Heroínas del pueblo trabajador

A la memoria de doña Celina Hernández Merino.


Heroínas del pueblo trabajador

La Crónica de Chihuahua
13 de enero, 18:33 pm

Lirio Dení García

Era una madrugada fría, como la de hoy. En la Mixteca baja poblana, el frío es poco común... sin embargo, para un niño acostumbrado al calor inclemente del día, una madrugada siempre será fría.

Por las escarpadas calles del pueblo, un ejército decidido de mujeres humildes caminaba hacia las faldas del cerro.

- Celina, ¿eres tú?

- ¡Sí maestra!

- ¿Traes herramienta?

- Una pala, maestra. Las demás mujeres también traen. Bueno, lo que pudimos conseguir.

- Eso será suficiente, Celi. Lo más importante es que lleguemos todas
.
Llegaron al solar que hacía poco habían decidido, sería el primer centro de recreación para el pueblo: un balneario.

El pleno de mujeres, muchas de las cuales tenían que alimentar a sus esposos y a sus hijos, sabían que contaban sólo con la madrugada para reforestar ese lugar, que debía ser verde, fresco, agradable, y en el que las próximas generaciones tuvieran un lugar donde aprender a nadar, y las familias pudieran disfrutar un poco en ese clima semi desértico que no ofrecía más que abandono y paisajes desoladores.

En el grupo en el que estaban doña Gumara, doña Rosita, doña Francisca, doña Magdalena, y entre otras, doña Celina Hernández Merino, trabajó constantemente cavando hoyos en el suelo pegredoso en los que sembraron laureles, bugambilias, tulipanes y pasto... ¡pasto en las faldas del cerro! ¡Pasto sembrado con las manos de mujeres con rebozo a las cinco de la mañana! Algunas veces, tuve la suerte de pegarme a las faldas de mi madre y ser testigo de ello. Nadie me lo contó.

Doña Celi, como la conocemos cariñosamente, se reunía con esas otras mujeres en alguna sala de alguna casa. En esas reuniones, las primeras mujeres valientes se ponían tareas para participar activamente en la transformación que empezaba a cambiar el rostro de Tecomatlán desde que empezó a gobernar Antorcha. A veces, aprovechaban el tiempo de la reunión tejiendo, bordando sus servilletas, o despiojando niños... también estuve ahí.

El nuevo pueblo debía corresponderse con el ideal proyectado. Y todos querían poner su grano de arena. Poco a poco, con el trabajo constante de todos los tecomatecos que se decidieron a levantar el municipio emblema que hoy es ejemplo a nivel nacional, se consolidó la fundación del Movimiento Antorchista Nacional.

Muchas gracias, doña Celi, porque con su trabajo y su ejemplo, deja usted un precedente para los pueblos humildes de nuestra patria. Gracias por haber sembrado no sólo laureles, sino ideales en sus hijos y nietos, a quienes hoy extendemos nuestro cariño, apoyo y solidaridad.

A doña Celi, unos versos de Blanco Belmonte...

“Yo bien sé que son muy pocos los que ven al hormiguero
que se afana y que se esfuerza con empuje verdadero
por lograr un adelanto, por vencer y conquistar;
las estrellas, siendo soles, no fulguran deslumbrantes,
y es que brillan tan lejanas, tan lejanas, tan distantes,
que hay que alzar muchos los ojos para verlas rutilar.
Todos ven la excelsa cumbre que es penacho de la sierra,
nadie fija la mirada en los átomos de tierra
que en un plazo no remoto nuestro cuerpo han de envolver;
todos miran asombrados las Pirámides ingentes,
y no piensan que esas moles no se alzaran imponentes
sin los granos de la arena que les dieron forma y ser.”

Hoy, Tecomatlán está de luto. 😔

Sh RusMo, Flakita de Santi, Yolanda Reyes, Iso Morán, Galve, Denis, Poncho, Miriam... un abrazo enorme.

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