Tortura, asesinatos, violaciones: lo que CNDH ha ocultado sobre secuestros a migrantes en 2019 y 2020

**Aunque la CNDH conocía del secuestro y extorsión a migrantes ha preferido mantenerlo oculto durante más de un año y no hablar de ello ni en sus informes ni en comunicados.


Tortura, asesinatos, violaciones: lo que CNDH ha ocultado sobre secuestros a migrantes en 2019 y 2020

La Crónica de Chihuahua
7 de febrero, 13:46 pm

PorManu Ureste y Alberto Pradilla/
Animal Político

Secuestros masivos y extorsiones, lo mismo a manos de grupos armados que de servidores públicos. Cuerpos policiales que capturan a migrantes y los entregan al crimen organizado. Familias aterrorizadas que miran cómo sus compañeros de tránsito hacia Estados Unidos son torturados hasta sacar el número de teléfono de alguien que pueda pagar por ellos.

Son escenas de lo que personas migrantes han vivido en México cada día de los últimos dos años, en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, y que la actual Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) se ha encargado de silenciar y ocultar.

El asesinato de 19 migrantes ocurrido el pasado 24 de enero en Camargo, Tamaulipas, es solo el último ejemplo de una larga historia de violaciones a los derechos humanos de quienes van en ruta hacia Estados Unidos.

Pero esta violencia no es un hecho aislado.

Entre septiembre de 2019 y febrero del año pasado, la CNDH elaboró 32 documentos con testimonios que narran torturas, amputaciones, violaciones, y asesinatos de personas migrantes, entre las que habría mujeres, niños, niñas y adolescentes. En las agresiones estuvieron involucrados integrantes del crimen organizado, pero también funcionarios estatales y federales de la policía, según el relato de las víctimas.

Los documentos a los que Animal Político tuvo acceso muestran que los testimonios fueron tomados por la CNDH en seis estaciones migratorias y estancias provisionales de detención, así como en 12 albergues de la sociedad civil en el norte, centro y el sur del país.

Y que las autoridades actuales de la CNDH tienen pleno conocimiento de los casos.

La propia titular de la Comisión, Rosario Piedra Ibarra, recibió por escrito el 20 de noviembre de 2019, tan solo cuatro días después de asumir el cargo, copia de los testimonios de agresiones a migrantes recabados entre el 24 y 26 de septiembre en Tapachula y en Arriaga, en la frontera sur de México. Así lo prueba el oficio OF/TAP/573/2019, elaborado por la Oficina Foránea de la CNDH en Tapachula.

El 4 de febrero de 2020, Elizabeth Lara Rodríguez, la nueva directora general de la Quinta Visitaduría, recibió copia del oficio SE/DOI/0140/20, elaborado por la directora de Organismos Internacionales de la CNDH, Ángeles Corte. En el escrito, que este medio obtuvo por transparencia pública, se expone que Médicos Sin Fronteras informó del secuestro de 11 jóvenes hondureños que fueron agredidos “física y sexualmente” en Tabasco, advirtiendo, además, que “los métodos de tortura” y “la violencia” contra los migrantes en la zona “no son aislados”.

El 13 de mayo de 2020, la Dirección General de la Quinta Visitaduría también recibió por escrito una nota informativa de personal de la propia CNDH, donde se advierte que las agresiones y secuestros de migrantes en el país siguen sucediendo con los mismos niveles de violencia que hace una década, cuando la Comisión publicó en 2009 y 2011 sendos informes especiales sobre agresiones sistemáticas a migrantes en México.

A pesar de lo anterior, la CNDH ha optado por mantener oculta la información por más de un año, y no dar a conocer públicamente estas violaciones. No lo ha hecho en comunicados, ni en recomendaciones, ni en un informe especial. Ni siquiera hizo mención a un solo caso de secuestros de migrantes en el primer informe de actividades de Rosario Piedra al frente de la CNDH, el pasado 20 de noviembre.

La CNDH, incluso, clasificó como información “reservada” los testimonios, alegando que transparentarlos pondría en riesgo la vida de los migrantes, a pesar de que esos testimonios son anónimos; es decir, no incluyen nombres, ni direcciones, ni ningún otro dato personal de la víctima, salvo la nacionalidad, y la fecha y el lugar donde fueron recabados los casos.

