Renegociar bajo amenazas

EDITORIAL/ Renegociar el TLCAN no podía significar más que una cosa: cambiar sus términos para favorecer los intereses del imperio, es decir, dar más ventajas a los capitalistas de EE. UU. y restárselas a los otros dos socios.


Renegociar bajo amenazas

La Crónica de Chihuahua
31 de agosto, 10:39 am

La primera ronda para la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se ha efectuado; el presidente de Estados Unidos (EE. UU.) Donald J. Trump había anunciado este evento desde su campaña por la presidencia y lo esperaba impaciente, no precisamente con fines generosos hacia la verdadera América del Norte a la que pertenecen Canadá y México, sino con las más siniestras intenciones en contra de estos países y a favor de los intereses de los consorcios del capital estadounidense, eternamente ávido de la ganancia comercial, el acaparamiento del mercado, de los recursos naturales fácilmente saqueables y de la abundante fuerza de trabajo a precios irrisorios; en pocas palabras, extraer la mayor plusvalía posible que engorde a Trump y a los otros magnates imperialistas.

Renegociar el TLCAN no podía significar más que una cosa: cambiar sus términos para favorecer los intereses del imperio, es decir, dar más ventajas a los capitalistas de EE. UU. y restárselas a los otros dos socios, pero sobre todo exprimir al pueblo mexicano.

En realidad, el diabólico objetivo del TLCAN era aumentar el capital de los corporativos, eliminar todos los obstáculos que les impedían saquear a sus anchas los recursos naturales y humanos de México, asegurar la hegemonía comercial en el país más débil de los tres, en el menos desarrollado, pero con un apetitoso mercado de más de 120 millones de personas.

Los pronósticos eran fabulosos: millones de empleos, mercancías baratas, explotación de productos nacionales, crecimiento económico, formar entre los países del “primer mundo”; pero estas promesas jamás se cumplieron.

El TLCAN no favoreció al pueblo mexicano; según los estudiosos, después de 23 años, sus efectos resultaron todo lo contrario de lo que se esperaba: millones de mexicanos fueron afectados negativamente y solo se vieron beneficiadas las poderosas élites explotadoras del país, aliadas del imperialismo e instrumento de penetración del mismo.

Trump cumple hoy la misión de aumentar las ventajas comerciales de los corporativos estadounidenses que representa, ayudándoles a dar otra vuelta de tuerca a su maquinaria, creada para exprimir a los trabajadores y a los consumidores mexicanos; ya como candidato, amagaba y atemorizaba a pequeños productores del campo y de la ciudad, así como al gobierno beneficiado por el TLCAN.

Entre las amenazas a México no era la menos importante la desaparición de ese tratado. Ablandados por los discursos “nacionalistas” y bajo la presión del magnate xenófobo, los encargados de la política exterior de nuestro país asisten mansamente a una desventajosa e impuesta renegociación y no se observa en ellos la menor intención de presentar batalla.

Quienes deberían rechazar las falacias de un demente, como aquélla de que México se aprovecha del imperio o la otra, de que los mexicanos van a delinquir o a introducir drogas a Estados Unidos, seguramente aceptarán la imposición de los nuevos términos que Trump prepara como condición para refrendar el tratado con sus socios. Lo que el “buen vecino” haya dejado de obtener concluida la primera ronda, tratará de lograrlo en las siguientes, tiene el tiempo suficiente para terminar de reblandecer la voluntad de sus vecinos.

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