Una dependencia con razón de dólar

REPORTAJE NACIONAL


Una dependencia con razón de dólar

La Crónica de Chihuahua
7 de marzo, 13:00 pm

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Martín Morales

Las razones por las que México compra algunos productos estadounidenses, como las gasolinas y el maíz amarillo, dependen más del poder de persuasión política que los intereses de las corporaciones trasnacionales de Estados Unidos (EE. UU.) tienen sobre el gobierno mexicano que de la incapacidad del país para producir estos bienes.

México es un país petrolero que extrañamente no puede refinar y cubrir su demanda nacional de gasolinas, que importa de EE. UU; es superavitario en producción de maíz blanco pero deficitario en maíz amarillo, que adquiere de maiceros estadounidenses - líderes del producto en el mundo- para completar más del 70 por ciento de su requerimiento local.

Los hidrocarburos no son materia, al menos hasta el momento, del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), suscrito por México, EE. UU y Canadá en 1994, pero no es imposible que se incluyan en las renegociaciones que ha exigido el iracundo presidente Donald Trump, al igual que los impuestos “compensatorios” y las nuevas reglas comerciales que éste propone para la adquisición del maíz amarillo y otros insumos básicos producidos en su país, cuyos precios podrían incrementarse.

Sin reparar en las deterioradas condiciones de la producción agrícola nacional, el presidente Enrique Peña Nieto, y su secretario de Agricultura, José Calzada, han asegurado que la solución para cubrir la demanda nacional de maíz amarillo, de reducirse la importación de EE. UU., sería comprarlo a proveedores de América del Sur, particularmente a Brasil y Argentina, quienes ya le venden a México aunque a escala ínfima.

“Pero en Brasil y Argentina los corporativos siembran maíz transgénico, que es el mismo que se trae de EE. UU para consumo animal, aunque no se dice”, señaló a buzos Alejandro Cruz Juárez, dirigente del Movimiento Agrario Indígena Zapatista (Maíz).

El presidente Peña Nieto y el secretario Calzada han planteado la posibilidad de reducir las importaciones de maíz amarillo estadounidense en respuesta a los maltratos de Trump a México, pero el país está fuertemente amarrado a los intereses de las corporaciones trasnacionales de esa nación, de las que se depende lo mismo para la refinación de gasolinas –derivadas del petróleo mexicano– que de la producción de maíz amarillo.

Con respecto a esta dependencia, por cierto, es necesario aclarar que México es superavitario en la producción de maíz blanco y que, de manera contradictoria, se ofrece todo a los corporativos agropecuarios para que siembren maíz transgénico en territorio nacional, pese a la lucha política que las organizaciones civiles y campesinas mexicanas sostienen por evitarlo.

“Es una equivocación cambiar una dependencia por otra; lo que debería ocurrir es sustituir las importaciones de EE. UU. por producción nacional de maíz; México tiene la capacidad de producir todo el maíz que requiere el consumo nacional; pero se necesita de otra política, una de autosuficiencia alimentaria y del rescate del campo después de 30 años de abandono. Pero eso el gobierno no lo quiere reconocer, porque sólo está interesado en preservar los privilegios y los beneficios de un sector minoritario de la población en México, y para las grandes corporaciones trasnacionales”, afirmó a buzos Víctor Suárez Carrera, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productos del Campo (ANEC)

“Tampoco es una solución traer ahora maíz de Brasil y Argentina; serían importaciones caras y seguiríamos en el circulo vicioso de más de 22 años de un TLCAN que únicamente ha producido migrantes, carestía en los alimentos y crimen organizado en el territorio rural del país. El TLCAN significó el abandono del campo; hoy se requiere su rescate y una política basada en precios remunerativos a los productores; que haya certidumbre en la comercialización, financiamiento accesible principalmente a los pequeños y medianos productores, innovación tecnológica con asistencia técnica apropiada, con una nueva organización productiva y una regulación de las importaciones y exportaciones”, expuso el ingeniero agrónomo y dirigente de la ANEC.

