“Vamos requetebién”: AMLO

**Ahora, veamos a quién beneficia el presidente, porque ya vimos cómo sus decisiones le pegan a los más pobres, pues a los más fuertes y a sus amigos les da lo que le pidan.


“Vamos requetebién”: AMLO

La Crónica de Chihuahua
6 de julio, 18:44 pm

Por Lenin Campos Córdova/
Dirigente del Movimiento Antorchista en San Luis Potosí

Si mal gobernares, tuya será la culpa…
M. de Cervantes.

Hace unos días, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), dijo que era fácil gobernar y que sólo se requería de sentido común, pero que gobernar bien era otra cosa. Y en efecto, si se gobierna bien, ello es algo que rebasa a un presidente en ejercicio y a su sexenio, pero si se gobierna mal, quienes lo resienten de inmediato son los más pobres, a ello se deben las impresionantes movilizaciones que ya se han iniciado contra su mal gobierno. Contrastada con la realidad no deja de notarse, en su expresión, una confesión implícita de su incapacidad para gobernar bien, a menos que se le vea más arrogante de lo que es; sin embargo, la idea subyacente expresada aquí es falsa y contradictoria en sí misma, porque para gobernar es indispensable el conocimiento, entre otras ciencias, de la estadística, las matemáticas y la economía, mismas que desconoce el presidente, como lo han comentado ya la prensa nacional y varios columnistas de renombre, por lo que se puede concluir que el presidente, cuando declara y creé que dice verdades de a kilo lo que está haciendo es demostrarnos su escaso conocimiento y que se le están enredando, hasta hacerse bola, los presupuestos y los hilos del poder.

Si de lo que se trata con la declaración citada es de insistir en la necedad de que vamos “requetebién”, entonces miremos la realidad: La falta de certidumbre en las políticas del gobierno de AMLO continuará pesando sobre el crecimiento del país, debido al impacto sobre la inversión, tal como lo advirtió el Fondo Monetario Internacional (FMI), al recortar su pronóstico de crecimiento del PIB a 1.6 y 1.8 para 2019 y 2020. Por otro lado, pero no menos importante, México tiene el nivel histórico más bajo en la calificación Riesgo País, la cual determina el grado de confianza de la inversión extranjera y la capacidad crediticia de una nación, este índice contrasta unos países con otros, no solo desde el punto de vista de su rentabilidad económica, sino también mide las relaciones políticas, la seguridad pública, la personalidad y capacidad de cada mandatario. México, actualmente en estos indicadores internacionales, tiene la calificación más baja de su historia.

Pero aún hay más, a nivel interno, durante los últimos seis meses hubo un subejercicio de 100 mil mdp y se prevé que, para diciembre de este año, llegue a los 250 mil mdp, de ese tamaño es la inactividad del gobierno y por lo que se ve ésta es la manera de disponer discrecionalmente del presupuesto para las “prioridades” del ejecutivo. La situación se agrava, pues el endeudamiento del país llegó a un máximo histórico con 11.237 billones de pesos, a lo que hay que aumentar el reciente crédito de 8 mil millones de dólares contratado por el presidente con la banca mexicana e internacional para “rescatar Pemex”. Y, por si fuera poco, a raíz de su decisión de cancelar el aeropuerto, a los tenedores de bonos les pagará 395 mil mdp, con el impuesto a la Tarifa de Uso de Aeropuertos (TUA), que durante 30 años se empleará para pagar tan estratosférica suma, sin que tengamos un aeropuerto de primer mundo en Texcoco ni en Santa Lucía. A pesar de que AMLO, una y otra vez, prometió no endeudar al país, aquí se demuestra la negatividad y el afán destructivo que caracteriza sus verdaderos afanes. Así de caros como inviables, son los caprichos y ocurrencias del presidente.

La desinversión inducida por las erróneas decisiones del ejecutivo, que ya describimos, pega de frente al empleo y a los más débiles, pues la tasa de desocupación absoluta fue de 3.5 por ciento, lo que representa un millón 886 mil 205 mexicanos sin trabajo, cifra que seguirá creciendo por los recortes anunciados en diversas dependencias federales. Si consideramos, además, el empleo informal, tenemos que casi el 57.1 por ciento de los mexicanos carece de un empleo seguro, bien remunerado y estable, por lo cual, también puede llamársele desempleo disfrazado, el cual se agudizará por la nula inversión, los recortes presupuestales y la falta de crecimiento económico en la que nos tiene estacionados la 4T.

Ahora, veamos a quién beneficia el presidente, porque ya vimos cómo sus decisiones le pegan a los más pobres, pues, a los más fuertes y a sus amigos les da lo que le pidan, como se evidencia en su decisión de descongelar las cuentas de Altos Hornos de México y de Hidrosina, empresas acusadas de “fraude” por él mismo, mientras que está haciendo quebrar a muchos pequeños empresarios que sí generan empleo y pagan impuestos; o sea, a quien tiene caballo, caballo le da y sobre los que tienen poco o nada, que no pueden hacerse valer con dinero, palo y pedrada.

En conclusión, el presidente carece de la más mínima noción para gobernar, pues sus acciones, mal planeadas, no traen nada nuevo, ni mejor, ni diferente, pero sí es apreciable que en la 4T la destrucción económica del país y el endeudamiento seguirán creciendo. Que conste.

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