El horror nuestro de cada día (307)

EL LLANTO DE LOS FETITOS DEL PASEO BOLÍVAR


El horror nuestro de cada día (307)

La Crónica de Chihuahua
15 de agosto, 21:38 pm

**Cadáveres de neonatos en una construcción del Paseo Bolívar.

"No esperes
que el tiempo
se diluya como el agua de mar.
No escuches
el llanto
de aquéllos que nunca pudieron lograr".
(TK - «AQUELLOS QUE NUNCA QUISIERON». ALBUM: TRECE)

«Pero, Lau, te debes acordar, ¡quéesalen los pobres fetitos muertos! Es horrible, doloroso, triste... ¿qué clase de persona mata a su propio hijo?»

María de Jesús «Chuchis» Cárdenas, revivió, en una comunicación con su amiga Laura, el día en que, en compañía de su papá, pasaron por una construcción en el Paseo Bolívar.

«Más bien, era como una remodelación, de esas veces como que quieres demoler un edificio, pero lo conservas y le metes todo tipo de mejoras conservando la forma original. Pues así estaba aquel hospital, creo que era una maternidad, y a mi papi y a mí nos llamó la atención que estuvieran los obreros amontonados en un rincón, alrededor de un hoyo».

La clínica aquella, instalada en una casa de finales del siglo XIX, estaba siendo reconstruida, y sus propietarios tomaron la decisión de escarbar, hasta sus cimientos, el ala derecha del edificio, para terminar de tajo con una serie de desagradables incidentes que estaban llevando el negocio a la ruina.

«Pues nos acercamos, y mi papá, como está más alto, se pudo asomar al agujero que habían hecho en el suelo, y su primera reacción fue alejarme para que no viera yo lo mismo que él. Yo ya sabía, Lau, de qué estaban hablando aquellos hombres, estaban diciendo que encontraron el enterramiento colectivo de una serie de esqueletitos, como de niños recién nacidos, o que nunca alcanzaron a ver la luz».

El negocio de la clínica había caído mucho, porque en toda la ciudad se había esparcido el rumor de que las pacientes que pernoctaban en las camas después de sus partos, escuchaban toda la noche unos llantitos como de niños recién nacidos. Los empleados de intendencia y las enfermeras del turno nocturno oían los llantos, y decían que eran lamentos de los fetitos que no nacieron. Hubo quienes pensaron en un principio que eran maullidos de gatos, que muchas veces suenan igual a los bebés, pero al cabo de un rato de escucharlos, se diferenciaban perfectamente.

«¿Pero sabes qué, Lau? A mí me valió, y me colé hasta el agujero, y lo que vi, nunca lo olvidé: ¿Q’ pex? Ahí estaban en fila, los cadáveres, unos en los puros huesitos, otros como momias sin ojos con los pellejitos pegados a los huesos, uno sin cabeza, otros apenas pudriéndose... ¿Sabes, Lau, el trauma que me pegué, a los 10 años, y que nunca superé, y que nunca voy a superar? Es espantoso...».

El llanto de los fetitos se convirtió, en los años previos a la remodelación de la clínica de maternidades, en una verdadera leyenda urbana, y ya no era sólo adentro de las instalaciones, sino que la imaginación popular convirtió toda la zona del Paseo Bolívar en el escenario de aquellos llantitos nocturnos, y hasta de apariciones de fetitos con las cuencas de los ojos vacías.

«No supe ya si hubo alguna investigación, pero lo cierto, querida Laurita, es que por lo menos yo, no pude dormir bien en un mes, y todavía hay noches en que mi única pesadilla que recuerdo al despertarme, es la de aquella hilera de fetitos muertos».

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