600.000 muertes en EE.UU. por el COVID-19: el capitalismo estadounidense “normaliza” la muerte masiva

**Biden no ha hecho más que redoblar sus esfuerzos por volver a clases presenciales, impulsado por la demanda de la clase dominante de seguir disponiendo de mano de obra barata llenando las escuelas de niños como si fueran almacenes.


600.000 muertes en EE.UU. por el COVID-19: el capitalismo estadounidense “normaliza” la muerte masiva

La Crónica de Chihuahua
14 de junio, 00:39 am

Andre Damon/
World Socialist Web Site

El jueves, la Catedral Nacional de EE.UU. en Washington, DC, sonó sus campanas 600 veces, una por cada mil personas que han fallecido por el COVID-19 en el país. Este evento, que recibió poca cobertura y ni siquiera apareció en las noticias vespertinas, fue uno de los pocos reconocimientos públicos del horrible umbral que se cruzó de los 600.000 decesos.

El 22 de febrero, tan solo un mes después de su inauguración, el presidente estadounidense Joe Biden dio un discurso para recordar a las 500.000 personas que habían fallecido hasta ese momento. “Si bien hemos combatido esta pandemia por tanto tiempo”, declaró Biden, “debemos resistir a adormecernos ante la aflicción. Debemos resistir a ver cada vida como una estadística o un borrón en las noticias”.

Cien mil muertes después y eso es exactamente lo que ha pasado. De hecho, estas muertes ya ni siquiera llegan al nivel de un “borrón” en las noticias. La mayoría de los días, las noticias vespertinas no mencionan el número de decesos, ni hablar de recordar a los individuos que fallecieron.

La decisión de la prensa de “seguir adelante” respecto a la pandemia fue ejemplificado por el New York Times, que anunció a principios de este mes que pondría fin a su sección llamada “Aquellos que hemos perdido”. “[L]a necesidad de hacer una crónica de la cifra de muertes se ha vuelto menos urgente en la medida en que los números han caído en gran parte del mundo”, escribió el Times, “en la medida en que las tasas de vacunación aumentan y gran parte de la población vuelve a una vida más normal”.

Ninguna persona que vea las noticias vespertinas sabría que, en los últimos 30 días, 15.000 personas han perdido sus vidas a causa del COVID-19 en EE.UU. —más que el total de muertes por SIDA en todo un año—. Y cuando el Instituto para Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington estimó el mes pasado que la cifra real de muertes por COVID-19 se acercaba más a 900.000, la prensa en gran parte lo ignoró.

En cuanto a “gran parte del mundo”, lejos de lo que afirma el Times, la pandemia está haciendo estragos descontroladamente. Incluso antes de que llegar a la mitad del año, más personas han muerto por la pandemia en 2021 (1.884.000) que en todo el 2020 (1.880.000). India registró esta semana 6.148 muertes por día, su nivel más alto hasta la fecha, después de que uno de sus estados más pobres, Bihar, aumentara su total de muertes para incluir a aquellos que han fallecido en casa o en hospitales privados.

Cuando el Times declara que “gran parte de la población vuelve a una vida más normal”, se refiere al hecho de que toda la élite política y la prensa están alimentando deliberadamente un ánimo de celebración, efectivamente declarando que la pandemia se acabó cuando siguen muriendo cientos de personas cada día.

O bien, como lo afirmó Biden este mes, “Estados Unidos se dirige al verano de una manera dramáticamente distinta al verano del año pasado. Un verano de libertad, un verano de alegría, un verano de reuniones y celebraciones. Un verano típico estadounidense que todo el país se merece”.

Esta campaña busca justificar el abandono de cualquier medida seria para contener la pandemia, con el objetivo de garantizar la reapertura completa de las escuelas y los lugares de trabajo para seguir generando ganancias para la oligarquía financiera.

Después de que EE.UU. cruzó el hito de las 300.000 muertes, le World Socialist Web Site señaló a los esfuerzos para “normalizar” la muerte a escala masiva. Escribimos :

La normalización de las muertes resulta de la decisión arraigada en intereses de clases de tratar la “salud de la economía” y la “vida humana” como fenómenos comparables, priorizando el primero sobre el segundo. No bien se acepta la legitimidad de la comparación y la priorización —como lo ha hecho toda la élite política, los oligarcas y la prensa— las muertes masivas son vistas como inevitables.

