Los sembradores de sonrisas: un intento por masificar el teatro

**El camión de Bellas Artes nos llevaba a varias colonias, pueblos y ciudades, donde, ya caracterizados en nuestros personajes, nos íbamos a tocar puerta por puerta para invitar a la gente a nuestras representaciones del Grupo Trashumante de Teatro.


Los sembradores de sonrisas: un intento por masificar el teatro

La Crónica de Chihuahua
9 de mayo, 12:20 pm

Por Raúl Gómez Franco/
Periodista

Los sembradores de sonrisas.- El domingo 10 de marzo de 1974 (hace 45 años) el maestro Alberto Sáenz Enríquez publicó una plana completa en El Heraldo (que conservo enmarcada), para felicitar al grupo de teatro trashumante de Bellas Artes de la UACh, que durante un año (entre septiembre de 1973 y verano de 1974), y dirigido por el maestro Fernando Saavedra, se presentó cientos de veces a lo largo de la ciudad y del estado, llevando el teatro (los Pasos de Lope de Rueda y algún entremés de Cervantes) hasta los barrios, mercados, escuelas, cárceles, orfanatos, etc.

Fue un programa muy interesante y formativo que Saavedra (a quien no se le ha dado aún el debido reconocimiento por ser el motor del resurgimiento teatral en Chihuahua a partir de los años sesenta), ideó para el grupo de jóvenes que en septiembre de 1973 ingresamos a Teatro de Bellas Artes de la UACh (yo tenía 17 años y ese mismo mes también ingresé a la Facultad de Química, donde hice media carrera de Ingeniero Bromatólogo).

Cada fin de semana (y en muchas ocasiones entre semana), el camión de Bellas Artes nos llevaba a varias colonias, pueblos y ciudades, donde, ya caracterizados en nuestros personajes, nos íbamos a tocar puerta por puerta para invitar a la gente a que viera nuestras representaciones. No pudimos haber tenido mejor formación y entrenamiento que ése, ideado por Saavedra. (Las cifras en el recuadro no son todas. Son una muestra representativa de nuestras presentaciones).

Creo que las autoridades culturales y educativas deberían retomar este modelo para llevar el teatro a la gente, a la calle, a las escuelas, sobre todo en estos días en que hay tantas carencias y baches en la formación cultural de jóvenes y mayores. Se requiere muy poco presupuesto y muchas ganas...

Por si no se alcanza a leer el texto, lo transcribo íntegro:

Los Sembradores de Sonrisas

Hay aquí en la ciudad de Chihuahua un grupo de jóvenes que se dedican exclusivamente a sembrar la alegría de las gentes humildes en las colonias proletarias. Estos jóvenes, pertrechados de sus cajas de maquillaje y sus ropas grotescas, espadas y huicholes, a bordo de un camión precedido por un carro de sonido hacen brotar espontáneamente el júbilo de los barrios populares de la ciudad...

“¡Ahí viene el teatro!” ¡Ya vienen los cómicos!” “¡Ya viene ‘Calzonazos’”! Luego de un ensayo sobre el techo del camión la gente se ha agolpado junto a la plaza, el portón, el mercado, la escuela o la calleja donde se va a escenificar la función.

Un señor gordo, anteojudo y patilludo sale del camión alentando con voz vigorosa a la tropa de las sonrisas; luego los muchachos, ya ataviados como salidos de un cuento de hadas o del mismísimo tintero de Cervantes o de Lope de Rueda tocan de casa en casa invitando a los niños, ancianos y adultos a la función.

Pronto, sinnúmero de pequeños, viejitos y viejitas y gentes de todas edades… ¡Y qué digo gentes, gatos, perros, burros…! hacen círculo a los pintorescos personajes, círculo que luego es ya una corola de aplausos y carcajadas…

Por una grata media hora la gente se olvida que ha subido el pan, que la luz está por las nubes o la leche por la vía láctea… ¡Ha llegado la alegría!

¡Cómo se da cuenta el pueblo en un momento de alegría y arte que los programas de televisión son una porquería, que la comercialización ha prostituido el arte de la pantalla chica y que el arte sólo puede existir donde hay una entrega espontánea de la belleza y el talento y no una compraventa de frases cursis y argumentos lelos por la publicidad de productos de dudosa calidad, seguramente contaminantes de la salud y polucionadores del medio y el agua…!

Los muchachos tienen talento y lo que es más, un sentido humano ya muy poco común en nuestra época… “¿Que ya acabamos?”… “No, no, hay que ir a otro barrio… todavía nos falta la colonia X…”

¡Claro que nos referimos al grupo de teatro ambulante que dirige y difunde con entusiasmo vivo y sano el maestro Fernando Saavedra, un verdadero artista, poco apreciado en lo que vale en esta localidad!

A ese pulmón ambulante de aire puro, de arte, humanismo, desinterés y amor por el pueblo… ¿Qué podemos desear?... ¡Muchas felicidades! ¡Muchas gracias! Y ¡Que Dios los bendiga!

Alberto Sáenz Enríquez (marzo 10 de 1974)

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