San Miguel Monteverde, un ejemplo de desarrollo para el mundo

**El pueblo es una referencia satelital, su forma de caracol es visible desde Google Maps. San Miguel es ahora una de las primeras agencias municipales que cuenta con agua potable, drenaje, escuelas, alumbrado público, telefonía satelital e Internet.


San Miguel Monteverde, un ejemplo de desarrollo para el mundo

La Crónica de Chihuahua
7 de julio, 11:25 am

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Águeda Robles

En 1989, San Miguel Monteverde, del municipio de San Antonino Monteverde en la Mixteca oaxaqueña, era una comunidad de menos de mil personas montada sobre un cerro y habitando en casas de madera o adobe dispersas que carecían de servicios de agua potable, drenaje, electricidad y escuelas. En su mayoría, los habitantes, de San Miguel no tenían empleo y se veían obligados a emigrar a otros pueblos en busca de un futuro mejor.

Hoy, en el escenario de pobreza extrema y abandono en que sobreviven otras comunidades de la región, incluida la cabecera municipal, San Miguel Monteverde que hoy muestra orgullosa los resultados del trabajo organizado; sus habitantes aseguran que el Movimiento Antorchista los ayudó a encontrar el camino para acceder a una vida mejor.

En San Miguel El Viejo, como ahora es conocida la comunidad, las familias han dejado atrás las graves carencias que padecieron hace casi tres décadas, pero no olvidan que para llegar a Huajuapan de León tenían que caminar cerca de 24 horas; recuerdan con orgullo los esfuerzos que tuvieron que realizar para superar ese pasado.

«Ni las mulas más fuertes, podían llevar los postes para que se electrificara el pueblo; poco era lo que se podía comer, pues se dependía de las cosechas y de la mano de Dios. Así vivíamos antes», relata con sentimientos encontrados Miguel Santiago García, habitante de la población.

Testigo de la trasformación del pueblo y de lo que ha significado el trabajo del Movimiento Antorchista, don Miguel da gracias a quienes impulsaron su llegada y a quienes aceptaron emprender ese cambio.

LO QUE SIGUIÓ FUE COMO EMPEZAR DE NUEVO

El Movimiento Antorchista llegó a San Miguel Monteverde en 1983, aunque no se ha definido con precisión quién lo introdujo. Los vecinos de mayor edad solo recuerdan que las familias adheridas a la organización poco a poco fueron ganándose la confianza de los habitantes con la ejecución de trabajos comunitarios.

En un par de años, los pobladores de San Miguel se convencieron de aceptar la guía de la recién llegada organización social para hacer algo por ellos mismos, pues permanecían olvidados completamente por los tres órdenes de gobierno.

Eduardo Cruz Miranda, ex agente municipal, relata que, convencidos de que la unión hace la fuerza, lo primero que hicieron fue mover la conciencia de los pocos que no aceptaban los cambios y que se negaban a dejar sus tierras. Esta etapa fue una de las más difíciles y complejas, pues se enfrentaban a algo nuevo que ni siquiera los más persuadidos estaban seguros que saldría bien.

Superado ese primer obstáculo, de la mano de Antorcha Campesina encontraron el lugar idóneo para vivir y, entre el 27 de diciembre de 1989 y el inicio de 1990, lograron levantar un acta de donación de tierras comunitarias, previamente declaradas aptas, para el nuevo asentamiento humano de San Miguel.

Lo que siguió fue como empezar de nuevo, aunque la siguiente etapa resultó fácil gracias al apoyo del Movimiento Antorchista, pues a través de él conocieron al ingeniero Manuel Irineo, quien diseñó dos planos para la construcción de la nueva comunidad. Ambos proyectos satisfacían el principal requisito de los habitantes: que el nuevo pueblo no estuviera lejos de su asentamiento original, donde quedaban sus raíces.

Los habitantes quedaron maravillados con uno de los planos, porque a diferencia de la dispersión con que hasta entonces habían vivido, el proyecto de Irineo los ubicaba en un mismo entorno social, ordenado y armonioso, que con el paso del tiempo se fue concretando a la perfección, al grado de que hoy San Miguel es un referente satelital en Oaxaca.

PENETRA, LECTOR, EN LA HISTORIA DE ÉXITO

Luego de que en una asamblea comunitaria se hizo la distribución de las casas habitación, calles y demás sitios, se inició el traslado de la población. Con melancolía dejaron sus tierras y se trasladaron a su nuevo hábitat; hoy no se arrepienten de haber aceptado el cambio, los beneficios del mismo son evidentes.

En 1991 los pobladores recibieron los documentos oficiales que los declaraban dueños de sus lotes y, con la gestión de Antorcha Campesina y sus propios recursos comenzaron a levantar las primeras viviendas, construidas con tabiques, cemento y lámina; los pisos ya no eran de tierra apisonada, sino de cemento.

Los ojos de Margarita Cruz se llenan de lágrimas cuando recuerda cómo sus padres fueron testigos de la construcción de su pueblo, y cómo en el mismo año de su arribo al nuevo asentamiento pudieron ver que en sus hogares había tuberías y llaves de las que podía salir agua potable.

Antorcha Campesina fue la responsable de este logro, reconoce la mujer, quien asegura que la gestión la hizo la organización ante lo que era el Servicio de Agua Potable, hoy Comisión Estatal del Agua (CEA), que en ese momento asignó un presupuesto de 187 mil 320 pesos para el financiamiento de la obra.

A partir de ese momento comenzó a notarse el progreso: las calles se pavimentaron y en agradecimiento a este desarrollo urbano éstas recibieron el nombre de dirigentes del MAN: una se llama Aquiles Córdova Morán; otra Gabriel Hernández García; una más Pablo Cruz Cruz; todas recuerdan a quienes ayudaron al pueblo a forjar un destino mejor.

Los pioneros del nuevo San Miguel Monteverde guardaron en una botella de vidrio, para no olvidar nunca su origen, una nota redactada en español y mixteco, en la que se reseña la historia de cómo llegaron a esa región y quiénes los ayudaron. Hasta nuestros días, esa memoria se conserva para que en el futuro sea leída por las nuevas generaciones.

San Miguel es ahora una de las primeras agencias municipales que cuenta con agua potable, drenaje, escuelas, alumbrado público, telefonía satelital e Internet. Además, es un pueblo que ha aprendido a vivir sin divisiones, con hermandad y bajo el lema de que un pueblo organizado puede romper cualquier barrera de pobreza y marginación.

Han logrado también la construcción de un preescolar, una primaria y una telesecundaria y tienen la esperanza de contar muy pronto con una institución media superior para que los jóvenes de San Miguel no tengan que salir de la comunidad, en donde la mayoría trabaja apoyando las labores del campo.

En la población convergen tres religiones diferentes (católicos, protestantes y pentecosteses) cuyos creyentes contribuyen por igual en labores comunitarias, en la construcción de edificios y trabajan colectivamente para beneficio de sus templos y rituales confesionales.

Hoy la comunidad cuenta con más de dos mil habitantes que han encontrado solución a sus necesidades de empleo; ya no emigran como antes; continúan luchando unidos como una sola familia comunitaria para enfrentar las adversidades que puedan presentárseles y siguen confiando en la organización que les dio la oportunidad de tener una vida mejor.

La comunidad, ubicada a dos horas de la capital del Estado, sin duda es ejemplo de cómo el pueblo, organizado y con una guía honesta y comprometida, puede alcanzar niveles muy altos de bienestar y desarrollo de sus comunidades.

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