Huitzilan: tierra de héroes

Por Carlos Sánchez/ Hoy Huitzilan es un municipio que rebasa en desarrollo, con mucho, a los de su región. A pesar de que el Estado y los grupos de poder siguen protegiendo y prohijando al caciquismo, se multiplican los héroes de Huitzilan.


Huitzilan: tierra de héroes

La Crónica de Chihuahua
Octubre de 2017, 18:00 pm

Huitzilan de Serdán es un municipio de habla náhuatl enclavado en la Sierra Nororiental de Puebla. Su origen se remonta, dicen algunos autores, a la migración de pueblos prehispánicos que habitaban las llanuras planas de la mesa central, que se negaron a ser sometidos por los conquistadores españoles; huyeron a las partes más agrestes habitadas en ese entonces por los pueblos totonacos y, en ese territorio, llamado por los ecologistas ecotono se juntan las dos culturas milenarias, se hibridan las técnicas de cultivo de maíz, frijol, calabaza, con sus variedades propias domesticadas en miles de años y adaptadas a las toscas e inclinadas tierras, además de los frutales como la manzana, la ciruela, durazno, pera, nuez de castilla en las tierras altas, además de los cítricos, el mamey, plátano, zapotes y hasta vainilla y pimienta gorda, en las tierras bajas; y, poco después, el café. Los pueblos de habla náhuatl y totonaco vivían en paz, con estabilidad y equilibrio con su medio ambiente, con su enorme cultura, con sus danzas tradicionales, con su colorida vestimenta en las mujeres, con su cosmovisión del mundo, con sus costumbres.

Pero desde hace muchos años empezó a llegar gente de otro lado, con otra cultura, con otras costumbres, con otras ambiciones. Llegaron comprando a los campesinos su producción agrícola, sus tierras, sus árboles de caoba y de cedro, pusieron grandes tiendas y bodegas para acaparar el café, se hicieron así de propiedades y de dinero. Compraron voluntades y amistades entre los gobernantes del estado y del país, dominaron el ámbito político para hacer sus negocios y se enriquecieron, en perjuicio de los pueblos, a quienes les compraban muy barato y les vendían caro, a quienes les despojaban sus tierras por medio de las compras forzadas o por medio del robo abierto y cínico. De esta manera, los caciques, como se les conoce ahora, controlaron la economía y la política, subyugando y explotando a los pueblos de habla náhuatl y totonaco. En Huitzilan, por ejemplo, muy pronto, con su poder económico, fueron presidentes y jueces; cuando había algún habitante que mostraba alguna inconformidad era señalado y castigado.

A finales de la década de los 70 surge una organización de campesinos en la región de Zacapoaxtla que reivindicaba la baja del impuesto predial, y poco después adopta la lucha por la propiedad de la tierra en manos de los caciques. En Huitzilan, a instancias de un líder, se formó un grupo y tomó el predio de un cacique. Esa organización y en especial el grupo de Huitzilan, sin métodos de lucha, sin banderas claras, despolitizados y atrasados, muy pronto dio muestras de descomposición política, sin haber logrado sus propósitos, el grupo de Huitzilan en descomposición empezó a asesinar por rencillas personales primero, después por encargo y, finalmente, por comisión de los caciques del lugar. El pueblo entero cayó en un periodo de violencia inaudita. Se habla de cientos de asesinados, del control absoluto de este grupo asesino usado por los caciques, sin autoridad municipal, sin maestros en las escuelas, pues ellos los mataron o los corrieron, con la Iglesia cerrada y sin posibilidad de enterrar a los muertos, so pena de correr la misma suerte, así que los cuerpos se descomponían en la calle para mostrar el poder de quienes los asesinaban y generar terror entre los indígenas. Una verdadera masacre. El Gobierno del estado nunca intervino, o no quiso intervenir, a pesar de tener conocimiento de todo esto.

