AFORES: ¡Vamos por nuestro ahorro para el retiro!

**Después de 20 largos años de haber sido inventadas las AFORES, podemos afirmar que nada se ha cumplido en lo que respecta a los beneficios prometidos a los trabajadores.


AFORES: ¡Vamos por nuestro ahorro para el retiro!

La Crónica de Chihuahua
Octubre de 2017, 19:00 pm

Por Saúl Cacho

Las Administradoras de Fondos de Ahorro para el Retiro (AFORES), son 11 empresas financieras privadas que desde 1997, por decisión del gobierno, tienen el derecho exclusivo de “administrar” las cuentas individuales de 41 millones de trabajadores mexicanos. Según datos oficiales, entre todas manejan un capital superior a los dos billones de pesos.

Antes de 1997 era el Estado (a través del IMSS y el ISSSTE), quien administraba nuestros ahorros para el retiro y, aunque en forma precaria, nos aseguraba una pensión. Era un sistema solidario, con mayor sentido social, en el que todos ahorrábamos para todos, y al cual se le daba un respaldo económico muchísimo mayor por parte del gobierno. Después de 1997, la seguridad social, que es un derecho de los trabajadores consagrado en la Constitución, dejó de ser visto y atendido como un medio importante de distribución de la riqueza social, para convertirse en un jugoso y sucio negocio, en el que hoy naufraga el ahorro de casi 49 millones de trabajadores. (Datos de octubre de 2012)

Según los capitalistas y el gobierno, “el nuevo sistema es mejor”, porque en él “nuestro dinero se ha puesto a trabajar” para generar rendimientos y recibir, al momento de nuestro retiro, una cantidad superior a la que ahorramos. Cada trabajador –dicen-, de manera “libre” decide qué empresa “administra” sus ahorros para que, llegada su jubilación, se pensione de acuerdo con lo que él haya cotizado, sin echar mano, por así decirlo, del fondo común que se compone del ahorro de todos los trabajadores.

Después de 20 largos años de haber sido inventadas las AFORES, podemos afirmar que nada se ha cumplido en lo que respecta a los beneficios prometidos a los trabajadores y, en cambio, las administradoras han obtenido multimillonarias ganancias, que no provienen sola y exclusivamente de las inversiones que hacen con nuestro dinero, sino de las múltiples “comisiones” que nos cobran por hacernos el grandísimo favor de “manejar” nuestras cuentas. Veamos algunas de las consecuencias de su aplicación:

1.- Según la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (CONSAR), organismo del gobierno federal encargado de controlar y supervisar el sistema de pensiones, las AFORES cobran, en promedio, el 1.5 por ciento sobre el total de los recursos depositados en las cuentas. Si el total acumulado es superior a los dos billones de pesos, el cobro total que hacen esas empresas es superior a los 30 mil millones de pesos. O sea, que sólo por “manejar” nuestro dinero, ya se están embolsando 30 mil millones pesos de nuestras cuotas obligatorias.

2.- Las AFORES de todos modos ganan: por concepto de las “comisiones” que nos cobran, y por los oscuros negocios que hacen. No así en el caso de los trabajadores. Si un trabajador observa en su estado de cuenta que su saldo se incrementa, ello se debe a sus aportaciones, mas no necesariamente a los réditos que debe generar su ahorro.

3.- Las AFORES en nuestro país, son las que cobran las comisiones más altas del mundo, según algunos estudios serios. Las controversias y denuncias interpuestas ante la CONSAR por abusos y “mañosadas” de las AFORES se cuentan por miles y los cambios ilegales de una AFORE a otra, sin el conocimiento del trabajador, están a la orden del día.

4.- Según la CONSAR, en 2012 existían 41 millones de cuentas, de las cuales 20 millones permanecen “inactivas”, es decir, no se han movido en tres años, ni se han incrementado y sus titulares desconocen la AFORE donde se las están “jineteando” porque los patrones no han cubierto su aportación obligatoria.

5.- En unos cuantos meses, como por arte de magia, el número de cuentas se incrementó a 48’530,475, de las cuales, 5,250,523 se encuentran depositadas en el Banco de México, ya que sus titulares “no las han reclamado” y, por tanto, no se le han asignado a ninguna Administradora.

Las AFORES administran los ahorros de los trabajadores sin que nada les impida invertirlos en instrumentos de renta variable del mercado accionario, bolsas de valores fuera del país, instrumentos de deuda privada nacional y papeles de deuda de empresas internacionales, déficit gubernamental, etc., todo esto a pesar de las duras críticas hechas a este “sistema” ni más ni menos que por Carlos Slim, cuestionándolos, sobre todo, por su irresponsable uso de nuestros ahorros en riesgosas inversiones de largo plazo, poniendo el peligro el futuro de miles de mexicanos a cambio de obtener millonarias ganancias.

En todas y cada una de estas anomalías, no hay poder humano, ni político, que obligue a estos poderosos consorcios financieros a informar, de manera clara y periódica cuál es la situación, en qué proyectos se ha invertido el ahorro de cada uno de nosotros y qué tanto vamos ganando en ello.

La CONSAR reconoce, reitero, que existen millones de trabajadores que ignoran en cuál AFORE se encuentran sus ahorros. Las mismas instituciones financieras que atosigan a los cuentahabientes con comunicados ensobretados a domicilio, con infinidad de llamadas a las horas de la madrugada y despachos jurídicos, que desde luego no son gratuitos, no tienen cinco pesos para comunicarle, por escrito a su domicilio o centro de trabajo, a esos millones de trabajadores que desconocen el paradero de sus ahorros, un sencillo recadito a domicilio, como este: “Sr. Fulanito de Tal, lo molestamos para hacerle saber que sus ahorros para el retiro se encuentran depositados en nuestra AFORE ‘X’, para que pase Usted a informarse de sus beneficios”. Muchos de ellos mueren, o de plano renuncian a su pensión a consecuencia de las maniobras evasivas y la tramitología sin fin, ¿Y acaso cree, amable lector, que la AFORE buscará a la viuda o a sus deudos para hacerle entrega de dicho dinero? ¡Jamás!

Como lo hemos reiterado y demostrado sobradamente, los trabajadores del país no sólo movemos los grandes engranajes de la economía nacional con nuestro trabajo diario, duro y mal pagado sino, además y por si fuera poco, también lo hacemos entregando a los capitalistas nuestros ahorros para que con ellos se pueda financiar el desarrollo del país: una parte de nuestros ahorros se invierte en negocios particulares, elegidos al antojo de los banqueros, mientras que otra gran parte se emplea en el gasto corriente y el pago de la deuda externa del gobierno federal. De donde se concluye, contra todo lo que afirman los defensores del Capital, que el verdadero corazón, el verdadero motor de la economía de nuestro país, como el de todos los países del mundo, es nuestro trabajo.

La única fuerza social que los puede obligar es la nuestra, compañeros y amigos trabajadores. Nosotros somos los dueños de ese gran capital, y nosotros seremos los afectados por su abusivo y tramposo manejo. Año con año existe una gigantesca masa de trabajadores demandando una digna jubilación sin encontrarla.

Pero el panorama es mucho más desolador, como lo veremos en la segunda parte de esta colaboración.


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