De cómo se repite la historia de “El velado”

“Su cabeza había estado ante el Señor, que le dio la misión de profetizar, y le inculcó palabras tan antiguas que su repetición quemaba las bocas y, le infundió un glorioso resplandor, que los ojos mortales no toleraban, tal era la explicación de la Máscara”.


De cómo se repite la historia de “El velado”

La Crónica de Chihuahua
8 de octubre, 17:01 pm

Por Gabriel Hernández García/
Dirigente antorchista en el estado de Oaxaca

Cuenta Borges que en las crónicas y en la literatura árabe, fue famosa la leyenda o el mito El tintorero enmascarado Hákim de Merv, que en el 736 “de la cruz”, existió en Turquestán un profeta llamado “El velado”, joven que fue enseñado en el oficio de tintorero que se entiende en esos tiempos era “arte de impíos, falsarios e inconstantes” y que, aun cuando llegó a tener poder, reconocía haber macerado la purpura y sumergido en la segunda noche la lana sin cardar para producir hilo y telas dignas de emperadores. Pero, un día sin saber cómo ni por qué se encontraron destruidas las calderas y cubas de inmersión, y en ese instante Hákim desapareció de su casa y de su patria”.

Años después, en un lugar del desierto, un grupo de esclavos, limosneros, chalanes, ladrones de camellos, y matarifes, vieron salir del desierto tres figuras humanas y la de en medio tenía cabeza de toro. Cuando se aproximaron, vieron que éste usaba una máscara y que los otros dos eran ciegos, al explicar tan curiosa combinación, explicó el de la cabeza de toro: “Están ciegos, porque han visto mi cara”.

Después, el de la máscara de toro manifestó que era Hákim, hijo de Osmán, y que en el año 146 de la Emigración, un hombre (un ángel) “había penetrado en su casa, le había cortado la cabeza con un alfanje y la había llevado hasta el cielo”.

“Su cabeza había estado ante el Señor, que le dio la misión de profetizar, y le inculcó palabras tan antiguas que su repetición quemaba las bocas y, le infundió un glorioso resplandor, que los ojos mortales no toleraban, tal era la explicación de la Máscara”. Por lo anterior los incitaba a profesar “la nueva ley” y cuando esto ocurriera y lo adoraran sin riesgo, “como los ángeles ya lo hacían”, entonces también podrían verlo a la cara sin riesgo alguno. Mientras tanto los exhortaba a una guerra santa (yihad) y a su conveniente martirio.

Ante tan extraña figura y tamaño despropósito, nadie le creyó, pero el estrafalario enmascarado realizó el milagro de dejar ciego a un leopardo, ante lo cual todos tuvieron que rendirse y creer las ordenes y exhortación del hombre “de la cara resplandeciente”, el cual los condujo a la guerra santa. Pasado el tiempo, el profeta sustituyó la máscara con cabeza de toro por un Velo Resguardador, llevando adelante su “guerra santa”, en la cual obtuvo éxitos y fracasos, participando en los combates “desde el lomo de un camello rojizo en el corazón agitado de las batallas. A su alrededor silbaban las flechas, sin que lo hirieran nunca, parecía buscar el peligro”.

Para asegurar las conquistas de su guerra y gobernar, tenía “seis o siete adeptos” y para divertirse tenía un harém de “114 mujeres ciegas”.

Para completar nuestro cuadro, Hákim les prometía a todos “un infierno maravilloso, en donde cada uno de ellos, reinaría sobre 999 imperios de fuego”, y en donde, habría un paraíso de felicidad inimaginable.

La desgracia se presentó en el año de 163 de la Emigración cuando el ejército de Hákim fue cercado y, a punto de ser aniquilado, una de las mujeres de su harem confesó que, al extraño y singular profeta, le faltaba el dedo anular y sus dedos carecían de uñas. Ante esta noticia, dos atrevidos capitanes le arrancaron el velo y se quedaron pasmados al contemplar que la “cabeza que había estado en el cielo”, era blanca, pero por estar infectada por “la lepra manchada; era tan abultada e increíble que les pareció una careta. No tenía cejas; el parpado inferior del ojo derecho pendía la sobre la mejilla senil; un pesado racimo de tubérculos le comía los labios; la nariz inhumana y achatada era como de león”.

El profeta amenazó, pero sus imprecaciones no tuvieron el mínimo efecto y sus seguidores lo ejecutaron.

Como puede verse, donde quiera hay charlatanes profetas, mesías, y farsantes que predican, embaucan y engañan prometiendo todo tipo de beneficios mejoras y paraísos.

También nosotros podemos decir a los 2,018 años “de la cruz”, en un lugar totalmente contrario a lo inhóspito del desierto, de los pantanos de Tabasco surgió un mesías con máscara de peje, que predicaba que se creyera en él pues, aunque era una escisión de la mafia del poder, se debía confiar en sus palabras. Que él había estado en ese cielo y que debía y tenía que regresar.

Y el profeta decía: “yo los llevare a una república amorosa”, y muchos le creyeron pues eran ingenuos y otros no, porque no sabían lo que era el amor.

Y el profeta decía: “primero los pobres” y muchos pobres le creyeron, pero no entendían cómo estaba aliado con los ricos y muchos de ellos formaron parte de su gabinete.

Y el profeta decía: “apoyare con becas a los estudiantes para que nadie se quede sin estudiar” pero el dinero se lo daba a los ricos para que lo administrasen a los pobres.

Y el profeta decía: “tengo 3 principios: no mentir, no robar, no traicionar”, y muchos le creían, aunque se les caía la cara de vergüenza pues ellos, como su Mesías, habían traicionado a todos los grupos y partidos donde habían militado.

Y el profeta decía: “en mi gobierno nadie va robar nada, porque yo voy a ser un presidente que no roba”, pero nadie le creía pues siempre lo habían hecho y no sabían hacer otra cosa.

Y el profeta prometió, y prometió, pues conocía el dicho popular de que: “El prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila”.

Pero… ¡oh decepción! todavía no termina de quitársele el “Velo Resguardador” a nuestro nuevo Hákim de Merv y ya empezamos a ver el verdadero rostro que nos indica que todo el halo de moralista, toda la parafernalia y espectáculo que montó e hizo creer a muchos, era solo espectáculo para engañar a ingenuos.

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