Preservan tradición de las sillas de montar, en Meoqui

**En Meoqui, la familia Jiménez es heredera de una más que centenaria tradición en manufactura de sillas de montar.


Preservan tradición de las sillas de montar, en Meoqui

La Crónica de Chihuahua
Septiembre de 2011, 14:54 pm

EL SEÑOR DE LOS FUSTES

Por Froilán Meza Rivera

Meoqui, Chihuahua.- El taller de manufactura de sillas de montar más famoso y prestigiado de la región es el de don Refugio Jiménez. Es la suya una tradición más que centenaria: él aprendió de su padre, quien tenía su taller en la calle Matamoros, acá en Meoqui, y era ahí donde llegaban durante los años treinta, cuarenta del siglo pasado, y hasta entrados los setenta, rancheros de todas partes, hasta de lugares lejanos del estado, en busca de calidad y duración en un buen producto.

Don Refugio fue alumno de su papá, Leandro Jiménez, quien a su vez adquirió las artes de este oficio en Tepetongo, Zacatecas, de donde es nativo. Allá en Zacatecas se casó don Leandro con doña Angelita Rodríguez, y de Tepetongo son los hermanos de Refugio. Pero ponga el lector mucha atención, porque el abuelo de Refugio era de Jalisco, del pueblo de Tlalcosahua, municipio de Huejúcar, que es la meritita Meca de las sillas de montar, precisamente en el estado donde las artes charras adquieren características de deporte nacional.

De allá proviene la maestría de la familia en estas lides de los fustes, de varias generaciones y de cientos de años en la práctica del oficio.

Pero ¿qué es el fuste? ¿Es lo mismo fuste que silla? El fuste es el armazón de madera de una silla, es como el esqueleto, porque la silla completa tiene una cubierta de cuero, y encima la pieza visible, que es de baqueta, teñida, estampada y bordada, garigoleada en ocasiones y añadida de remaches y retoques de plata. El producto acabado, la silla, se compone también de fundas para la espada o machete, y de los imprescindibles estribos. Hay también ojales y piezas de soporte para llevar el fuete y la soga, pero muy importante es que la silla terminada tiene como componente la cabeza de silla, que puede ser de diferentes estilos.

Las sillas “pitiadas” son las que llevan adornos de hilo de pita, que es una especie de fibra que proviene del maguey.

Fuste, se llama la armazón, pero en los Estados Unidos le llaman “palos”.

Don Refugio relata que anteriormente, los fusteros usaban la madera del nogal cimarrón, que es ideal porque no se revienta al secarse, es decir, no abre (no se le forman grietas). El nogal cimarrón se conseguía aquí entre Meoqui y Julimes por las acequias y por los arroyos, pero en la actualidad estos árboles son muy raros, toda vez que se los fueron acabando los propietarios de los hornos de chipotle. Hace ya varias décadas que Refugio y el personal de su taller dejaron de hacer aquellas excursiones al monte para traer nogal cimarrón.

¿Y el nogal pecanero? No, el nogal ése no sirve, dice, porque es muy duro, difícil de trabajar, y se raja mucho. “Lo que usamos es la madera más común, que es la de pino, que sí aguanta mucho”.

El proceso inicia con la selección de las piezas de madera, que se van metiendo al torno para darles forma: la cabeza, el hombro, la teja, el tablero, y luego se van puliendo. Hay un proceso alterno, que es la preparación del cuero de res y chiva, que estas personas compran en Chihuahua, que es donde hay tenerías, que son factorías donde curten el cuero. “Fíjese que en Delicias intentaron alguna vez poner una tenería, pero no les dio resultado”.

¿Qué sigue?

El artesano une las piezas de la silla con pegamento blanco, y comprueba, con unos calibradores que tienen aquí, y dependiendo del estilo de la propia silla, que el producto dé la medida correcta y tenga las proporciones adecuadas.

En seguida: “Preparamos el hilo de cuero de chiva para coser la cubierta de cuero de vaca que va sobre la armazón de la silla, y ajustamos todo de tal manera que este cuero quede bien restirado, y que las costuras con hilo de chiva no estén ni flojas ni muy forzadas, es decir que con el uso no se vaya a aflojar, pero que tampoco se vayan a rajar esas mismas costuras”.

A veces, una fustería se asocia con una talabartería, pero en el caso del taller de don Refugio, ellos llevan el fuste a una talabartería de todas sus confianzas aquí en Meoqui, para darle los acabados de baqueta.

Estos trabajos que usted ve que hacemos aquí, se van a Australia, a los Estados Unidos, a donde se distribuyen a partir de catálogos en León, Guanajuato. “Claro, que hay pedidos locales, sobre todo de los charros y de rancheros de la región, también”.

Los rancheros usan el estilo “mexicano”, de cabeza bola. El charro usa una cabeza en forma de plato, más ancha y acorde para el estilo más lujoso de la charrería.

Los gringos usan la cabeza de fierro.

Así que cuando el lector piense en caballos, acuérdese de dónde provienen las sillas, y del origen de los artesanos que hacen posible este arte centenario.

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