“Tenemos la capacidad para producir 12 millones más de toneladas de maíz en los siguientes tres años; tenemos capacidad para producir todo el maíz necesario, frijol, arroz, trigo, sorgo; pero necesitamos una nueva política y otro gobierno, porque éste es un gobierno necio, atado y capturado por los intereses trasnacionales, de Maseca, Bimbo, Bachoco, Lala, Nestlé, Monsanto, Pepsico, Coca Cola: Éste es el interés que está detrás del TLCAN; son sus beneficiarios; los campesinos queremos que cambie esta situación. Desde un principio, cuando la negociación del TLCAN, dijimos: fuera la agricultura del TLCAN, perderemos la soberanía alimentaria; pero los gobiernos entreguistas no hicieron caso. Y si ahora aceptamos la renegociación del TLCAN que exige el hostil Trump, los resultados van a ser aún peores”, advirtió Suárez.

Dependencia del maíz extranjero

La dependencia hacia las importaciones estadounidenses de maíz amarillo es manifiesta: En 2016, México importó en total 13 millones de toneladas métricas (mtm), de las cuales 12.75 mtm adquirió en EE. UU., por un monto de dosmil 300 millones de dólares; el resto, es decir, las 0.25 mtm fueron adquiridas en Brasil y Argentina. En 2015 se le pagaron a EE. UU. dos mil 403 millones de dólares, equivalentes al 25.1 por ciento de las ventas totales de ese país, el principal productor internacional de este alimento.

“Para el caso de los productores de EE. UU., el gobierno tiene un mayor compromiso con su producción nacional, con el apoyo de su llamada farm bill (ley agrícola), que integra seguros agrícolas, subsidios, programas de conservación. En 2014 incluso aumentó en un 60 por ciento su presupuesto destinado al campo, cosa totalmente diferente a lo que ocurre en nuestro país, que por las condiciones de nuestro gobierno, no se ha buscado salir del estancamiento de nuestra agricultura nacional”, dijo Rosario Castro, ingeniera agrónoma e integrante de El Barzón.

El 23 de enero, Enrique Peña Nieto afirmó que el nuevo objetivo de su gobierno es fortalecer la integración regional con países de América del Sur. “México se acercará más a Argentina y Brasil, países con los que estamos trabajando para profundizar y ampliar las oportunidades de comercio”, dijo textualmente. Algo similar expuso el 16 de febrero el secretario de Agricultura, José Calzada, quien explicó que se trata de una estrategia para anticiparse a las negociaciones del TLCAN exigidas por Trump, las cuales –calcula el gobierno mexicano– se abrirían a partir de la segunda mitad de este año.

“El hecho de traer maíz de EE. UU. o de otro país, es a costa de dejar de producirlo en México: es provocar que los pocos empleos que podamos producir se pierdan. Ellos dicen que es más barato importar maíz de EE. UU; el problema es que esto causa destrucción en nuestro país; ha producido migración, se ha perdido soberanía alimentaria y se han dejado de producir empleos”, resaltó Alejandro Cruz, dirigente de la agrupación Maíz.

El TLCAN sigue vigente

Los compromisos económicos pactados en el TLCAN siguen vigentes y su posible renegociación empezaría a mediados del año, cuando la cosecha de maíz 2017-2018, que empieza en abril próximo, haya terminado, esto quiere decir que continuará la importación de maíz amarillo de EE. UU y, peor aún, que podrá incrementarse.

El pasado 17 de enero, Juan Pablo Rosas, presidente de la Confederación Nacional de Productores Agrícolas de Maíz de México (CNPAMM), advirtió que la importación del grano amarillo estadounidense deberá incrementarse este año con al menos el 20 por ciento a fin de cubrir la demanda nacional.

El aumento en esta importación será de entre 16.8 y 19.2 millones de toneladas, debido fundamentalmente a que la producción nacional disminuyó a causa del incremento hasta del 40 por ciento en los costos de producción, propiciados a su vez por el alza de precios en las gasolinas, el diésel y el dólar, cuya nueva paridad frente al peso elevó los insumos como los herbicidas.

