Cambio climático agrava la pobreza con “inseguridad alimentaria extrema”, revela informe

«La gran injusticia de esto es que las personas más afectadas por el cambio climático son las menos responsables de provocarlo». Las emisiones conjuntas de estos veintisiete países no superan el 5 % de aquellas pertenecientes a los miembros del G7.


Cambio climático agrava la pobreza con “inseguridad alimentaria extrema”, revela informe

La Crónica de Chihuahua
6 de noviembre, 20:42 pm

EFE

La pobreza y las consecuencias del cambio climático están interrelacionadas, pues de los 35 países más amenazados por el mismo 27 ya experimentan una «inseguridad alimentaria extrema», según el informe «Cambio climático: Una crisis en ciernes», elaborado por Acción contra el Hambre (ACF) y distribuido estos días a los responsables políticos mundiales de la COP26.

Esto supone que 117 millones de personas en el mundo viven con un nivel de hambre crítico o peor, o que casi un tercio de su población infantil sufre desnutrición crónica y retraso en el crecimiento.

«La gran injusticia de esto es que las personas más afectadas por el cambio climático son las menos responsables de provocarlo», según el documento, en el que se asegura que las emisiones conjuntas de estos veintisiete países no superan el 5 % de aquellas pertenecientes a los miembros del G7.

En términos económicos las diferencias resultan más exageradas, ya que el Producto Interior Bruto (PIB) por habitante en estos países amenazados es inferior al 2.5% del PIB por persona de los miembros del G7.

Como ejemplo, el texto compara los casos del Reino Unido y Madagascar: en el primero la riqueza media por persona es 80 veces mayor que en el segundo, donde la peor sequía de los últimos cuarenta años está provocando que casi la mitad de la población viva en una crisis alimentaria y que cuatro de cada diez niños padezcan malnutrición crónica.

«Madagascar se enfrenta a la primera hambruna por el cambio climático», alerta.

El documento advierte a los países desarrollados de que se va «camino de un calentamiento de 2.7 °C y muchos de los efectos ya están fijados»; de hecho, asegura que se están alcanzando «puntos de inflexión», como son el derretimiento del permafrost (capa de suelo congelada de forma permanente) y el retroceso del Amazonas.

Si continúa esta tendencia, el informe predice que para 2040 hasta 3 mil 900 millones de personas estarán expuestas a grandes olas de calor, 400 millones no podrán trabajar y habrá 10 millones más de muertes al año.

Además, el rendimiento de las cosechas caerá en un 50 %, lo que derivará en una bajada en los niveles de alimento disponibles.

No obstante, añade, «todavía hay poca comprensión por parte de los organismos mundiales, los profesionales de la salud y la sociedad civil sobre la relación entre el cambio climático y la nutrición».

Esa relación se acrecienta si se atiende a los bajos niveles de biodiversidad como consecuencia de la acción humana.

La homogeneización de cultivos en todo el mundo ha provocado que de las 250 mil 000-300 mil especies vegetales comestibles conocidas, el arroz, el maíz y el trigo representen «casi el 60 % de las calorías y proteínas que el ser humano obtiene de las plantas».

La amenaza reside en que «la producción de trigo podría reducirse para 2050 un 49 % en el sur de Asia y un 36 % en el África subsahariana», asevera el documento.

Como principales afectados, el estudio cita a las mujeres y los niños y recuerda que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estima que el 80 % de las personas desplazadas por el clima son mujeres.

Al menos el 70 % de quienes viven en la pobreza lo hace en zonas rurales y depende de la agricultura a pequeña escala para sobrevivir y, de ese porcentaje, la mitad son mujeres que ven cómo en muchos casos los «roles tradicionales de género» acaban derivando para ellas en limitaciones en la propiedad de la tierra y en la seguridad financiera.

Frente a todo esto, el texto propone una mayor implicación a los países firmantes del Acuerdo de París de 2015, además de una mayor inversión en políticas de apoyo al agua, el saneamiento y la higiene, o formación y herramientas para la adaptación agrícola transformadora.

En cuanto a la COP26, sugiere «establecer las pérdidas y los daños como un punto permanente de la agenda de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático».