Respuesta al “intelectual” Sergio Mastretta

Por Aquiles Montaño Brito


Respuesta al “intelectual” Sergio Mastretta

La Crónica de Chihuahua
Diciembre de 2017, 08:30 am

(Responsable de prensa en Puebla del Movimiento Antorchista)

Leí, obligado por la insistencia del autor para que Antorcha conociera su escrito, dos textos nauseabundos de Sergio Mastretta con una extensión de 15 páginas, ¡puf!, en los que pretende explicar cómo es que Antorcha Campesina se ha convertido en un “poder fáctico” que “genera caos” en la ciudad de Puebla.

Sinceramente, no creo que alguien en Puebla o en México tenga el estómago y el tiempo para leer completos los dos textos a que me refiero, pues ambos supuran digresiones interminables, pedantería suprema y terminajos propios de esa basura de academia que se llama a sí misma intelectual para esconder su ignorancia supina sobre las leyes que rigen a la sociedad, a la que intenta dar una explicación racional y armónica, y justificar, en nombre del orden y la ley, por qué los pobres deben soportar sin chistar la miseria en la que viven gracias a que los empresarios se enriquecen sin trabajar y, ellos sí, violando olímpicamente la ley. Sin embargo, en atención a la insistencia del autor, aquí va nuestra respuesta.

Sergio Mastretta sostiene que la capital de Puebla, a diferencia de hace muchos años, “es una ciudad sometida por el caos”, “caos que está organizado” por Antorcha Campesina; según él, porque Antorcha es una “máquina inmobiliaria”, es decir, que se dedica a construir, arrendar, vender y administrar viviendas y que, por tanto, “marca el rumbo de crecimiento” caótico de la ciudad de Puebla. Nada más que Antorcha no construye, arrenda, vende ni administra viviendas, como sostiene Mastretta por sus puros pantalones, sin argumento de por medio. Como se ve imposibilitado para probar la tesis de que somos una “máquina inmobiliaria”, Mastretta recurre, mañosamente, a afirmar de entrada lo que en realidad debería concluir tras aportar pruebas de su investigación. Aunque él sostiene que “antes de cualquier epíteto, hechos concretos”, lo cierto es que miente desde el inicio para poder seguir mintiendo después. Y con esa lógica “desarrolla” toda su investigación. Esto bastaría para echar al caño a Mastretta y sus textos completos, pero sigamos.

Con esa desfachatez que lo caracteriza, en su primer texto afirma que en la ciudad de Puebla Antorcha tiene presencia en 57 colonias, pero una semana más tarde, en el segundo texto, dice que no, que ya sumó, restó y contó bien, y que ahora son ¡88 las colonias antorchistas en la capital! Y para “probarlo” da una larga lista de nombres de colonias que según él son antorchistas. Pero ambos números son incorrectos y los nombres de muchas colonias también. De manera que, por la gracia de nuestro mago de la aritmética, un buen día miles de capitalinos se levantaron convertidos en “antorchistas” sin deberla ni temerla. He aquí con qué seriedad “investiga” Sergio Mastretta, un señor que se presenta a sí mismo como “periodista con 39 años de experiencia”. Los “hechos concretos” que presume para darle fuerza a su texto palidecen de vergüenza porque el señor no sabe sumar bien.

Si sus números son para reírse, con su tesis dan ganas de llorar de pena ajena. Según Mastretta, Antorcha marca el rumbo del crecimiento caótico de la ciudad de Puebla porque es una inmobiliaria… y bla, bla, bla. No voy a detenerme a rebatir cada uno de los “argumentos” que ofrece, pues no resisten un análisis superficial, pero sí diré que cualquier estudiante universitario, y no de los más avezados, sabe que el rumbo de crecimiento de cualquier metrópoli no lo marcan las fuerzas políticas que actúen en ella, sino el modelo económico que concentra la producción de mercancías en las grandes ciudades, a las cuales, por este hecho, llegan miles de campesinos para probar suerte en las fábricas y en los empleos urbanos en general, acrecentando de este modo y de manera vertiginosa el número de personas que viven en ellas. En un sistema económico que provoca desempleo y pobreza en el campo, la emigración desordenada de la gente hacia los polos de concentración de fábricas y de riqueza es una constante. No hay que ser muy inteligente para observar este mismo fenómeno en la emigración de mexicanos hacia Estados Unidos o de africanos hacia Europa. ¿Y esto es culpa de Antorcha? ¡Sólo a Mastretta se le puede ocurrir! ¿Es caótico? ¡Claro que es caótico! ¡Desde luego que nadie pone orden ni puede ponerlo mientras exista competencia anárquica en la producción de mercancías! Pero ese desorden es, ni más ni menos, culpa del sistema económico en el que vivimos. Pero Sergio Mastretta, un pseudo periodista de lo más ignorante, se monta en sus cuatro y dice que Antorcha es la culpable del caos. Desde luego, a nuestro perfumado “intelectual” le enferma ver a “su” ciudad llena de indígenas serranos, mixtecos o, sencillamente, de pobres harapientos que construyen sus casitas con lo que pueden en la periferia de la ciudad. Y como el toro embrutecido se lanza con furia contra lo que aparentemente se mueve solo, sin notar que alguien más lo está moviendo.

