¿Y dónde quedó, pues, el deber del Estado de proporcionar educación de calidad?

**Este último ejemplo es paradigmático porque no se trata de una escuela ubicada en alguna lejana serranía a la que se llega por caminos intransitables. No. Esta escuela se encuentra inmersa en el ámbito urbano, y por cierto en la capital de Chihuahua.


¿Y dónde quedó, pues, el deber del Estado de proporcionar educación de calidad?

La Crónica de Chihuahua
19 de marzo, 09:19 am

Por Froilán Meza Rivera

El Artículo Tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos dice: “Todo individuo tiene derecho a recibir educación. El Estado-Federación, Estados y Municipios impartirán educación preescolar, primaria y secundaria. La educación primaria y la secundaria son obligatorias.” Así pues, la educación gratuita debe ser una de las prioridades del gobierno en sus niveles federal y estatal. Sin embargo, en el estado de Chihuahua, la educación va en retroceso. “Se quedan escuelas sin alumnos, cierran 797”, publicó El Diario de Chihuahua el lunes 3 de febrero del presente. Dice la nota que “Entre 2015 y 2019, al menos 797 centros de trabajo de educación básica ubicados en los diversos municipios de la entidad han sido clausurados por falta de matrícula, revelan datos de los Servicios Educativos del Estado de Chihuahua (Seech). Un examen de los datos muestra que el 55% de ellos son de nivel preescolar (cifra equivalente a 435), en tanto que el 33 son primarias (263 en números naturales) y otro 12%, secundarias (valor que representa 95 centros de trabajo) solo en el caso de Ciudad Juárez.”

Y mientras que en algunos lugares se cierran las escuelas por falta de matrícula, aun teniendo buenas aulas y materiales para el estudio, en otras instituciones se imparten clases en aulas en muy malas condiciones y sin el material necesario para recibir una educación digna. Y como ejemplo, se puede citar el caso del municipio de Guadalupe y Calvo, remontado en la Sierra Tarahumara, donde 5,680 niños estudian en muy deplorables condiciones, sin aulas, sin mobiliario, sin libros, y en algunas comunidades sin luz, como consecuencia del poco apoyo de la federación. Un caso: la comunidad de Tuaripa, ubicada a nueve horas de la cabecera municipal, donde los alumnos provenientes de comunidades aledañas tienen que caminar hasta 4 horas para llegar al centro escolar, por lo que el salón de clases se convierte en dormitorio y comedor para que las niñas y niños indígenas puedan permanecer estudiando de lunes a viernes.

El actual presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, hizo muchas promesas cuando andaba en campaña electoral pidiendo votos, muchas de ellas en el ámbito educativo: “Vamos a fortalecer la educación pública, gratuita y de calidad en todos los niveles escolares, bajo la premisa de que la educación no es un privilegio, es un derecho del pueblo”, se llenó la boca para expresar eso que la gente quería escuchar y que muchos le creyeron y le tomaron la palabra. Y aunque no todos hayamos votado por él, es válido, es pertinente, es necesario que nos cuestionemos: ¿dónde quedó su promesa de campaña? ¿Acaso ya existen escuelas de calidad en todo el territorio nacional? Si así fuera, nada de lo mencionado líneas arriba existiría o, en el mejor de los casos, estaría en franca superación. Pero no.

