Bolivia y su revolución ejemplar

REPORTAJE INTERNACIONAL// En 12 años, Evo Morales y el Movimiento al Socialismo (MAS) han cambiado radicalmente su matriz económica y transformado la estructura sociopolítica de Bolivia.


Bolivia y su revolución ejemplar

La Crónica de Chihuahua
17 de julio, 21:02 pm

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Nydia Egremy

En 2006, al asumir como 65o presidente de Bolivia, el indígena aymara Evo Morales dejaba atrás 180 años de atraso, golpes de Estado e ingobernabilidad. Hoy, el modelo de desarrollo comunitario boliviano ha hecho retroceder la pobreza, que rondaba el 40 por ciento al 12 por ciento; Bolivia es el país con mayor crecimiento en la región. Ese atractivo actor energético y minero, que protagoniza uno de los procesos más sólidos de transformación en toda América Latina, debe estar en la visión estratégica de la agenda mexicana del próximo lustro.

En 12 años, Evo Morales y el Movimiento al Socialismo (MAS) han cambiado radicalmente su matriz económica y transformado la estructura sociopolítica de Bolivia. Tras nacionalizar los hidrocarburos y modificar las desiguales reglas del juego en la minería, ha revertido la tendencia de hiper-explotación sustentada en el tutelaje semi-colonial de EE. UU.

Bolivia, que por décadas fuera el país más pobre de Sudamérica, se propuso combinar una economía exportadora de productos primarios con la convicción de generar energía y apostar por inversiones estratégicas.

Y entre 2010 y 2017, lograba la proeza de duplicar su Producto Interno Bruto (PIB) al crecer a un nivel que roza el cinco por ciento anual y con reservas arriba de 10 mil millones de dólares. Los efectos virtuosos de ese empuje se expanden a otros sectores como el agroalimentario y científico-tecnológico.

Pese a la desaceleración económica mundial, Bolivia ha reducido la desigualdad; ha inaugurado la séptima línea del teleférico más alto y extenso del mundo y ha ingresado como miembro del banco Asiático de Inversión e Infraestructura. Ese auge se traduce en un país estable, todo un logro en una América Latina que no crece como hace una década y donde la derecha se reposiciona.

Recursos y soberanía

Por siglos, las ricas vetas de minerales del subsuelo boliviano sustentaron su economía, enriquecieron a países importadores y apuntalaron el poder político-económico de la élite local.

En contraste, el gobierno de la Revolución indígena busca revertir el modelo extractivista, que condenaba al país a ser proveedor de recursos. Al dejar de exportar materias primas para producir y exportar bienes con valor agregado, se propone ser el corazón energético del sur.

Al renacionalizar el sector energético, el gobierno del MAS ha aumentado la inversión minera (la Unión Europea ha invertido 276 millones de dólares y ofrece multiplicar su participación), a cambio de tecnologías y capacitación que forme cuadros especializados en el sector.

La minería boliviana revolucionó cuando el Servicio Geológico de EE. UU. –referente global en reservas y producción–, anunció que el país aloja la primera reserva mundial de litio. Ese metal alcalino ha pasado de ser insumo a recurso estratégico al ser indispensable para fabricar baterías de teléfonos móviles, vehículos eléctricos y el sistema de aire en aeronaves y submarinos.

En 2030, el litio boliviano se utilizará en 140 millones de autos híbridos según la Agencia Internacional de Energía (AIE). De ahí que las reservas de ese metal blanquizco, en el boliviano Salar de Uyuni, sean apetecidas por amplios sectores.

Por eso, con visión estratégica, el Estado explota ese potencial y busca determinar el precio mundial (hoy se cotiza en siete mil dólares/Ton.). En alusión a la expoliación de plata que por siglos sufrió Bolivia en la Colonia española, el presidente Morales ha advertido: “No queremos que se repita otro Potosí”.

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