El horror nuestro de cada día (CII)

CASAS ENDIABLADAS DE LA INDUSTRIAL


El horror nuestro de cada día (CII)

La Crónica de Chihuahua
11 de junio, 18:42 pm

Por Froilán Meza Rivera

Yo me río cuando escucho que anuncian programas de radio en los que invitan al auditorio a participar, oyendo simplemente, en unos supuestos programas que dicen que son visitas a casas con fantasmas.

Me río, de veras, porque esos tipos no saben de lo que hablan. Yo te voy a dar, lector, unas pistas de dónde hay no sólo fantasmas, sino verdaderos demonios, para que vayas si quieres, y te convenzas de si vale la pena o no exponerse a quedar loco, como dicen que yo ya estoy.

La primera no es una casa, sino una bodega, ahí merito donde empieza la colonia Industrial y termina el paso a desnivel que comunica a esta colonia con el Santo Niño. Si llegas y te estacionas a un lado de la vía del ferrocarril, verás que después de la 1 de la mañana, cualquier grito que des ahí, cualquier cosa que digas, te será respondido.

Pon mucha atención: es la bodega que tiene acceso a una vía secundaria del tren. Tú tienes que subir por el paso peatonal y colocarte de frente al portón metálico. Te puedes asomar por entre las hojas de ese portón, pero te recomiendo que te saltes por encima, para que puedas llegar a la zona de bodegas (porque son varias). Caminas por la vía, ya del otro lado, y te darás cuenta de que por más luz haya afuera, acá son sólo sombras. Cuando yo fui, iba acompañado por El Orejas de Perro, un cuate mío que ya felpó, es decir, que ya peló gallo porque se me infartó una vez que un espectro lo agarró del pescuezo... ¡en paz descanse!

Recuerdo que esa vez iba yo platicando todo chiveado con El Orejitas, y que de los rincones nos respondían o imitaban lo que decíamos. “Ven, asómate aquí, parece que hay una lucecita detrás de la puerta”, decía yo, hablándole a mi amigo, y una voz como de cuervo parlante me contestó: “Ven, asómate acá, que hay una oscuridad de muerte”.

Yo ahí, ante esa respuesta que no esperábamos, casi me desmayé de la impresión, y con el miedo que se adueña de todos tus músculos, tuve la valentía de buscar en el rincón de donde provino la voz aquella, pero ahí no había nadie más que un montón de piedras.

Y así, cada cosa que decíamos, cada grito inclusive, nos era replicado no sólo por la voz a la que llamo “de cuervo parlante”, sino por otras, unas como de mujer, otra que era en todo igual a la de una bruja. Pero entre todas esas voces, destacó una que nos amenazó: “Estúpidos mortales que hablan una sola lengua, témanme a mí, que tengo el poder de pulverizar sus apestosos cuerpos terrenales y de tomar sus almas miserables para que sirvan de trapo de limpiar en el lujoso e insondable infierno... ¡váyanse de aquí! ¡Este portal no es para ustedes, este puente de generaciones se hizo para seres elegidos y superiores! ¡Aléjense ya, o los vuelvo tierra!”

Y ¡patitas, para que las quiero!

La segunda es otra casa que está en la colonia Industrial, en la calle Hidalgo, donde está la glorieta. Si vas de Sur a Norte, son dos casas hacia dentro. Hay un pasillo que te lleva al fondo, donde rentaban unos departamentitos hace ya muchos años. Ahí mataron a un tipo que vendía droga. De eso hace ya más de 20 años. El “drogo” se ve en la madrugada corriendo por la glorieta, a la que da vueltas y más vueltas, pero lo que aterroriza más es cuando te lo topas adentro del departamentito, que a veces está solo y a veces tiene inquilinos. Precisamente el día que fuimos, había una familia que se estaba yendo. Ahí estaba durmiendo solo el señor, que se quedó para esperar al día siguiente la camioneta de la mudanza.

Nos contó el pobre hombre que el fantasma viste pantalón de mezclilla y una chamarra del mismo material pero con gorra con forro de franela colorada. Nos contaba el infeliz muy temeroso de que lo hubiéramos interrumpido, cuando “algo” invisible lo agarró por el cuello y lo levantó varios palmos del suelo para depositarlo con violencia en la pared de enfrente. Sangrante, el pobre respiraba apenas, tirado en el suelo.

Nosotros nos pusimos a la defensiva, pero ¿de qué vale cualquier cosa contra un ser del más allá? A mi compita El Orejas de Perro, me lo agarró el fantasma invisible y me lo aventó en contra de mis huesos, y caímos ambos encima de los mosaicos, con algún hueso roto.

El señor del departamentito salió y huyó corriendo por la calle, y lo mismo hicimos nosotros, materialmente molidos y anímicamente jodidos también.

¿Casas embrujadas a mí?


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