Desde entonces, se han eliminado casi todas las medidas que quedaban para promover el distanciamiento social o incluso el uso de mascarillas. El 13 de mayo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) abandonaron su guía sobre el uso de mascarillas, urgiendo en cambio a las personas vacunadas a dejar de usar mascarillas y practicar el distanciamiento social en multitudes.

El abandono de las órdenes de uso de mascarilla fue rechazado por los epidemiólogos, quienes advirtieron que la mayoría de las personas en EE.UU. siguen sin vacunarse, mientras están apareciendo variantes peligrosas nuevas del COVID-19 internacionalmente.

En todo el mundo, la llamada variante Delta del COVID-19 —la más transmisible hasta ahora— está aumentando. Esta variante está causando ahora el 91 por ciento de los casos en el Reino Unido, según informó el jueves el Gobierno de Johnson. El número de nuevos casos diarios en el Reino Unido se ha duplicado en las últimas dos semanas, y el Financial Times advirtió que las hospitalizaciones están creciendo “exponencialmente”.

La variante Delta es ahora también la de mayor crecimiento en Estados Unidos, que tiene aproximadamente el mismo porcentaje de población total vacunada que en el Reino Unido (42 por ciento).

Los epidemiólogos advierten que, con la combinación de la disminución de las tasas de vacunación, los estados, en particular en el sur, con grandes poblaciones no vacunadas y el abandono de las mascarillas y el distanciamiento social, Estados Unidos podría enfrentarse a un resurgimiento masivo de COVID-19.

Ante esta catástrofe inminente, los estados están abandonando los esfuerzos por contar siquiera el número de personas que se han infectado. El Wall Street Journal informó el miércoles: “Un número creciente de estados está reduciendo el ritmo de sus informes sobre datos clave de la pandemia, incluyendo casos, muertes y hospitalizaciones”. El Journal señaló que “la mitad de los estados ya no proporcionan informes diarios. Algunos han pasado de reportar datos todos los días a cinco días a la semana. Al menos tres estados han reducido esa frecuencia a tres veces por semana, y Florida y Alabama han pasado esta semana a hacerlo una vez por semana”.

Los epidemiólogos condenaron el desmantelamiento de los mecanismos que permiten incluso dar seguimiento de la enfermedad. “Lo último que necesitamos al enfrentarnos al aumento de la variante Delta hipertransmisible es no tener un control de los datos”, escribió Eric Topol, director del Scripps Research Translational Institute. Topol advirtió: “A medida que las vacunaciones se han ido reduciendo en EE.UU., el número de nuevos casos ya no disminuye”.

Los epidemiólogos también advierten que la variante Delta se dirige a los jóvenes de forma aún más agresiva que las variantes anteriores, lo que subraya el peligro que supone el impulso de la reapertura de las escuelas.

Pero a pesar del peligro, el Gobierno de Biden no ha hecho más que redoblar sus esfuerzos por volver a las clases 100 por ciento presenciales en las escuelas, impulsado por la demanda de la clase dominante de seguir disponiendo de mano de obra barata llenando las escuelas de niños como si fueran almacenes.

Los trabajadores deben rechazar la campaña de la clase dominante para abandonar las medidas de contención de la pandemia, cuyo objetivo es la “normalización” de la muerte masiva para facilitar el enriquecimiento de la oligarquía financiera. Dado que Estados Unidos se ve amenazado por un nuevo resurgimiento de la pandemia mundial, es aún más urgente que los trabajadores se opongan al abandono del distanciamiento social y del uso de mascarillas y al desmantelamiento en curso de la infraestructura sanitaria para el seguimiento y aislamiento de los casos de COVID-19.

El esfuerzo por “normalizar” la muerte masiva refleja la dinámica social fundamental del capitalismo y la subordinación de la vida humana al enriquecimiento de la oligarquía financiera. Es este orden social el que tiene la responsabilidad de la masiva cantidad de víctimas de la pandemia, que es, en última instancia, la espeluznante expresión de la incompatibilidad de las necesidades de la sociedad con el capitalismo.

(Publicado originalmente en inglés el 9 de junio de 2021)