El horror nuestro de cada día (341)

HORRORES EN LA CASA DE “EL ALIVIANE”


El horror nuestro de cada día (341)

La Crónica de Chihuahua
Agosto de 2018, 20:27 pm

Por Froilán Meza Rivera

Es una casona lúgubre de tres pisos, ubicada en la calle Morelos, es verde, de estilo descontinuado, ni colonial, ni moderno, ni mucho menos decimonónica, tiene tres pisos y fue construida en 1940.

La casa había albergado, en los últimos años a diferentes jóvenes que llegaron de fuera de la ciudad, y ahí estuvo la organización El Aliviane, que ha sufrido en su peregrinar, a más de un local embrujado.

Es como una maldición, dicen los del Aliviane, que es una asociación que ayuda a jóvenes con diferentes discapacidades por medio del deporte y la acción social. Pero lo que los del Aliviane no toman en cuenta, es que las cosas raras empezaron a suceder antes de que ellos llegaran aquí.

Empezaron a pasar cosas extrañas cuando el edificio era casa de estudiantes. Las cosas se movían, se caían. “Escuchábamos risas burlonas, y hubo sucesos extraños que aterraron a los moradores, al grado de que más de uno salió corriendo”.

Los estudiantes que la dueña albergaba y a los que brindaba asistencia, volvían solamente, si acaso, a recoger sus pertenencias, después de un susto de esos.

Fue casa de asistencia de estudiantes, y ellos mismos narraban lo que ahí sucedía.

Carlos Mirabel y Luis Santacruz, quienes hace diez años eran estudiantes de Medicina y hoy son médicos, dieron su testimonio de lo que sucedió ahí.

Narraron los acontecimientos que ahí sucedían, pero los actuales médicos no se ponen de acuerdo. Según Mirabel, corrían imágenes que iban pegadas a las paredes como sombras, pero que nunca se despegaban.

Tal vez Carlos Mirabel esté refiriendo otro tipo de fenómenos, porque Luis Santacruz asegura que las imágenes como sombras, se cruzaban a veces con la gente por las escalinatas, en la forma de cuerpos de tres dimensiones.

Además, se escuchaba sonido de pasos y algo similar a como si arrastraran cadenas.

“Nos tapábamos los ojos para no ver, y la cabeza, nos tapábamos hasta las orejas con las sábanas y no nos levantábamos ya para nada, si teníamos suerte de quedar dormidos después del susto”.

Y es que los espectros llegaban hasta la misma cama, y envolvían a los inquilinos con sus sonrisas macabras y burlonas.

Ahorita, ya tiene casi diez años abandonada la casona, porque hasta la fecha nadie la ha vuelto a rentar, nadie se atreve a desafiar el maleficio que los vecinos han extendido como un rumor que corre y que se cuenta con terror.

Es la única casa de tres pisos en el vecindario, es muy notable por su porte y su alzada, pero lo curioso es que nadie llega con la dueña a preguntar por ella.
“Será por el rumor”.

“No, yo no creo que sea por el rumor, porque hay incluso hasta empresas de fuera, con base en Monterrey, el De Efe y Torreón, que tienen encomendado a las inmobiliarias locales que les consigan un local corporativo, y qué mejor que esta casona amplia y soleada”.

“Ha de ser algo más, a mí se me figura que este tipo de edificios crea un halo que los envuelve y que avisa a todos los seres vivos que deben alejarse”.

Tal vez.

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