Las Universidades del Bienestar de López Obrador son otra nueva decepción

** «Pues así de entrada, como nos la platicaron, nos gustó, pero ya haciendo cuentas, pues no, porque al estudiante hay que darle tres comidas al día, y luego hay que darle facilidades para que lave, planche, se bañe... ¿y a poco tiene uno que entrarle con todo eso, en vez de sólo hospedarlo?»


Las Universidades del Bienestar de López Obrador son otra nueva decepción

La Crónica de Chihuahua
1ro de agosto, 07:14 am

Por Froilán Meza Rivera

“Para empezar, todavía no está la mentada Universidad del Bienestar, y ya estamos a unos días para las inscripciones… ¿sin escuela todavía? Y además, aquí hay mucha inconformidad entre la gente del pueblo, porque las mentadas becas que se van a entregar, pues nomás no alcanzan para maldita la cosa”. Así se expresó un campesino del Ejido San Alonso en San Rafael, acerca de la Universidad del Bienestar que el gobierno federal planeó ubicar aquí en el municipio de Urique, Chihuahua. “¿Bienestar? Debería decir más bien malestar”.

Se trata de una de las promesas que hizo el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, para la construcción de 101 planteles de la Universidad para el Bienestar Benito Juárez, que requerirá de 1,000 millones de pesos anuales, y con lo que, dijo el mandatario, busca atender a 300,000 alumnos en seis años, en 36 carreras de desarrollo sustentable, energía, agroalimentación, patrimonio histórico, estudios sociales y salud.

Acá en San Rafael, ya vinieron funcionarios del gobierno federal y reunieron a la gente para proponerle que acepten una “beca” de 2 mil 500 pesos a cambio de hospedar en su casa a uno de los muchachos que van a venir a estudiar en la proyectada universidad. “Pues así, de entrada, nos gustó porque ¿dónde estaban esos pesitos? Pero ya haciendo cuentas, pues no, porque al estudiante hay que darle 3 comidas diarias, pues si no ¿cómo puede rendir en la escuela?, y luego hay que darle facilidades para que se bañe, lave su ropita… etcétera. Pero si de repente al muchacho no le mandan de su casa dinero para que compre su jabón, sus cosas de limpieza y otros, ¿a poco tenemos que entrarle nosotros con todo eso?”

Así lo han venido platicando y razonando, palabras más, palabras menos, los habitantes de San Rafael que se mostraron interesados en recibir las becas. El monto es el problema. Gran problema.

Acá, la aplicación del programa de estas becas, en concreto, va a ser como si a las familias les naciera otro hijo adulto, pero en este caso un desconocido. Como en los demás programas federales de la “cuarta transformación”, la carga se la echa el Estado a los particulares.

López Obrador ha puesto mucho énfasis en profundizar el neoliberalismo en la educación pública, porque le apuesta a dar apoyos preferentemente de manera individual. Porque aunque le caiga de sorpresa a más de un apoyador incondicional de AMLO, la idea original es de Milton Friedman, uno de los máximos teóricos del neoliberalismo. Friedman sostenía que el Estado no debe financiar la educación pública a través de las escuelas, y proponía que el monto global que se gasta en este rubro, se debe dividir entre el total de alumnos, y la parte que le corresponde a cada uno se entregue a cada padre de familia para que pague los gastos de inscripción, colegiaturas, etc.

Es el mismo esquema con el que el presidente pretende, según él, combatir la corrupción, igual que con el huachicol, que en lugar de arrestar a los culpables del robo masivo de combustible, optó por cortar el suministro por la vía de cancelar los ductos; lo mismo que con las guarderías, con el Seguro Popular, con los programas federales que suministraban recursos para obras públicas para las comunidades humildes (que simplemente los canceló borrándolos de un golpe del presupuesto federal del 2019). Es el mismo caso de las guarderías y de los comedores comunitarios, de los orfanatos, etc. ¿Hay corrupción? Ah, pues borramos, cancelamos, cerramos, destruimos la dependencia, el programa, el esquema…

Y volviendo a las Universidades Benito Juárez, las que ya iniciaron, en su mayoría no cuentan con instalaciones propias, y las que ya tienen actividades operan en condiciones muy alejadas de las establecidas en su concepción original. Porque de acuerdo con la propuesta para crear el sistema, cada plantel contaría con espacios como biblioteca, sala de cómputo, aulas espaciosas, comedor, laboratorios, así como campos de cultivo y espacio para el conocimiento y producción de energías renovables. Sus edificaciones serían térmicas, antisísmicas y con sistema de prevención de riesgos, con modelos de construcción con base en materiales locales y “respetando la identidad del programa y de las construcciones de la comunidad”, o lo que eso signifique.

Pero en varios estados no se han asignado recursos para su construcción. ¿Ejemplos? El delegado federal de la Secretaría del Bienestar en Chihuahua, quien fue ungido por López Obrador como “superdelegado”, Juan Carlos Loera de la Rosa, anunció el 7 de mayo pasado, que esta universidad en el municipio de Guadalupe y Calvo “arrancó” con la carrera de ingeniería forestal y de minas el día 4 de abril. Sobre el plantel de Urique dijo: “Trabajamos sobre la universidad de San Rafael en Urique, hay 71 estudiantes inscritos para el mes de agosto, ya tenemos la donación del terreno”.

“¿Ya tenemos la donación del terreno?” Eso no suena a “ya empezamos”, ni a “ya estamos listos”, ni a “ya arrancamos”, en ningún lenguaje del mundo, ni aquí, ni en China. Suena más a un “veremos”, a un “espérame tantito”.

Así va, pues, este proyecto que nació mocho y defectuoso a más no poder, y que no se ve cómo lo puedan componer los ideólogos de la 4T.

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