Me permito agregar otro caso, muy representativo del mal estado de la educación, así como del mal trato y la deficiente atención que se da a los pobres por parte de los gobiernos en muchos de los aspectos de la vida social, pero también y muy marcadamente en el tema que hoy abordamos. Este último ejemplo es paradigmático porque no se trata de una escuela ubicada en alguna lejana serranía a la que se llega por caminos intransitables. No. Esta escuela se encuentra inmersa en el ámbito urbano, y por cierto en la capital del estado de Chihuahua. El CECYT “Margarita Morán Véliz”, en la colonia Vistas Cerro Grande, fue fundado por el Movimiento Antorchista en agosto del año 2016, previa aplicación del Estudio de Factibilidad recomendado por la Secretaría de Educación y Deporte, y que dio como resultado que en esta zona de las colonias situadas en las faldas del Cerro Grande, existía, como todavía existe, una gran demanda nunca resuelta ni atendida por las autoridades correspondientes, de educación del nivel medio superior Empezó sin aulas, en locales prestados por la comunidad, con docentes que decidieron sacrificar sus ingresos a costa de poder servir a estudiantes de escasos recursos cuyas alternativas para estudiar eran, son, planteles lejanos y para muchos, inalcanzables por una lejanía representada por el pago de hasta cuatro pasajes diarios en camión urbano para ir y volver. Hablamos de hasta 180 o 200 pesos por semana, una fortuna que las familias no pueden darse el lujo de gastar. Después de haber ocupado con cierta incomodidad unas instalaciones comunitarias, decidieron rentar una casa en la que permanecieron laborando hasta que, en octubre del año pasado, la dueña del inmueble les pidió que desalojaran. En un terreno que está destinado a alojar las instalaciones definitivas del CECYT, y desde el pasado 28 de octubre, la comunidad estudiantil, los maestros y los mismos padres de familia se dieron a la tarea de levantar una estructura provisional en donde pudieran los muchachos tomar clases. Empezaron a construir cinco aulas con madera en el terreno que conquistaron, también con su lucha y movilizaciones ante el gobierno del estado.

Hay que decir que la escuela ha estado funcionando regularmente y sin interrupciones desde el verano de 2016, y ya completaron tres ciclos escolares (están en el cuarto año), con todas las materias, tanto del nivel bachillerato, como de las dos carreras técnicas que se imparten acá: la carrera de Técnico en Enfermería General y la carrera de Técnico en Soporte y Mantenimiento de Equipo de Cómputo.

Ya tienen egresados, algunos de los cuales, superando las condiciones de pobreza de su entorno, entraron a estudiar ingenierías en el nivel superior. Hace apenas unos días, y como premio a que los jóvenes estudiantes se han solidarizado con las personas más pobres de su entorno, llevando atención básica de enfermería a las humildes viviendas con curaciones, inyecciones, aplicación de sueros, etcétera, la Fundación del Empresariado Chihuahuense (FECHAC) les aprobó y patrocinó un proyecto elaborado por los propios alumnos, llamado “Vida sobre ruedas”. Se les otorgó equipo consistente en dos bicicletas de montaña para poder llegar a los lugares más difíciles de la periferia, con sus equipamientos de seguridad, dos cascos, material de curación como sueros, jeringas, alcohol, etcétera; unas mochilas especiales, así como dos maniquíes para prácticas de primeros auxilios, un esqueleto y un maniquí de órganos que les servirán para su formación académica.

Aquí, a pesar de todas las condiciones adversas, pese a llevar sus clases en jacalitos de madera, la academia tiene un alto nivel, lo que agregado a la voluntad de lucha incansable de la comunidad estudiantil, deben prender un foco de alerta entre quienes en el Gobierno se empeñan en no dar la validez oficial. Recordemos que la oficialización de este CECYT, y del CECYT de la colonia Laderas del Norte, de Ciudad Delicias, así como de otros planteles de nivel bachillerato y de la primaria de nueva creación de Punta Oriente, son algunas de las demandas educativas que se contienen en el pliego petitorio que el Movimiento Antorchista sometió ante el Gobierno del Estado y por el cual tienen ya tres años luchando porque se concreten y se solucionen, en beneficio de la gente más desprotegida del estado.

En este contexto, el reconocimiento de los empresarios al proyecto de la carrera de Enfermería, es un argumento de mucho peso para oficializar el CECYT, un argumento indudable y un triunfo sin duda alguna, de la lucha por conquistar la educación para el pueblo.

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