El Brexit y las contradicciones que revela

Por Abel Pérez Zamorano


El Brexit y las contradicciones que revela

La Crónica de Chihuahua
22 de junio, 18:30 pm

(El autor es un chihuahuense nacido en Témoris, Doctor en Desarrollo Económico por la London School of Economics, miembro del Sistema Nacional de Investigadores y profesor-investigador en la División de Ciencias Económico-administrativas de la Universidad Autónoma Chapingo.)

En el Reino Unido se realizará un referéndum el 23 de junio para decidir si el país permanece o no en la Unión Europea (UE). El primer ministro, David Cameron, es personalmente partidario de la Unión, pero al interior de su partido, los tories, y su gobierno, hay un sector de defensores del Brexit (British Exit) o salida, tendencia que hasta hoy aventaja en las encuestas, aunque nada está escrito. Realmente el referéndum es el episodio más reciente de una larga serie de eventos que revelan profundos problemas estructurales de integración, como los de Escocia y Cataluña, o Grecia con su crisis de deuda que amenazaba también derivar en ruptura. El referéndum no resulta sorpresivo si recordamos que el Reino Unido ha seguido invariablemente una política de integración restringida a la UE, privilegiando su alianza estratégica con los Estados Unidos, principal destino de las exportaciones británicas. No se integró al euro como moneda única ni al tratado de Schengen, donde participan 26 de los 28 países, y que establece la libre circulación de personas. Así, en su relación con la UE, Inglaterra hace honor a su carácter insular.

Hoy ‪#‎Cameron‬ y su partido están presionando a la Unión para obtener un status de excepción. Desde febrero han negociado y logrado liberarse de responsabilidades sociales, como la aceptación de Bruselas para que Inglaterra reduzca apoyos otorgados a inmigrantes; sin embargo, hay fuerzas sociales que quieren la separación. Los trabajadores ven con preocupación la oleada migratoria que compite con sus empleos. Según la Oficina Nacional de Estadística, en 2015 la inmigración neta sumó 333 mil personas: en 2014 fueron 313 mil, la mitad procedentes de países no europeos, cifra superior a la meta de cien mil anuales como máximo planteada por Cameron. Tan solo en 2014 arribaron 264 mil ciudadanos europeos (El País, 26 de mayo). La inmigración como amenaza para los empleos es la principal bandera agitada por el conservador Boris Johnson, ex alcalde de Londres, uno de los principales promotores del Brexit. Al respecto, El País, 13 de junio, publica que: “… entre la clase trabajadora, según un estudio reciente, el apoyo a la ‪#‎UE‬ se sitúa en un 36%, frente a un 52% de la clase media”. Y es que el nulo crecimiento económico de Europa y la tremenda desocupación resultante están empujando la emigración hacia países ricos. Hay 1.2 millones de europeos trabajando en Inglaterra, 700 mil de ellos son polacos, y muchos españoles: en 2013 eran 93 mil y hoy suman 150 mil. Agréguense los inmigrantes de África, Asia y Medio Oriente que, jugándose la vida, cruzan el Mediterráneo buscando un empleo que en sus países no encuentran. Como consecuencia, la inmigración junto con el bajo crecimiento económico de Europa propician nuevos y renovados nacionalismos y sentimientos de ‪#‎xenofobia‬ en países ricos, incluso en la Europa nórdica, tradicionalmente hospitalaria. En las pasadas elecciones en Inglaterra registró un considerable posicionamiento el independentista partido UKIP.

Por su parte, los líderes empresariales buscan independencia en materia de regulación financiera y obligaciones laborales, pretendiendo sustraerse a los estándares europeos, y evitar contribuir a rescates financieros de países pobres. La City exige trato especial en la regulación de sus operaciones. Ciertamente, a otros preocupa la salida, pues prevén una reducción de su comercio y pérdida de Inversión Extranjera que reciben bajo el paraguas de la Unión, pues se reduciría el tamaño del mercado, lo cual explica la posición dividida del electorado. Algunas voces advierten de una sostenida pérdida de crecimiento del PIB, pero según Paul ‪#‎Krugman‬ no habría una crisis económica; incluso una libra esterlina barata podría estimular exportaciones. Oponiéndose a la salida se han sumado líderes del mundo capitalista; por ejemplo, como disuasivo la OCDE ha pronosticado un crecimiento de apenas 1.7 por ciento para este año si Inglaterra abandona la Unión, por la incertidumbre generada, adelanto de lo cual sería el aumento en la prima de riesgo país y la depreciación de la libra, sobre todo frente al dólar, que se encarece ante una mayor demanda. Angela Merkel también se opone, apoyada por la opinión pública de su país, y es que Alemania ve con temor afrontar sola los gastos de la Unión, sin el Reino Unido, “contribuyente neto” que aporta más de lo que recibe, y que aun permaneciendo gozará de condiciones de excepción y de una mayor independencia.
Desde una perspectiva geopolítica, los líderes europeos temen que una Europa dividida se debilite ante la creciente influencia de Rusia. Medios de prensa como la BBC insisten en que Vladimir Putin no se ha pronunciado y estaría contento con el Brexit, pues así divide a Europa y aumenta el peso político específico de Rusia en Europa, Asia y Oriente Medio. También se debilitaría la UE ante el vigoroso empuje económico de China, pues los mercados nacionales europeos son muy pequeños para competir con el gigante. Y aunque Barack Obama se ha manifestado contra el Brexit, también es cierto que una Europa fragmentada sería más fácilmente dominada por la OTAN y Estados Unidos, económica, política y militarmente, con lo que este último país se consolidaría como cabeza única del mundo capitalista, y el dólar como moneda mundial; a las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos conviene también una Europa desgastada, incapaz de hacer contrapeso; para que esta sea potencia mundial y factor de equilibrio es decisiva su unión, e Inglaterra no es cualquier pieza: se trata de la segunda economía. Pero Inglaterra no es, ni de lejos, la única dificultad para la cohesión de Europa: existen profundas diferencias que la impiden, como la división entre países pobres (España, Grecia, Portugal y varios de Europa oriental) y ricos (Alemania, Inglaterra y Francia), y disparidades en desarrollo, con las contradicciones de ello derivadas, a lo que se añaden fuerzas regionales centrífugas.

Pero no nos engañemos, el enemigo de los trabajadores británicos, alemanes o franceses, no son los inmigrantes, sino un sistema que empuja a los pobres de países atrasados a buscar empleo donde hay prosperidad.

La causa profunda del problema es el saqueo de la riqueza y el desmantelamiento económico de los países sometidos, causa de pobreza y desocupación. Tampoco en Grecia u otro país pobre de la Unión está el problema: son víctimas cuyo rezago es solo el correlato de la prosperidad de los ricos. Mientras hubo mercados suficientes Europa occidental pudo crecer, cubriendo su faltante de fuerza de trabajo con ‪#‎inmigrantes‬, pero ahora resultan un estorbo con el estancamiento económico, al agotarse los mercados y contraerse las economías. De ahí las tendencias al atrincheramiento, igual que hace Donald Trump en este lado del océano con su propuesta de construir un muro que impida la entrada de mexicanos. Estamos, pues, ante un síntoma más de la ‪#‎crisis‬ global de un capitalismo agobiado por profundas contradicciones.

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