Rojas planteó que, en el caso del maíz blanco, estos aumentos de precios empujaron al alza el precio del kilo de tortillas, producto vital para la mayoría de la población mexicana. Incluso destacó que el gobierno no podrá garantizar que el precio por kilo permanezca sin incrementos y calculó que su precio oscilará entre los 14 y los 20 pesos el kilogramo en algunos estados de la República.

El dirigente de los maiceros se pronunció en favor de la conclusión del TLCAN y que en caso de sólo renegociarse se exigieran mejores condiciones para los productores agropecuarios mexicanos porque su versión actual sólo ha ocasionado graves daños al campo nacional e inundado de maíz amarillo, que llega al país a menores precios porque su producción está subsidiada.

A pesar de las promesas oficiales de diversificar la compra de maíz amarillo a otros países, los intereses mercantiles de los corporativos y del gobierno de los EE. UU, la falta de recursos financieros del gobierno mexicano y la debilidad del peso frente al dólar operan en sentido contrario porque el precio internacional de este producto va a la alza.

Negocio trasnacional

Para el mercado neoliberal, cuya mirada está dominada por el lucro a toda costa, el maíz amarillo es mucho más que un alimento para animales o para seres humanos, porque es también un insumo para la fabricación de etanol –energético sucedáneo de gasolinas– porque es considerado un “commoditie” en los mercados financieros y porque su valor influye en otros mercados, razones por la que su precio internacional está a la alza.

En Perspectivas a largo plazo para el sector agropecuario de México 2011-2020, análisis de la Subsecretaría de Fomento a los Agronegocios de la Secretaría de Agricultura (Sagarpa), elaborado en 2011, hay un pronóstico del crecimiento del mercado del etanol elaborado con maíz amarillo estadounidense. “(…) durante el periodo de estudio, se espera que la producción de etanol en EE. UU. se incremente, pero a un ritmo menor que el observado durante los años de expansión, 2005 a 2009.

Asimismo, se prevé que el 36 por ciento de la demanda total de maíz se utilice en la producción de etanol (…)”. Se enfatiza, asimismo, que la demanda de etanol y biodiésel continuará aumentando en el mundo, debido a las políticas energéticas de EE. UU. y la Unión Europea.

Para alcanzar los máximos beneficios, los corporativos trasnacionales estadounidenses y europeos han apostado a técnicas agrícolas que les permitan producir más maíz amarillo a menores costos, no sólo para producir bioenergéticos sino para consumo humano; para ellos promueven la siembra de especies genéticamente modificadas, organismos conocidos como transgénicos, que organizaciones nacionales e internacionales han denunciado reiteradamente como precursores cancerígenos.

Desde hace tres años y medio en México se desarrolla una disputa legal entre agrupaciones nacionales y corporativos trasnacionales predominantemente estadounidenses –Monsanto, Dow Agrosciences; Pioneer-Dupont (PHI México) y Sygenta Agro, entre otros– en la que se esgrimen ante los tribunales evidencias científicas de que los transgénicos comportan riesgos cancerígenos para quienes los consumen.

Hasta ahora hay 17 procedimientos en 17 tribunales, donde se han interpuesto 22 juicios de amparo contra la siembra de transgénicos, los cuales han sido atacados por las secretarías de Agricultura (Sagarpa) y del Medio Ambiente (Semarnat) del gobierno federal, en apoyo de las citadas corporaciones trasnacionales a fin de echar abajo la prohibición temporal de sembrar maíz transgénico que el 17 de septiembre de 2013 ordenó la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) mientras concluyen los juicios abiertos.

Las organizaciones civiles agrupadas en la central Sin Maíz no hay País, denunciaron, por vía de René Sánchez Galindo y Francia Gutiérrez, que los corporativos trasnacionales no han cesado en su intención de producir maíz transgénico en México porque están apoyados por las autoridades federales y porque suponen que la decisión final para sembrar o no maíz transgénico en el país –la cual está en manos de los magistrados del Primer Tribunal Colegiado en materia Civil del Primer Circuito con sede en la Ciudad de México- puede serles favorable.