Ante esta violencia inaudita, algunos campesinos intentaron repeler formando una pequeña organización. El primer intento heroico lo hizo un grupo cooperativo que instaló una pequeña tienda para vender maíz y azúcar, pero la organización criminal y los caciques no querían nada que perturbara su control y asesinaron al organizador y presidente de este grupo: al primer héroe que conscientemente buscaba liberarse del yugo caciquil, Bartolomé Tadeo Arellano. No sólo fue el primero que cayó bajo las balas de los asesinos envilecidos por los caciques, sino que fue el primero que los enfrentó en forma organizada. Pero se vino más acoso de los asesinos con armas y dinero que los caciques les proporcionaban, hicieron de Huitzilan un lugar de muerte y terror en beneficio único de los caciques. Ante esta situación, el grupo cooperativo buscó refugio en Zacapoxtla y lo encontraron en una bodega de Diconsa, a cargo de otro héroe: Máximo de la Cruz Rivera, de habla náhuatl, quien años más tarde sería asesinado por los mismos sicarios en Huitzilan. Es ahí donde entra en contacto con la organización Antorcha Campesina a quienes piden apoyo y asesoría.

Después de analizar la problemática, el grupo refugiado en Zacapoxtla decide regresar a Huitzilan y organizar a la población para enfrentar al grupo campesino envilecido con la única arma de los pobres de México: la suma de voluntades que luchan de manera pacífica, pero que, gracias a esta suma, se hacen invencibles. La tarea tuvo éxito. Después de organizar a la mayoría de la población, los antorchistas abrieron la presidencia y ganan las elecciones, abren las escuelas, fundan la secundaria, el bachillerato y la normal rural, construyen auditorios, hospitales, unidades deportivas, beneficios para el café, pavimentan calles, carreteras, construyen puentes, etc. En 30 años, hacen de Huitzilan, un pequeño municipio de la Sierra Nororiental, una zona de progreso sin parangón en el país.

Pero los caciques se resistieron y trataron de impedir el avance de los antorchistas, usando para ello sus métodos violentos, asesinando de forma selectiva. Hasta ahora, han matado a cuatro presidentes municipales: Ramírez Velázquez Gobierno, Ignacio Gómez Cipriano, Francisco Luna Gobierno, y hace unos días a Manuel Hernández Pasión. Además, han asesinado a Juan Gómez Cruz, Fulgencio Sánchez Martínez, Domingo Cuahutajaco Santiago, Francisco Galindo Ramos, y varios más. También eliminaron al activista y líder campesino Máximo de la Cruz Rivera. Todos ellos son verdaderos héroes que sacrificaron sus vidas antes que dejar que los caciques volvieran a tomar el control político. Hoy Huitzilan es un municipio que rebasa en desarrollo, con mucho, a los de su región. A pesar de que el Estado o los grupos de poder siguen protegiendo y prohijando al caciquismo en la Sierra Nororiental de Puebla, se multiplican los héroes de Huitzilan que nunca más dejarán caer la bandera y regresar a los tiempos de la violencia, el atraso y la explotación.

Todos eran campesinos de habla náhuatl. Su único “delito” fue luchar por mejorar las condiciones de vida de su pueblo, y murieron en emboscadas, a traición y en forma atroz. Los testimonios, los expedientes, las averiguaciones de la justicia, señalan a los caciques de la zona como los autores intelectuales y, otras como autores materiales, de los crímenes, porque son ellos los únicos interesados en evitar la organización y el progreso del pueblo.

El martes 10 de octubre fue asesinado el último presidente municipal de Huitzilan, el joven abogado Manuel Hernández Pasión, hombre culto, leal y valiente, comprometido con la lucha heroica de sus antecesores y producto de las nuevas generaciones antorchistas. Con una gran trayectoria en su municipio, gestionó y logró muchas obras para Huitzilan, y sus pueblos, se ganó a pulso el cariño de sus paisanos. Por las circunstancias del homicidio es claro que ya no fue el grupo envilecido por los caciques, sino profesionales sicarios contratados, que se oponen a que exista gente como Manuel, y no pueden ser otros que los caciques tradicionales de la Sierra Nororiental de Puebla, que han vivido siempre explotando al campesino, al peón, al jornalero, y que creen que asesinando a los líderes, podrán acabar con la lucha del pueblo organizado. A ellos les decimos: sólo logran que cada vez haya más héroes, como el pueblo entero de Huitzilan.

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