para emprender proyectos de mayor trascendencia que definieron su futuro.

En 1929 había gran entusiasmo por las exposiciones iberoamericanas de Barcelona y Sevilla. México había construido un pabellón imponente para mostrar al mundo su riqueza cultural. Esto generó efervescencia entre los artistas, quienes veían en estas exposiciones un escaparate internacional. Las hermanas Campobello buscaban una alternativa para proyectarse como bailarinas, cuando recibieron la invitación para asistir a estos eventos. Lo único que se sabía de este viaje es que en el trayecto habían sido abandonadas en La Habana, quedándose ahí por unos meses hasta obtener los medios para regresar al país.

Recientemente hemos tenido acceso al periódico El Diario de la Marina, logrando seguirles la pista desde el momento de su llegada a la isla, en julio de 1929, definir quién las había contratado y en qué condiciones se quedaron en La Habana hasta retornar a México en mayo de 1930.

Ahora podemos afirmar que viajaron con un conjunto de artistas denominado Orquesta Mexicana de Charros Mondragón, que se componía por más de 20 elementos, entre mariachis, un trío de cancioneras, orquesta, y ellas como pareja de bailes típicos. Llegaron a la capital cubana con la idea de permanecer unos días y continuar hacia España. El periódico destacó la presencia de la orquesta, subrayó que era enviada del gobierno de México a las exposiciones de Barcelona y Sevilla, y que había sido designada como representante del arte mexicano debido a los ruidosos triunfos obtenidos en su país. Sin embargo, esta afirmación era al parecer sólo un ardid publicitario, pues también anunciaron una muy breve temporada en el teatro Martí para que los habaneros no se quedaran sin conocer y disfrutar su gran espectáculo. Las presentaciones se extendieron por varias semanas en diversos escenarios, lo que hace considerar que la orquesta no disponía de los ingresos para continuar el viaje, teniendo que alargar la estancia. Fue entonces que el embajador Carlos Trejo Lerdo de Tejada, aprovechando la permanencia de la orquesta en Cuba, contrató el espectáculo para ofrecer a diplomáticos una muestra del folclor de su país. El evento tuvo lugar en la Secretaría de Estado, donde los artistas deleitaron a la concurrencia. Días después el embajador volvió a apreciarlos en un evento del Centro Asturiano, donde la orquesta interpretó La marcha de Zacatecas, entre otras piezas, y las hermanas Campobello bailaron la Jarana yucateca y el Jarabe tapatío.

Tras estos actos debieron completar los recursos para continuar el viaje, aunque no todo el conjunto, pues las hermanas se quedaron en la isla. Probablemente el empresario y director de la orquesta, Raúl Mondragón, haya prescindido de su participación con el fin de reducir gastos, pero también cabe la posibilidad de que Nellie hubiera decidido no continuar hasta Europa en condiciones tan precarias, pues en La Habana habían tenido que trabajar intensamente, con funciones mañana, tarde y noche, para solventar los pasajes y sus necesidades básicas, por lo cual pudo considerar muy arriesgado llegar a España sin ninguna garantía para la proyección anhelada, y mucho menos para el retorno a su tierra.

El periódico no volvió a mencionar a la orquesta, la cual tampoco figura en las listas de artistas que participaron en las famosas exposiciones, es muy probable que se haya desintegrado en el trayecto. De las hermanas tampoco se volvió a mencionar nada hasta meses después, casi al final de 1929, cuando participaron en una función a beneficio de niños pobres. Para este momento ellas habían conocido a Juan Antonio Fernández de Castro, director del suplemento cultural del Diario de la Marina, personaje clave para que se relacionaran en el medio cultural y conseguir finalmente trabajo en el Teatro Campoamor y el Chateau Madrid, pues durante varios meses, luego de que el resto del conjunto Mondragón las dejó solas, tuvieron grandes dificultades para sostenerse.

Al inicio de 1930, el embajador Carlos Trejo las encontró de nuevo en las carteleras de teatros, acudió a verlas y apreció su trabajo como pareja intérprete de danzas mexicanas. En esos días, Fernández de Castro las presentó con personajes como el poeta afroestadunidense Langhston Hugges, el estridentista Germán List Arzubide y el universal Federico García Lorca, de los que Nellie pudo aprender a encontrar y valorar su verdadera esencia. También fue a instancias de Fernández de Castro que ella comenzó a escribir sus primeros relatos de la Revolución.

En 1930, el embajador Carlos Trejo Lerdo de Tejada fue llamado por el presidente Portes Gil para ocupar la subsecretaría de Educación. Él tuvo presente a las bai­la­rinas mexicanas, a las que les había reconocido dignidad y profesionalismo como artistas, y las invitó a integrarse a un proyecto de difusión de la danza nacional, y les facilitó medios para regresar al país.

Es evidente que la estancia en La Habana abrió el horizonte de Nellie como escritora y como precursora de la danza. Fernández de Castro le descubrió la importancia de escribir sus recuerdos de la Revolución, List Arzubide publicó esos relatos en Cartucho, y Carlos Trejo Lerdo de Tejada las integró a la SEP abriéndoles un futuro académico en la danza. Así fue como Nellie Campobello consolidó el carácter nacionalista, original y perdurable que distinguió en adelante a su obra.

*Escritora

**Historiador. Autores del libro: Nellie Campobello: mujer de manos rojas