Lo que demuestra la agresión en Tijuana

EDITORIAL


Lo que demuestra la agresión en Tijuana

La Crónica de Chihuahua
25 de mayo, 12:36 pm

Cuando el pueblo se une y se organiza para luchar por mejores condiciones de vida, por obtener un modesto terreno donde improvisar la vivienda familiar, la regularización de su propiedad y la introducción de los servicios indispensables para una vida digna: agua, electrificación, drenaje, pavimentación, escuelas, centro de salud, indispensable para que la familia no perezca por enfermedades curables, de inmediato hace acto de presencia el polo opuesto de una contradicción, el interés particular, egoísta, enemigo de las colectividades luchadoras.

En cuanto arranca una lucha popular y muestra su iniciativa, su fuerza y posibilidades de obtener el triunfo, se manifiesta, con toda su crudeza, la irracionalidad y el odio a los grupos humanos, a la lucha colectiva, a la unificación y a la solidaridad, primero instintiva y después consciente; aparecen los que se declaran propietarios de las tierras donde se asienta la comunidad, los que falsifican documentos o los legalizan mediante el cohecho, los que gracias al poder de su dinero obtienen el favor de los funcionarios de Gobierno, los que cuentan con el apoyo de la policía corrupta y de los agentes del Ministerio Público dispuestos a asentar y legalizar actas siempre perjudiciales para los pobres y favorables al poderoso; en una palabra, los que tienen a su servicio al Estado y también a los miembros de los estratos sociales más bajos, aquellos que la clase explotadora redujo a una condición ignominiosa, los que para subsistir están dispuestos a venderse a cambio de un mendrugo, robar, asaltar, asesinar por unas cuantas monedas; agredir a los trabajadores que luchan por un lote o por una vivienda.

Éste es el caso que estamos reseñando, para dar cuenta de la forma en que gente sin escrúpulos, pero poseedora de recursos, contrató golpeadores para agredir a trabajadores honestos, destruyendo viviendas, incendiándolas y disparando a quemarropa contra los más decididos a defender su patrimonio.

La agresión contra los humildes colonos del Polígono 6 en Tijuana, Baja California es un ejemplo típico y retrata a la clase del dinero, que cuenta con el Estado, con la fuerza represiva y con los olvidados de la sociedad, a los que recurre para lanzarlos contra otros pobres, mientras los dueños del capital observan complacidos e impunes gracias a la protección oficial.

La clase dominante, para defender sus intereses, tiene a su servicio a los altos funcionarios del Estado y a los seres que han perdido todos los valores humanos; mientras que los pobres solo tienen a su favor la fuerza de su número, la firmeza de su conciencia, su decisión de lucha y la posibilidad de que todos los pobres del país los respalden a través de sus organizaciones de vanguardia, las que en los hechos se dedican a combatir los verdaderos problemas de los explotados y no a escalar en los puestos públicos mediante una farsa electoral con la que solo buscan enriquecerse. Una prueba práctica de la verdad de estos planteamientos se presenta en nuestro reporte especial de esta semana.

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