El secreto del combate a la corrupción

**Parte Morena de una premisa falsa, de que el mal de males, es decir, lo que causa la pobreza y la mala distribución de la riqueza, es la corrupción.


El secreto del combate a la corrupción

La Crónica de Chihuahua
9 de noviembre, 09:33 am

Por Brasil Acosta Peña/
Es Doctor en Economía por El Colegio de México, con estancia en investigación en la Universidad de Princeton, fue catedrático en el CIDE.

El presidente y #Morena dirán que tienen otros datos, pero la realidad suele superar los caprichos de una persona o de un grupo, y la situación de México es grave y delicada y nos perfilamos, irremediablemente, hacia el estado fallido. Efectivamente, el modelo de país y de gobierno que se han trazado los de Morena y en particular su jefe, es decir, el presidente Andrés Manuel López Obrador, parte de una premisa que es falsa y, por tanto, las conclusiones del modelo serán también falsas. Parte Morena de que el mal de males, es decir, lo que causa la pobreza y la mala distribución de la riqueza es la corrupción; sin embargo, además de que se los dijimos con tiempo que eso no era verdad, al paso de dos años de gobierno, vemos que es falso y que el combate que han estado haciendo al supuesto flagelo de la corrupción, al contrario de abatir la pobreza la está incrementando y, peor aún, la corrupción sigue campante y no hay nada que le detenga.

El modelo obradorista dijo que necesitaba este año para sentar sus bases y volverse irreversible y, para ello, han estado modificando las leyes a diestra y siniestra; sin ton ni son; a tontas y a locas y han creado un #Frankenstein que ni ellos saben ahora cómo controlar y qué consecuencias tendrá para sus mismos creadores, no solo en términos electorales el próximo 2021; sino en términos jurídicos y políticos al interior de su propio partido. Ahora bien, lo que no se dice con mucha frecuencia es que este combate a la corrupción en realidad a quien favorece es a la clase más rica de México y del extranjero que tienen grandes y fuertes inversiones en el país. Esto no se dice, pero es el secreto tras el cual está la consecuencia del combate a la corrupción. No sé si se lo proponen o no, pero si no se lo proponen, malo; si se lo proponen, peor.

Trataré de darme a entender. Es cierto que después de la Revolución Mexicana que se hizo en nombre del pueblo, se creó una casta gobernante, una clase política gobernante que fue lo suficientemente hábil para mantener una buena relación con Estados Unidos, bajo un nacionalismo entre socialista y capitalista, aunque evidentemente más capitalista que nada, de tal suerte que esa clase naciente (que no era la clase industrial y poderosa, pues ésta estaba más bien representada por los intereses del Partido Acción Nacional, PAN, que surge en 1939, es decir, en pleno auge cardenista), pudo desarrollarse políticamente, pero surgir como clase económica que pasó a formar parte de las filas empresariales.

Ahora bien, para ser capitalista, según Carlos Marx, es necesario tener dinero, pero no dinero en general, sino una cantidad de dinero suficiente para poder adquirir medios de producción y medios de vida, para que, una vez combinados ambos factores materiales, se obtenga como resultado la producción de mercancías que contengan a su vez el plus producto, que al venderlo, en monetario, se convierta en plusvalía, con lo cual se garantiza la ganancia del capitalista. Pues bien, de esta clase naciente que dependía de la burocracia, los menos “puros” y deshonestos, ciertamente pudieron hacerse de un capital inicial gracias a su pertenencia al gobierno. De hecho, los políticos de esos tiempos tenían una frase: “a mi no me des, sólo ponme donde hay, de lo demás yo me encargo”, es decir, bajo el ala tolerante del gobierno, surgió una pléyade de empresarios que no sólo se encargaban de abastecer al propio gobierno, con lo cual fortalecían sus lazos con la clase gobernante, sino que también garantizaban su ascenso en la escala social. Es así que algunos que fueron verdaderos desconocidos y pobres de origen, gracias a la posibilidad de entrar en las altas esferas del gobierno, pudieron hacerse de un capital, de invertir y luego de incrementar sus ganancias, hasta convertirse en parte de la clase poderosa de México.

Además, es cierto que mucha gente se enriqueció poniendo negocios al amparo de los recursos públicos; otros, en un carácter más cínico, usaban esta frase: “es un error vivir fuera del presupuesto”. Lo cierto es que este modelo llegó hasta principios de los noventa, cuando cambia la clase política en el poder; sin embargo, la esencia del problema no cambió significativamente, pues se siguió usando el poder público como mecanismo para la capitalización de negocios de ciertos funcionarios. El problema es que se inició también una fuerte presión interna y externa por “democratizar” a México, lo cual tuvo como efecto la creación de instituciones autónomas como el Instituto Federal Electoral, entre otros, que se “ciudadanizaron” y comenzaron a criticar a los viejos políticos que usaban el poder público para el enriquecimiento personal. Ahora bien, esta vigilancia ciudadana hizo que se hiciera más difícil echar mano de los recursos públicos, pero también se hizo más costoso por las crisis de 1995, la de 2000 y 2008, de tal suerte que la gente comenzó a notar que se seguían enriqueciendo los funcionarios, pero ellos no veían mejoras en su situación y recordaban con lamento el pasado: “los políticos antes robaban, decía la gente, pero repartían; hoy roban, pero no reparten” y, en parte, el descontento de la gente se manifestó en la alternancia de gobiernos, hasta que el discurso de Andrés Manuel López Obrador, anticorrupción, sedujo a los votantes, ante la promesa de eliminar la posibilidad de que el recurso público sirva para crear nuevos capitalistas, chicos, medianos o grandes; por eso, todos los apoyos a los emprendedores, a las cooperativas, a las asociaciones civiles, fueron cancelados y mediante la Unidad de Inteligencia Financiera se iniciaron procesos de persecución de políticos con dos fines: primero, persecución política para eliminarlos de la palestra y, segundo, para continuar con el propósito de castigar a quienes se hayan enriquecido con el recurso público y ahora tengan empresas al amparo de ese recurso, aunque ello sea una mera presunción y no se haya podido comprobar, pues no vemos muchos políticos detenidos por ese motivo.

El resultado es que, sin proponérselo o a sabiendas, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, ha eliminado de tajo una fuente de competencia al gran capital, es decir, el presidente, con su discurso y sus acciones está fortaleciendo al gran capital neoliberal del que se quejaba y, por lo mismo, está fortaleciendo y favoreciendo a los ricos. Al mismo tiempo, eliminó fuentes de empleo de la gente que podía trabajar gracias a esas pequeñas y medianas empresas surgidas con apoyo legal (y en alguna medida, del uso del presupuesto para esos fines), pero sin una opción que le sustituya, pues no ha crecido la inversión privada, gracias a que, al mismo tiempo, AMLO se ha encargado de generar una gran incertidumbre. De manera que el ganador de la película es la clase capitalista extranjera y nacional, que de pronto se ha visto fortalecida por #AMLO al eliminar una poderosa competencia: la formación y fortalecimiento del capital al amparo del sector público.

Lo malo de todo es que ni se ha acabado la corrupción, se sigue enriqueciendo la gente al amparo del poder público, pero son otros actores y, finalmente, el gran capital es el ganador no es el pueblo pobre. Este es el secreto del combate a la corrupción, este es otro más de los fatídicos resultados de cuarta transformación.

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