Mientras la CNDH reserva la información, el presidente Andrés Manuel López Obrador insiste que, en su gestión, “ya no se violan los derechos humanos de los migrantes”. Aunque los testimonios silenciados por el órgano autónomo lo contradicen.

“En el lugar donde nos encerraron había cadáveres de niños y adultos regados por el piso”, relató uno de los migrantes entrevistados por la CNDH en un albergue de Tijuana, Baja California.

“Nos hicieron caminar por el monte hasta una cañera, y ahí nos robaron todo. Nos golpearon y nos pidieron los números de nuestros familiares. Mis sobrinos dieron el número de mi hermana, su mamá, porque estaban espantados. Empezaron a golpear fuerte a mis sobrinos para que su mamá escuchara los gritos mientras le pedían el rescate. Mi hermana terminó pagando tres mil dólares por nosotros”, dijo otro migrante hondureño en un albergue en Tenosique, Tabasco.

“Me pegaban con las manos en la nuca y en las piernas con un garrote repetidamente para sacarme información. Me amarraron toda la noche y marcaban de mi teléfono a mis contactos para torturarlos y exigirles dinero para no matarme”, relató un guatemalteco en un albergue en Torreón, Coahuila.

Desde el pasado 7 de enero, Animal Político ha buscado hasta en cuatro ocasiones a la CNDH para conocer su postura.

Si bien no concedió entrevista, la CNDH envió el 8 de enero un resumen de 44 comunicados de prensa con diversas recomendaciones emitidas en defensa de migrantes. No obstante, ninguna de esas recomendaciones está relacionada con los casos de secuestros masivos.

Este mismo lunes 1 de febrero, ante la insistencia de este medio en obtener una entrevista, la CNDH envió otro escrito en el que, por medio de cuatro puntos, defiende su labor de protección a migrantes, señalando que realiza visitas periódicas tanto a estaciones migratorias, como a albergues de la sociedad civil.

Además, apuntó que en 2020 emitió 10 recomendaciones al Estado mexicano por violaciones de derechos humanos a migrantes. Y aseguró que actualmente se encuentra realizando un “análisis” para “evaluar las capacidades institucionales del Estado mexicano para cumplir con los derechos” de los migrantes, “a fin de exhortar a que se fortalezcan las instituciones que deben atender a las personas (migrantes)”, tanto a las que son víctimas de secuestro, como a quienes viajan en caravanas, solicitantes de asilo, etcétera.

Sin embargo, la CNDH tampoco explicó en este último escrito por qué no ha dado a conocer los testimonios de secuestros masivos, de los que, a continuación, se revela una muestra.

Este es el México al que decenas de miles de migrantes se enfrentan a diario, la situación que la CNDH ha mantenido oculta.

Tortura, asesinatos, violaciones: el informe oculto de CNDH sobre migrantes
Ilustración: Andrea Paredes y Jesús Santamaría

“Ya no recuerdo cuántas veces ni cuántos me violaron”
País de origen: Honduras

Fecha y lugar donde la CNDH tomó el testimonio: 1 octubre 2019, Santa Catarina, Nuevo León

“Tuve que huir de mi país con seis meses de embarazo porque el marero con el que vivía ya tenía vendido a mi hijo cuando naciera.

Llegando al municipio de Vanegas, cerca de San Luis Potosí, unos policías municipales subieron al camión donde viajaba y me quitaron el dinero. Después me entregaron a otras personas con uniforme oscuro con un mapa de México en la parte alta de la manga. Ellos me llevaron a otro lugar donde había otras ocho mujeres. Supe que era un secuestro porque nos obligaban a hablarles a nuestros familiares y a pedir dinero por nuestras vidas.

Practicaban el snuff: violaban a una entre todos mientras la acuchillaban. Yo recuerdo ver pedazos de cuerpos y a ellos masturbándose. Nos pegaban y violaban en repetidas ocasiones. Ya no recuerdo cuántas veces ni cuántos me violaron porque casi siempre me desmayaba. Les imploraba para que pararan, pero no servía de nada. Al contrario, me hacían más daño. Me decían que me matarían si gritaba.

Enfrente de mí mataron a algunas mujeres. Nos trataban como si fuéramos sus juguetes eróticos. Por mí pagaron 850 dólares.

Por las armas y las claves que utilizaban para hablar, casi puedo asegurar que eran policías los que me secuestraron. Salí de ahí totalmente perdida, humillada, golpeada, hinchada y desmoralizada. Tuve que acogerme a un programa de protección de víctimas. He tardado mucho en poder recuperar mi vida.

