El país de los gansos

**Si el gran ganso dice que algo es negro, aunque sea blanco, pues es negro y ya, punto; si el gran ganso dice que hay que discutir algún tema, se discute y si dice que hay que obviarlo u olvidarlo, pues se olvida y ya.


El país de los gansos

La Crónica de Chihuahua
29 de junio, 09:03 am

Por Gabriel Hernández García

En el país de los gansos, las cosas no son como son, sino como el ganso mayor quiere que sean, como le conviene que sean. Si no son de su agrado, basta con que grazne, en los términos que a él le convienen, para que los demás gansitos, digan que todo es como dice el gran ganso. Nadie puede, ni debe ocurrírsele siquiera, pensar y mucho menos decir, que las cosas son distintas, diferentes a como el gran ganso las ve o las dice. Si alguien se atreve a opinar lo contario se expone a la furia irascible, irrespetuosa y violenta, de toda la gansada partidaria del gran ganso. De nada le valdrán argumentos, madurez y mesura, ha incurrido en el sacrilegio de no coincidir con las ideas y palabras del gran ganso y solo por eso ha sido condenado, anatemizado.

Si el gran ganso dice que algo es negro, aunque sea blanco, pues es negro y ya, punto; si el gran ganso dice que hay que discutir algún tema, se discute y si dice que hay que obviarlo u olvidarlo, pues se olvida y ya, nadie puede diferir de lo que el gran ganso diga, haga o piense.

Por ejemplo, cuando todavía no era el gran ganso y era un solo pequeño pececillo de pantano, dijo: “Si ustedes votan por mí y gano, les garantizo que bajará el precio de los alimentos para que ustedes tengan energía para volar” (es obvio que un débil que no tiene energía, es decir, combustible para volar no podrá hacerlo) y cuando esto prometió los gansitos ingenuos, le dijeron – “sí, votaremos”-, y resulta que, cuando ganó el poder no pudo o se le olvidó cumplir su promesa y el precio del alimento (combustible) no bajó y al contrario subió. Los sumisos gansos no dijeron nada para no contradecir al gran ganso, aun cuando sabían que los había engañado.

Un día los gansos le anunciaron, “fíjese señor que hay una extraña enfermedad que está matando a muchos gansos en el mundo, ¿usted qué cree que debemos hacer? La respuesta fue: “nada, nosotros somos inmunes”, y los gansos le creyeron y cuando la enfermedad también los afectó y muchos empezaron a morir, le dijeron, “señor muchos se están muriendo”, y le repitieron, “¿qué debemos hacer?”, y en verdad, en verdad, les dijo – “no se preocupen, compren, una estampita de Sagrado Corazón y esa le va decir a la enfermedad ¡DETENTE!, no me enfermes a este ganso”, y también le creyeron, o no, pero tampoco dijeron nada. Pero como los gansos seguían enfermando y muchos morían, les aconsejó, les dijo a algunos de sus gansos más feos, que declararan, “no se preocupen esa enfermedad solo les da a los gansos ricos y si ustedes se enferman cómanse un caldito de guajolote,” pero como muchos no tenían alimentos de ningún tipo, mucho menos para un caldo de guajolote, se siguieron muriendo y cuando el número de decesos aumentó y ya no se podía ocultar el número de muertos que ascendían a 25, 060, decidió que ya no se debía hablar de ellos y que era mejor callarse y olvidarse del asunto para que los gansos se murieran a su gusto. Total, los gansos se habían muerto porque ellos querían y no porque él se los hubiera dicho, además, ¿quién les mandó morirse sin su autorización? De esos muertos no se debería de hablar porque eso no le gustaba. No aceptó tener culpa por imprevisión e irresponsabilidad y porque teniendo medios para curar a muchos enfermos, él tenía otras prioridades.

También le decían, “señor, pero esto que está pasando va a crear problemas entre nosotros, muchos gansos no van a tener qué comer, va a escasear el alimento y se pronostican tiempos muy graves, quién sabe que pueda pasar”, y él les decía, – “no se preocupen, vamos bien muy bien; los gansos están felices, felices”.

Le daban otro tipo de información, diciéndole, “señor, fíjese usted que, además de la enfermedad esa, muchos gansos se están muriendo porque hay muchos cazadores de gansos que empleando todo tipo de armas matan gansos por todos lados y hasta ahorita, también por esa causa van 53, 628 muertos, ¿Qué hacemos? Y él respondía, “no, no, no, ¿qué no se acuerdan que prometimos abrazos no balazos?” y, se quedaba relativamente tranquilo.

Algunas veces se atrevían a decirle, “Señor, hay gansos que opinan que usted no piensa bien las cosas, que, o chochea, o es usted un gran embaucador y el mentiroso más grande que han conocido; que entre nosotros, los gansos que estamos en el poder, también hay ricos que se están enriqueciendo más y que solo nos usan para encubrirse” y, entonces, el gran ganso montaba en cólera y decía: “Pero, ¿qué no se dan cuenta de que los que dicen eso son fifís, chantajistas, conservadores, representantes del antiguo régimen?”

Como puede usted ver, en el país de los gansos no se tiene en cuenta la realidad, sino solo lo que al gran ganso le interesa o le conviene, lo demás sale sobrando, porque en el país de los gansos se tiene aversión, tirria, coraje y una guerra declarada contra la verdad, ¿no le parece curioso?

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