¿Hasta cuánto atrás se remonta el origen de las aves?

**Los diversos hallazgos fósiles parecen avalar la teoría de que las aves son descendientes de los dinosaurios terópodos manirraptores.


¿Hasta cuánto atrás se remonta el origen de las aves?

La Crónica de Chihuahua
3 de junio, 09:18 am

Fuente:
avesdeburgos.com

Una de las incógnitas que nos ofrece el proceso evolutivo de las especies es precisamente éste, el origen de las aves. Digamos de entrada que no existe un consenso entre los estudiosos en lo referente a este tema, que daría mucho para debatir. Sin embargo, y a modo de resumen, podríamos decir que actualmente se barajan dos hipótesis como las más probables: la primera defiende que las aves se originaron en el Jurásico a partir de dinosaurios terópodos (=«pies de bestia»), de hecho serían una rama especializada de dinosaurios terópodos manirraptores; y la segunda sitúa el origen de las aves aún más atrás en el tiempo (en el Triásico), antes que los propios dinosaurios, de forma que las aves habrían surgido de unos reptiles “tecodontos” que habrían dado origen a cocodrilos, pterosaurios, dinosaurios y aves entre otros. Si bien esta hipótesis aún no ha podido descartarse por completo, los diversos hallazgos fósiles encontrados parecen avalar la primera, por lo que para una mayoría de científicos las aves son descendientes de los dinosaurios.

El ave más antigua conocida es el famoso Archaeopterix lithographica, que vivió en Europa hace unos 140-150 millones de años, hacia finales del Jurásico. Esta primitiva ave, que era del tamaño similar al del cuervo o la gallina actual, presentaba el cuerpo completamente plumado, incluida una larga cola (compuesta de 23 vértebras) similar a la de los reptiles. La cabeza presenta el rostro prolongado a modo de pico y con dientes, si bien parece ser que no llegó a tener un pico como tal (estructura córnea de las aves actuales). Los miembros anteriores estaban transformados en alas perfectamente plumadas, pero que aún presentaban 3 dedos a modo de garras. Los músculos pectorales eran débiles, de lo que se deduce que no debió de ser un buen volador, sino más bien una especie trepadora que trepaba por los troncos de los árboles ayudándose de las garras de la mano y de la cola, y que realizaba planeos para desplazarse entre los árboles y para buscar alimento; además debía desenvolverse con soltura también en tierra a tenor de la estructura de su pelvis y de la robustez de las patas. Los que defienden que fue un ágil corredor se basan en esto último, y para éstos el hecho de tener emplumadas las extremidades superiores se debía a facilitar la captura de insectos a la carrera, por lo que las alas serían accesorios meramente de apoyo, no de vuelo.

El hallazgo de los primeros restos fósiles de esta especie se llevaron a cabo en 1861 en Solnhfen, en la región alemana de Baviera. Al parecer, debido al estallido de un violento temporal dos ejemplares de archaeopterix se vieron arrastrados por los fuertes vientos hacia el interior de un lago lejos de la orilla, donde se ahogaron. Sus restos quedaron depositados en el fondo de la laguna, donde quedaron sepultados rápidamente. Con el paso del tiempo, el lodo que los sepultó se convirtió en roca de tipo calcáreo. Todo ello favoreció la fosilización de los esqueletos, de ahí que se encontraran en un óptimo estado de conservación. En la roca quedaron grabados no sólo el esqueleto del ave, sino lo que fueron sus plumas, detalle este de suma importancia dado que permitió corregir una primera identificación errónea. El estudio de estos restos fósiles sirvió para realizar una reconstrucción bastante aproximada de lo que fue el primer ave, que presentaba características extremadamente primitivas.

En el Cretácico (hace 60-125 millones de años) vivieron los Hesperornithiformes (Hesperornis) y los Ichthyornithiformes (Ichthyornis), especies piscívoras similares a los actuales láridos y gávidos que habitaron en norteamérica. El Heperornis fue un ave que se especializó en la vida acuática, de modo que al renunciar al vuelo sus alas quedaron reducidas a pequeñas protuberancias. Se piensa que era un gran nadador, sirviéndose para tal efecto de sus robustas patas, pero en tierra debía de desenvolverse con dificultad; su pico estaba dotado de dientes. Por su parte, el Ichthyornis era un ave de tamaño similar al del actual gorrión. Su aspecto ya era como el de una gaviota moderna, a excepción del pico que estaba dentado.

En 1990, se encontró en la provincia china de Liaoning el fósil de una ave cuyo tamaño era similar al Ichthyornis, y cuya antigüedad se estima entorno a 10-15 millones de años posterior a las primeras aves. Presentaba las alas y la cola similares a las existentes, aunque sus costillas, pelvis y extremidades posteriores eran aún primitivas.

Si bien la especies arriba mencionadas son las más populares y conocidas, cabe decir que han aparecido restos de otras tantas aves tales como, por ejemplo, Teratornis incredibilis (= Aiolornis incredibilis, ave de más de 5 m. de envergadura similar al cóndor actual que vivió en el Pleistoceno, 2,6 millones de años-11700 años), Argentavis magnificens (el ave más grande jamás conocida, una especie que tenía 8 metros de envergadura y entre 70-100 kg. de peso, y que vivió en Argentina hace unos 7-6 millones de años), Mesembrionis rapax (vivió en el Plioceno, hace unos 5,3-3,6 millones de años), Teratornis merriami (3,5-4 m. de envergadura y unos 15 kg. de peso que se extinguió hace unos 10000 años), Phororharcos longissimus (vivió desde el Eoceno hasta el Plioceno)...

Aves fósiles también han aparecido en España, concretamente en la ciudad de Cuenca. En el año 1998, se hallaron restos procedentes del Cretácico inferior (entre 120-130 millones de años). Huesos del hombro y la cola idénticos al de las aves, pero con la pelvis y las extremidades posteriores muy primitivas.

A finales del Cenozoico todos los órdenes actuales ya estaban representados.

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