¿Puede Morena cambiar el rumbo de la 4T?

El partido está en crisis debido a «las disputas internas, las ambiciones personales y los procesos de descomposición» (Expansión ADN, 16/07/2019).


¿Puede Morena cambiar el rumbo de la 4T?

La Crónica de Chihuahua
21 de agosto, 13:40 pm

Por Jesús Lara

Morena es una estructura que aglutinó a gran cantidad de facciones y tendencias políticas con el fin exclusivo de llevar a AMLO a la Presidencia de la República. Basta echar un vistazo a quienes ocupan puestos clave en el gabinete o en la dirección, donde conviven la derecha vinculada a las élites empresariales, como Alfonso Romo y Víctor Villalobos, el centro-izquierda de Sheinbaum, Graciela Márquez y el renunciado Urzúa, los “estatistas” en energía Manuel Bartlett y Rocío Nahle, así como conservadores ligados a las iglesias evangélicas y, finalmente, sedicentes radicales de izquierda como Taibo y Dussel.

Esta heterogeneidad se va reproduciendo en escalas más bajas, mezclándose y diluyéndose con la inmensa mayoría de quienes ocupan cargos públicos: políticos sin ideología, reciclados de otros partidos, que encontraron en Morena la posibilidad de seguir viviendo de la política. Ahora bien, para que semejante mezcla pueda funcionar más o menos coherentemente (o simplemente para que no colapse en el intento), la unidad partidaria se ha introducido desde fuera y, evidentemente, no ha sido de forma democrática. La autoridad de López Obrador, líder indiscutible del movimiento, es lo que ha permitido controlar el descontento de los grupos morenistas perjudicados siempre que se ha disputado una pizca de poder. La operadora práctica de esta autoridad ha sido hasta la fecha la presidenta del partido, Yeidckol Polevnsky.

Pero esta forma de evitar que las contradicciones estallaran no podía ser eterna, e hizo crisis. La imposición del impresentable Miguel Barbosa a la candidatura de la gubernatura de Puebla —misma que ganó gracias a los votos del Partido Verde (!)— fue la gota que derramó el vaso.

“El partido está en crisis debido a ‘las disputas internas, las ambiciones personales y los procesos de descomposición’ (Expansión ADN, 16/07/2019). Esto afirmó Pedro Miguel, consejero nacional del partido, quien encabeza una comisión encargada de vigilar el proceso de elección a la presidencia de Morena. Esta comisión se creó a despecho de Yeidckol con el claro objetivo de aglutinar a todas las fuerzas inconformes con su dirigencia y dispuestas a removerla.

“Crecen cada día las posibilidades de una recesión económica”

El rompecabezas terminó de cobrar forma el pasado 26 de julio, cuando más de cien diputados morenistas acompañaron a Mario Delgado, coordinador de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, en su “destape” como contendiente a la presidencia del partido. Se trata, parece ser, de una propuesta aprobada ya por el mismo López Obrador e impulsada por el grupo de Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal.

Ahora bien, ¿ésta, o algún otro tipo de “renovación” en la cúpula de Morena, cambian en algo su naturaleza ecléctica, pragmática y de subordinación total al Presidente? ¿Crea mejores condiciones para hacer que López Obrador entre en razón sobre la necesidad de implementar una política más racional que permita alcanzar las metas de igualdad y justicia que —dicen— están en el corazón de la 4T? Más bien son el preludio de un cisma, que se hace más factible conforme se aproximan las futuras elecciones y la sucesión presidencial.

Mientras tanto, la centralización casi total del poder político en López Obrador y su muy particular concepción del funcionamiento de la economía y la política, así como su forma de entender el combate a la corrupción, han resultado ser una fórmula explosiva. ¿El resultado? Reducción sustancial del estado y del gasto social en áreas clave, así como la transformación de servicios públicos en transferencias privadas. En una palabra, profundización del neoliberalismo, solo que ahora implementado caprichosa e improvisadamente, despreciando la evidencia y las pruebas, lo que ha traído consigo, además de las naturales afectaciones a los sectores populares, el resquemor del capital privado, cuya manifestación más evidente y preocupante es la caída de la inversión. Esto, en conjunto con la contención del gasto público, hace crecer cada día las posibilidades de una recesión económica e incluso de una crisis.

En este contexto, ¿resulta sensato pensar que el cambio de rumbo que necesita dar el gobierno actual puede venir de la estructura misma que lo llevó al poder, como afirman las voces decepcionadas y enemigas del neoliberalismo? Tal vez no haya elementos para suponerlo, pero, afirman, no hay otra alternativa mejor para México. Es decir, repiten el mismo argumento que en las elecciones de 2018. Y bien, ¿de verdad no existe ninguna fuerza política seria en México que represente una alternativa viable al neoliberalismo y a las peligrosas improvisaciones de la 4T? Muy probablemente, lo que de verdad está sucediendo, es que la poderosa fuerza del prejuicio les impide ver lo que está frente a sus ojos.

Jesús Lara es economista por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
larajauregui1917@gmail.com

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