19 de septiembre, dolorosas lecciones

EDITORIAL


19 de septiembre, dolorosas lecciones

La Crónica de Chihuahua
25 de septiembre, 21:11 pm

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Buzos de la Noticia

Los medios de comunicación difundieron detalladamente por todo el país los trágicos efectos del sismo ocurrido el pasado martes 19, la misma fecha en que hace 32 años se presentara un fenómeno semejante que dejó un saldo de miles de muertos, heridos e incalculables daños físicos y morales, principalmente en la ciudad de México.

La cobertura del acontecimiento, del número de víctimas, el derrumbe de viviendas, escuelas, centros de trabajo, la desesperación general y la reacción de los ciudadanos comprobó una vez más la solidaridad del pueblo, su espíritu de cooperación, el humanitarismo espontáneo, la masiva cooperación con las corporaciones de rescate, el heroísmo colectivo; las cadenas de voluntarios dispuestos a ayudar a las personas atrapadas, a buscar desaparecidos y remover escombros arrostrando los riesgos evidentes, comprobaron, como en 1985 y en otros terribles siniestros, el carácter heroico, la unidad y la solidaridad del pueblo mexicano ante la adversidad.

La reiterada admiración expresada por los conductores de los principales medios de comunicación no hace sino constatar un hecho: la colectividad se levanta poderosamente, mostrando superioridad con respecto a la acción individual o de grupos aislados.

También se comprueban características lamentables, salen a relucir los efectos de una sociedad desigual, dividida, en la que priva el individualismo, el autoritarismo, donde el interés privado se impone; la falta de previsión de los conductores de la sociedad cobra vidas humanas a pesar de las frecuentes advertencias de la naturaleza y del conocimiento científico, que indica la necesidad de prevenir riesgos ante fenómenos naturales como sismos, huracanes, inundaciones y derrumbes.

Se comprueba también qué sectores de la población tienen preferencia en medio de un desastre que afecte a todos por igual; no son los centros fabriles, ni las colonias populares o las comunidades más humildes las que atraen de inmediato la atención oficial y mediática; la ayuda es más oportuna y efectiva para las escuelas privadas, las avenidas principales, las zonas residenciales; no solo porque cuenten con más recursos para hacerse oír, sino porque la protección está destinada casi exclusivamente para los sectores pudientes.

Se comprueba también cómo se aprovecha mediáticamente cualquier acontecimiento para favorecer al poder; los dirigentes de los partidos aprovechan la desgracia para hacer proselitismo electoral ofreciendo (a sabiendas de que no sucederá) los recursos asignados a sus institutos políticos, mientras los gobernantes aparecen en la foto como los salvadores y protectores de la sociedad, esa sociedad que mantienen olvidada y que pasada la emergencia volverán a olvidar, como hicieron después del terremoto de 1985, cuando no aprovecharon la terrible experiencia para adoptar medidas preventivas, tomando ejemplo de los gobiernos de otros países, que han sabido reforzar la seguridad de sus gobernados.

Se comprueba, en síntesis, que cuando se presentan contingencias ambientales que producen pérdidas humanas y materiales, la población actúa colectiva, desinteresada y heroicamente; que no es el Estado el factor principal en la protección de los ciudadanos, sino la misma población; que no son los representantes de la clase dominante, minoritaria, los que merecen llevar las riendas de la sociedad; que deben hacerlo aquellos que representen a la mayoría, a los que trabajan, padecen y se arriesgan en los momentos de peligro y que también deben organizarse para conducir a la sociedad, con la capacidad de trabajar organizadamente que exhibieron, una vez más, en los recientes acontecimientos de este segundo 19 de septiembre que, aunque dolorosas, deja grabadas estas importantes lecciones en la memoria del pueblo mexicano.

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