¿Qué es lo que hace Antorcha? Tratamos de resolver un problema que no generamos nosotros, pero que afecta la vida de millones de personas. Organizamos a la gente sin vivienda y, entre todos, compramos un terreno a precio accesible; y, después, luchamos para lograr apoyos a la vivienda, calles pavimentadas, energía eléctrica, sistema de drenaje, escuelas, casas de cultura y campos deportivos. Todo esto es obligación del Estado proporcionarlo a sus ciudadanos. ¿Está mal pedirle al Gobierno que cumpla su obligación? Mastretta sostiene que sí, que está mal, porque con nuestra lucha nos convertimos en un “poder fáctico” de presión.

Todo esto me lleva a lo último que quiero decir, por ahora, sobre los textos de Mastretta. Según él, nuestro derecho a exigir una vida digna nos convierte en una “maquinaria de movilización de ciudadanos pobres (…) en las calles para responder a la orden de una organización” o, como resume él mismo, en un “grupo de poder fáctico” que doblega a los gobiernos. Una mentira de cabo a rabo: la gente protesta en las calles no por una “orden” de Antorcha, sino porque el hambre y la necesidad apremian y el Gobierno no cumple. Si al señor Mastretta no le gusta que los pobres hagan “caos” en “su” ciudad con sus marchas, debería entonces de reclamarle al Gobierno que cumpla con su trabajo de brindar condiciones de vida dignas para sus gobernados. Y punto. Eso es lo más lógico y sensato.

Sergio Mastretta sostiene que Antorcha es un “poder fáctico” y, como buen Procusto de la pluma, transcribe su definición de librito barato y a fuerza nos mete en ella. Otro error infantil del intelectualismo embustero: hacer teorías y luego meter a la realidad en ellas, para ver si la realidad se ajusta; si no se ajusta, ¡entonces la realidad está mal! Dice Mastretta: “Un poder de facto es el que se funda en una acción colectiva y que despliega recursos paralelos, en el borde o abiertamente contrarios a la ley (…). Ahí cabe de todo, igual el huachicol que las empresas inmobiliarias o los gánsteres sindicales (…) y la lideresa popular plantada con sus huestes afuera del Ayuntamiento gritando se ve se siente y ahorita me resuelves”. ¡Muy bonito! Con esa lógica todo el mundo es poder fáctico… hasta la piara que no conoce la ley y por tanto la viola. Hasta el mismo Sergio Mastretta es un poder fáctico, pequeño, minúsculo, casi un quark, pero poder fáctico al fin. Su texto contra el derecho de las personas a tener una vida digna es una invitación a violar la ley. ¿No dice la Constitución que los mexicanos tenemos derecho a una vivienda digna, a la educación, a un salario remunerador para que no vivamos en la pobreza? Desde luego que sí. Y, ¿no dice la Constitución que si el gobierno no cumple con estas obligaciones tenemos derecho a organizarnos y a protestar? Sí, claro que todo eso lo dice. ¿Y se cumple? Pues no se cumple. Sólo un enano mental afirmaría lo contrario. Y Mastretta, con sus berrinches y lloriqueos sobre los “poderes fácticos” y el “caos” y las “movilizaciones” está justificando la violación de los derechos elementales de los mexicanos.

Toda la basura de academia al servicio del poder de la clase explotadora justifica, previo pago contante y sonante, el abuso de ésta sobre los débiles y critica el mínimo intento de las masas anónimas para librarse de sus cadenas. Y como la verdadera ciencia no ofrece herramientas para ello, inventan categorías o palabrejas sobre las cuales armar un edificio ideológico que les permita mentir a placer. Pero ya vemos, como reconoce el propio Mastretta, que ese esqueleto es tan vago, impreciso y abstracto que, por ejemplo, en su definición de “poder fáctico” cabe todo el mundo, hasta él. Las mentiras caen por su propio peso. El edificio de la ciencia vulgar, a la que rinde pleitesía Mastretta, se derrumba porque no tiene cimientos.

Sergio Mastretta promete más “reportajes de investigación” sobre Antorcha Campesina. Como no sea, otra vez, una sarta de mentiras, definiciones a priori, opiniones sin sustento, esperamos con gusto su nueva colaboración. Mientras tanto, aún quedan algunas cosas más qué decir sobre el texto de nuestro periodista, al que prometemos una nueva entrega en próximos días. Vale.

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