Marx ha muerto ¡Viva Marx!

Por Aquiles Córdova Morán


Marx ha muerto ¡Viva Marx!

La Crónica de Chihuahua
15 de marzo, 10:30 am

En el aniversario del fallecimiento de este genio del pensamiento y la acción a favor de la inmensa mayoría de la humanidad. Escrito el 22 de Octubre de 1990.

Como si presintiera la vileza con que sus enemigos del futuro se cebarían en su persona y en sus teorías, Marx exigió y practicó siempre, como virtud suprema de todo verdadero científico, la honradez intelectual, el respeto profundo y honesto por las ideas ajenas sin alteraciones, sin deformaciones que las caricaturizaran o desnaturalizaran, y por la verdadera, genuina y consistente hondura de pensamiento, por la capacidad sostenida de hilvanar razonamientos sin contradicción que los lleve a anularse entre sí y de ver con claridad en la esencia y no en la superficie de los fenómenos. Directa e indirectamente (a través de su amigo Engels), una y otra vez, invitó a los economistas y científicos de su tiempo a que se ocuparan de su obra científica «El Capital», a que intentaran, con ese espíritu científico y esa honradez intelectual que él mismo practicaba, penetrar en ella, en su tesis y postulados principales, para poner de relieve, en su caso, sus inconsistencias, errores y falsedades. Ni entonces ni después hubo ni ha habido quien asuma el desafío en los términos que Marx lo planteó.

En los días que corren asistimos a una verdadera carnicería en contra del gran pensador alemán y, para honor y gloria suya, asistimos, al mismo tiempo, a la plena confirmación de sus temores, a un acto de verdadera impudicia intelectual y de deshonestidad científica, tal como Marx lo presintiera. Basadas, solamente, en el fracaso práctico del intento socialista (fracaso, además, que debe verse y analizarse de un modo muy distinto, en términos mucho más relativos, que como lo hacen los apologistas del capitalismo) toda una caterva de profetas a posteriori, con una irresponsabilidad y una falta de rigor intelectual que asombran, se han puesto a decretar, alegremente, que ha quedado demostrado, con ello, la total falsedad del marxismo, de las teorías filosóficas, económicas y sociales de Carlos Marx.

Semejantes pensadores e intelectuales no tienen siquiera la honradez de aclarar, y de aclararse a sí mismos, que tal conclusión es, en rigor de verdad, sólo una de las muchas que pueden desprenderse del fracaso del «socialismo real»; no pueden o no quieren ver que para que esa conclusión sea necesariamente verdadera, es indispensable demostrar, primero, que en la aplicación de la tesis de Marx no hubo, jamás ni en ningún lugar, ningún tipo de distorsión de las mismas, que fueron aplicadas por todo mundo con la fidelidad suficiente para garantizar que, de fracasar, estarían fracasando, precisamente, los principios aplicados.

No sólo eso. Un ejercicio serio, verdaderamente científico de demostración del fracaso del marxismo como teoría, también debería exigirle a sus sostenedores la refutacion precisa, detallada y minuciosa, de la obra de Carlos Marx tal como el hizo con algunos de sus predecesores y como les exigió hacer a sus oponentes coetáneos con su propia obra. ¿Por qué los teóricos actuales empeñados en denigrarlo se conforman con armar gritería en torno al fracaso del «totalitarismo» (¿es que alguien bien intencionado puede acusar a Marx de partidario de la opresión y de enemigo de la libertad?) en vez de enfrentarse a su obra e hincarle el diente para probar su falsedad? ¿Por qué no refutan una a una las tesis torales y proponen con claridad y valor las suyas propias?

Como es bien sabido en materia de filosofía Marx se declaró, sin ninguna duda, heredero y continuador de la línea materialista de pensamiento que, arrancando de los filósofos milesios y pasando por Heráclito, Demócrito y Epicuro, fue recogida y desarrollada por pensadores de la talla de Galileo Galilei, Gassendi, en cierta medida Locke, Toland, sólo por mencionar algunos de los más representativos. El punto de vista materialista en filosofía consiste en sostener la realidad, mejor dicho, la existencia del mundo exterior, de la materia, con todos sus fenómenos, procesos y leyes, independientemente de la conciencia humana, y en asignarle a ésta el papel secundario, derivado, es decir, concebirla como el fruto más acabado del propio desarrollo y evolución de la materia. El punto de vista opuesto, como también es bien sabido, consiste en negar la existencia del mundo material y en sostener que ésta no es más que el producto de la sensación humana.

Ahora bien, el fracaso del «socialismo real» ¿implica, como quieren los enemigos de Marx, la derrota del punto de vista materialista en filosofía y la victoria del idealismo? Este hecho ¿demuestra sin ninguna duda que el mundo material no existe y que todo se reduce, por decirlo así, a una ilusión de la conciencia humana? Con el «totalitarismo» ¿han desaparecido la materia y sus leyes?

En economía el gran mérito de Marx consistió en haber demostrado que la ganancia del capital proviene de la plusvalía, esto es, del trabajo no pagado, pero sí utilizado para producir mercancías, del obrero. El fue el primero que entendió que la fuerza de trabajo humano es la única mercancía capaz de producir más valor que el que se emplea en su propia producción y que la diferencia entre ambas magnitudes, apropiada por el patrón en el propio proceso de la producción, es la fuente de su riqueza. Con el fracaso del «socialismo real» ¿quedó refutada la teoría de la plusvalía? ¿Quedó probado que no es verdad que el trabajo no pagado al obrero es la fuente de la riqueza del patrón? Y de ser así ¿cuál es la explicación verdadera del fenómeno? ¿Por qué no nos lo aclaran, con la misma franqueza y claridad con que lo hizo Marx, los intelectuales de hoy, validos de que está muerto y no puede contestarles, se pavonean a sus costas?

En el terreno de la teoría del conocimiento Marx, apoyado en Hegel, descubrió el método dialéctico de conocimiento que concibe al mundo como una intrincada red de fenómenos en perpetuo movimiento, en contínua evolución y rigurosamente interdependiente. Todo mundo sabe que aun sus más furibundos enemigos, a la hora de intentar razonar en serio, no pueden prescindir del método de pensamiento del derrotado Marx. Con el fracaso del socialismo ¿quedó refutada la dialéctica? ¿En qué consiste el nuevo método que debemos poner en práctica para conocer el mundo, según los nuevos pontífices de la economía de mercado?

La honradez intelectual exige que sean contestadas con todo rigor y precisión estas y otras cuestiones parecidas, si en verdad se sostiene un punto de vista científico en torno a la caducidad de Marx y no se pretende, sólo, llevar agua al molino de los intereses de los explotadores del mundo. Mientras eso no ocurra, sus admiradores tenemos todo el derecho a gritar, como lo hacían los monárquicos a la muerte del rey de Francia: MARX HA MUERTO ¡VIVA MARX!

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