EE. UU. primer productor mundial

En el ya el citado estudio de la Sagarpa, los contrastes en la producción de maíz amarillo y blanco se detallan de la siguiente forma: del consumo del maíz amarillo en el país se dice que en 2011 fue de 11 millones de toneladas métricas (mtm): “(…) en México, se consumen aproximadamente 11 mtm anuales de maíz amarillo. Alrededor del 70 por ciento se destina a forraje y el 25 por ciento a la industria almidonera; el resto es para consumo humano y otros usos (…)”.

Con respecto al consumo de maíz blanco, se indica “(…) en 2011, se estima un consumo de aproximadamente 20 mtm; el cual se divide en: autoconsumo, 5.4 mtm; comercializado, 11.9 y pecuario 2.4 mtm y el resto se utiliza para semilla u otros usos y finalmente, merma. Para 2020 se estima un consumo de 24.6 mtm (…)”.
En una gráfica se expone el crecimiento superavitario del maíz blanco. Inicia en la producción de 2009, cuando se produjeron más de 18 mil toneladas (ton); en 2010 saltó a casi 22 mil ton; en 2011 cayó a poco más de 20 mil ton; en 2012 se disparó a cerca de 24 mil ton y así se mantuvo hasta 2015; en 2016 presentó un mínimo incremento a 24 mil ton, pero con una tendencia creciente en 2017, 2018, 2019., de tal forma que llegará a casi 25 mil ton en el año 2020.

Los estados productores de maíz blanco mexicano son: Chiapas, donde se sembraron en 2014 un total de 593 mil 241 hectáreas (ha); Jalisco 578 mil 44; Estado de México 542 mil 102; Michoacán 474 mil 628; Guanajuato 397 mil 76 y Sinaloa 50 mil 546 ha. En los demás estados se produjeron tres millones 155 mil 380 ha. En cuanto a los precios, por ejemplo, en el Bajío se vendió a dos mil 600 pesos la tonelada (p/t) en 2014 y en Michoacán a dos mil 650 p/t.

Con respecto al maíz amarillo, el estudio dice: “(…) contrario al superávit de maíz blanco, el mercado de maíz amarillo es deficitario. Dadas las condiciones actuales, se estima que éste continúe aumentando en el mediano y largo plazo. Se estima que para este año (se refiere a 2011), las importaciones de maíz amarillo en México superen los 7.9 mtm (…)”.

El mismo análisis prevé que EE. UU se mantendrá como primer productor del grano en el mundo: “(…) se estima que el comercio pase de 93.2 mtm de maíz en 2010 / 2011 a 113.2 mtm en 2020 / 2021. Se prevé que las exportaciones de EE. UU. se incrementen y se mantenga como el principal exportador mundial de este grano (…) Se estima que la producción mundial de este grano incremente a lo largo del periodo de estudio. En EE. UU. se espera que ésta pase de 318.6 mtm a más de 388 mtm (…)”.

Según datos actualizados del Departamento de Agricultura de EE. UU. y de organismos internacionales, este año EE. UU. se mantendrá como el líder productor en maíz amarillo. Su producción en 2017 será de 384 mil 778 mtm; China producirá 219 mil 554 mtm; Brasil 86 mil 500 mtm; Unión Europea 60 mil 309 mtm; Argentina 36 mil 500 mtm; Ucrania 28 mil y México 26 mil mtm.

El gobierno mexicano sigue aferrándose al modelo económico neoliberal, que ya hundió en la pobreza, el desempleo y la desesperación a la mayoría de los mexicanos.

“En México y en el mundo –señaló a buzos Alejandro Cruz– hay una enorme sumisión a los intereses de EE. UU. Ante las exigencias de Trump, el gobierno es pasivo, es como si estuviera esperando que se calme tantito para negociar con él… Es para llorar la posición que está tomando el gobierno mexicano”.

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