El día que se cayó el cielo. A 27 años de la tromba en Chihuahua

ARROYO LA GALERA: UN TESTIMONIO PARA LA HISTORIA


El día que se cayó el cielo. A 27 años de la tromba en Chihuahua

La Crónica de Chihuahua
17 de julio, 17:58 pm

Por Froilán Meza Rivera

Chihuahua, Chih.- “Hasta ese momento, yo tuve a la mujer agarrada de la mano... ella todavía tenía el agua hasta el pecho y yo confiaba en que si no la soltaba, se salvaría, porque el arroyo ya había llegado a su nivel y yo confiaba en que empezaría a bajar, a fuerza”.

Pero el destino dispondría otra cosa...

Muchos arroyos de la ciudad de Chihuahua tienen historias siniestras, y éste, además, tiene una corriente siniestra, asesina. Hay aquí, en las inmediaciones de la calle Fresno, una curva pronunciada que se va a estrellar en los contrafuertes de unas bodegas, y durante más de 40 años, las construcciones urbanas han deformado su cauce, pero arrinconado y constreñido como está, La Galera II ha encontrado la forma de tomar venganza en contra de sus captores.

Hoy, el arroyo ya tiene un puente nuevo, un poco más elevado, para cruzar la calle Fresno entre las calles Velázquez de León y José Martí, pero en 1990, de plano, éste era el arroyo de la muerte.

Pregúntenle, si no, a don Héctor Ortega Sáenz, quien vive justo a un lado del arroyo. “Nadie hace caso de no pasar por aquí cuando llueve”, se lamenta don Héctor. Y eso fue lo que le pasó a una señora y a su sobrina, quienes iban a bordo de un sedán de Volkswagen en este mismo cruce del Arroyo La Galera II en calle Fresno.

El arroyo iba a reventar, y la corriente asesina ya había tratado de cobrar vidas esa noche, a pesar de que un grupo de heroicos vecinos se daba a la tarea de prevenir a los conductores.

Era la noche del sábado 22 de septiembre de 1990, el día de la tromba. La mujer, angustiada porque el autito se apagó a mitad del vado, fue auxiliada por unas personas que giraron el carro en favor de la corriente, con el resultado de que entonces sí se lo llevó el agua.

El vehículo fue arrastrado hasta la otra calle y quedó atorado en el puente. Héctor Ortega pudo sacar a la jovencita del Volkswagen, aunque rescatar a la otra mujer se puso muy difícil.

“Ahora sí, señora, abra el vidrio, le dije, y lo que hizo la señora fue abrir la puerta, pero la fuerza del agua se la devolvió y la golpeó y quedó atrapada”.

En eso, llegaron unos sobrinos de la dama y, desesperados, se subieron al carro y lo hundieron. “Hasta ese momento, yo tuve a la mujer agarrada de la mano... ella todavía tenía el agua hasta el pecho y yo confiaba en que si no la soltaba, se salvaría, porque el arroyo ya había llegado a su nivel y yo confiaba en que empezaría a bajar, a fuerza”.

Pero cuando los muchachos hicieron peso sobre el vehículo, éste se hundió y se fue por abajo del puente, y la señora se ahogó. “Nosotros la ahogamos”, se lamenta hoy don Héctor, a más de 15 años de la tragedia.

Qué frustración fue para Héctor, no haber salvado esa segunda vida.


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