Historia de la heroina: el peligro de la publicidad en el capitalismo

**Las compañías productoras de estos narcóticos, los publicitaban como la cura para todo tipo de enfermedades físicas y mentales desde la retirada del alcohol hasta el cáncer, la depresión, la flojera, la tos, los resfriados, la tubercolosis y hasta la vejez.


Historia de la heroina: el peligro de la publicidad en el capitalismo

La Crónica de Chihuahua
10 de mayo, 11:19 am

Un medicamento milagroso

“Adiós a la tos gracias a la heroína”, rezaba un lema publicitario de finales del siglo XIX de la empresa alemana Bayer. En aquel entonces, la heroína era recetada para tratar la epilepsia, el asma, la esquizofrenia y las enfermedades del corazón, tanto a adultos como a niños. El único efecto secundario que señalaba Bayer era estreñimiento.

La heroína, que es una droga de preferencia muy popular en la cultura de drogas de los Estados Unidos, no es una droga nueva que acaba de aparecer a finales de los años 1960 ni sus efectos negativos son únicos de los tiempos modernos. La droga es un derivado del opio y, como con cualquiera de los derivados del opio, hay una dependencia físico-mental severa que se desarrolla cuando se abusa.

El nacimiento del adicto a la eroína estadounidense

Entre mediados y el final de los años 1800, el opio era una droga bastante popular. Las madrigueras del opio estaban esparcidas por lo que hoy conocemos como el oeste salvaje. El advenimiento del opio durante este período de tiempo se debía en buena parte a que la droga venía a través de inmigrantes chinos que venían aquí a trabajar en las vías férreas.

La historia detallada de los Estados Unidos nos dice que nombre famosos del período como Wild Bill Hickock y Kit Carson en realidad frecuentaban las madrigueras del opio más a menudo que los bares. El estereotipo que tenemos del vaquero con la barriga contra la barra tomando whisky directamente después de un viaje largo y duro por el camino polvoriento es solo parte del cuento del viejo oeste. Muy a menudo no estaba con la barriga contra la barra para nada. Estaba tendido boca abajo en un cuarto ligeramente iluminado por una vela en la compañía de una prostituta oriental. No era extraño para algunos de estos vaqueros pasar varios días con sus noches a la vez en estas madrigueras en un estado constante de ilusión, y terminar volviéndose adicto a la droga.

En todo caso, era cierto que el alcoholismo era un problema mayor. El alcoholismo era una de las principales fuentes de violencia y muerte duarante este período. Al final, sin embargo, el opio se promovió como una cura para el alcoholismo hacia finales de los años 1800.

Y la morfina

Fue a partir del opio que , la morfina, un derivado, se desarrolló como analgésico aproximadamente en 1810. Se consideraba una droga maravillosa porque eliminaba el dolor asociado con cirugías médicas o lesiones traumáticas. Dejaba al usuario en un estado de sueño eufórico completamente entumecido. Debido a los efectos secundarios intensamente eufóricos, en 1811 el doctor F.W.A. Serturner, un farmaceuta alemán, bautizó a la droga con el nombre de el dios griego de los sueños, Morfeo. A mediados de los años 1850, la morfina estaba disponible en los Estados Unidos y se volvió más y más popular con la profesión médica. Los beneficios de usar la droga para tratar el dolor severo les parecía a los doctores de este tiempo algo casi extraordinario. Desafortunadamente las propiedades adictivas de la droga, por otro lado, pasaron practicamente inadvertidas hasta después de la guerra civil.

Durante la guerra civil, las cifras de personas expuestas a la morfina en el curso de ser tratadas por sus lesiones relacionadas con la guerra se elevaron muchísimo. Decenas de miles de soldados del norte y confederados se volvieron adictos a la morfina.

En poco más de 10 años desde la llegada de la heroína a este país, los Estados Unidos se plagó con una gran epidemia de morfina. Aunque no se mantuvo ninguna estadística real con respecto a la adicción en este tiempo, el problema había crecido a proporciones suficientemente grandes para levantar seria preocupación por parte de la profesión médica. Los doctores estaban perplejos y estaban completamente en tinieblas en cuanto a cómo tratar esta nueva epidemia.

Creación de un mercado instantáneo

Para 1874 la respuesta a este problema creciente creyó haberse encontrado en la invención de una nueva droga en Alemania. La nueva droga maravilla se llamó heroína, tras el nombre registrado alemán. La heroína se importó a los Estados Unidos poco después de su invención. El discurso de ventas que creó un mercado instantáneo entre los doctores de los Estados Unidos y sus pacientes adictos a la morfina fue que era un sustituto para la morfina “seguro, que no era adictivo”.

A partir de ese momento nació el adicto a la heroína y ha estado presente en la cultura de los Estados Unidos desde entonces.

Desde finales de los años 1800 a principios de los años 1900 las compañías de drogas reputables de ese tiempo empezaron a fabricar botiquines de drogas que la gente podía comprar sin prescripción. Estos botiquines contenían una geringa de barril de vidrio y viales de opiáceos (morfina o heroína) y/o cocaína pulcramente empacada en cajas buriladas de latón. El láudano (opio en una base de alcohol) también fue un elíxir muy popular que se usó para tratar una variedad de enfermedades. El láudano se les administraba igualmente a niños y adultos. – tan libremente como se usan las aspirinas hoy en día.

Había por supuesto campañas de mercadeo y de publicidad lanzadas por las compañías de drogas que producían los productos que pregonaban estos narcóticos como la cura para todo tipo de enfermedades físicas y mentales desde la retirada del alcohol hasta el cáncer, la depresión, la flojera, la tos, los resfriados, la tubercolosis y hasta la vejez. La mayoría de los elíxires pregonados por el viejo “vendedor de aceite de culebra” en los shows de medicina contenía uno o más de estos narcóticos en su mezcla.

Hasta que vino la prohibición

La heroína, la morfina y otros derivados opiáceos se vendieron legalmente y sin regulaciones hasta 1920 cuando el Congreso reconoció el peligro de estas drogas y promulgó la Ley de la Droga Peligrosa. Esta ley hizo ilegal la compra sin prescripción de estas drogas y juzgó que su distribución fuese regulada federalmente. Para cuando esta ley se aprobó, sin embargo, ya fue demasiado tarde. Se había creado un mercado para la heroína en los Estados Unidos. Para 1925 había un estimado de 200.000 adictos a la heroína en el país. Fue un mercado que persistiría hasta nuestros días.

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