Me tocó recorrer mucho y vivir muy malas experiencias en México. Mi hija tuvo que nacer en México, y nació bien gracias a los cuidados que me dieron en el albergue”.

Tortura, asesinatos, violaciones: el informe oculto de CNDH sobre migrantes
Ilustración: Andrea Paredes y Jesús Santamaría

“Éramos 75 en cada casa de seguridad. Pedían 5 mil 500 dólares por cada uno”
País de origen: Guatemala

Fecha y lugar donde la CNDH tomó el testimonio: 25 septiembre 2019, Huixtla, Chiapas

“Esto fue el 15 de febrero de 2019, cuando entré por la Mesilla con 50 personas y un pollero. Llegamos a Villahermosa (Tabasco) y ahí nos reunimos con más gente. Éramos en total alrededor de 425 personas. A todos nos metieron en tráileres.

Recuerdo que salimos un martes por la noche. Como llevaba mi celular, el jueves me di cuenta por el GPS de que estábamos en Altamira, Tamaulipas. Ahí de repente el tráiler se paró. Abrieron las puertas y aparecieron muchos hombres armados. Nos bajaron y nos metieron a otro camión sin techo, de esos donde llevan ganado. En el mío íbamos como 70 hombres. Todos hacinados.

Tardamos alrededor de seis horas en llegar a Heroica Matamoros (Tamaulipas). Ahí, nos quitaron los teléfonos y el dinero que cargábamos, y nos metieron en diferentes casas pequeñas. Éramos como 75 por casa. Todas bien encerradas. Luego nos dijeron que nos iban a cruzar (a Estados Unidos), pero querían antes 5 mil 500 dólares por cada uno. Creo que eran los del Cártel del Golfo. Gente muy violenta, bien armada, y con chalecos antibalas, gorros, y pasamontañas.

Fue un secuestro muy grande, de ahí que las autoridades se dieron cuenta. Yo pienso que les pusieron el dedo y el domingo en la noche llegaron los de la Marina a rescatarnos. Pero los del cártel tienen gente en cada esquina que les informa, y por eso siempre encuentran la manera de escaparse. Nunca los agarran.

(Las autoridades) nos llevaron a un albergue. Estuvimos tres días en el refugio y luego nos llevaron a la estación migratoria Siglo XXI (de Tapachula, Chiapas). Allí, al ingresar, el personal te dice: ‘Bienvenido al infierno’.

Me devolvieron a mi país el 1 de marzo de 2019. Pero volví a intentar cruzar en septiembre de ese mismo año. Le pagué 25 mil quetzales a un pollero por dejarme en la frontera y me volvieron a agarrar. Ahora estoy detenido en Huixtla (Chiapas) y me van a deportar otra vez.

México cuesta cruzarlo. Dejas mucho dinero aquí y ni así logras llegar a tu destino”.

Tortura, asesinatos, violaciones: el informe oculto de CNDH sobre migrantes
Ilustración: Andrea Paredes y Jesús Santamaría

“Me secuestró la policía”
País de origen: Honduras

Fecha y lugar donde la CNDH tomó el testimonio: 24 septiembre 2019, Tapachula, Chiapas-

“En junio de 2019, entré con cuatro amigos por La Mesilla (frontera sur entre Guatemala y México). Un día íbamos caminando cerca de un retén por San Cristóbal (Chiapas) y nos detuvieron unos agentes uniformados y armados. De repente, levantaron el retén, nos subieron a una patrulla, y nos llevaron a una estación de policía muy cerca del retén. Estacionaron la patrulla y nos dejaron ahí adentro.

Luego, uno de los agentes llegó y nos dijo: “Si quieren salir libres tienen que pagar 60 mil pesos o los entregamos a Migración”.

Nos exigieron números de contacto y nos obligaron a hablarle a nuestras familias para pedirles que les hicieran los depósitos a cuentas de otras personas. Nos retuvieron más de un día y medio adentro de la patrulla. Sin comer, sin beber, y con amenazas y maltratos. Entre ellos se turnaron para cuidarnos hasta que nuestras familias negociaron con ellos, les depositaron el dinero, y nos dejaron ir.

No sé qué tipo de agentes eran. Pero yo creo que eran de la policía estatal por lo cerca que estaba su estación del retén que improvisaron.

En mi país también corro peligro. Lo único que busco es poder trabajar”.

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