Nuevo presidente, mismo rumbo

REPORTAJE ESPECIAL/ Con el triunfo del candidato puntero, “no veremos el fin de un régimen político, sino un cambio de grupo en el poder, una rotación, si se quiere radical, de élites políticas; una especie de reciclamiento de las élites bajo el mando de un nuevo grupo”.


Nuevo presidente, mismo rumbo

La Crónica de Chihuahua
7 de julio, 10:07 am

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Martín Morales

El nuevo Presidente electo tiene el reto de enfrentar los problemas nacionales, más antiguos que el presente sexenio: pobreza, bajos ingresos, desempleo, inseguridad pública, etc.; durante las pasadas campañas políticas, los candidatos privilegiaron las acusaciones personales, pero en general no hicieron ninguna propuesta de solución concreta y viable para cambiar el rumbo que México ha seguido desde hace más de tres décadas.

Un análisis de Integralia Consultores, que dirige Luis Carlos Ugalde, comenta que una vez concluida la venta masiva de sueños generada por la campaña electoral, lo que más llama la atención es la evidente descomposición que el modelo económico neoliberal provocó en el sistema político y en un Estado cada vez más debilitado y que se ha desentendido de las necesidades reales de la mayoría de la población.

El sistema de partidos políticos está desfondado, todos están desacreditados como “instituciones de interés público”; la “clase política” está volcada en la representación de intereses de grupo y, pese a ello, en las campañas recién concluidas se gastaron un histórico presupuesto de 28 mil millones de pesos –sin considerar las aportaciones privadas– monto superior en un 22 por ciento al de 2012.

Recomposición de las fuerzas políticas

“Lo que estamos viendo es una descomposición del Estado, y ésta es una cuestión que ninguno de los candidatos estuvo dispuesto a abordar. El proceso de recomposición del Estado va a ser muy complejo y ninguno de los candidatos mostró tener siquiera una idea de por dónde empezar”, dijo a buzos el politólogo y escritor Jorge Javier Romero Vadillo.

“El régimen tripartidista (PRI-PAN-PRD), surgido del pacto político de 1996, entró en crisis y lo que vamos a ver es una descomposición completa de ese sistema de partidos, que era limitado, pero se había conseguido disputar el poder de manera pacífica”, enfatizó.

Para investigadores y organismos especializados en análisis político, entre ellos el Consejo Latinoamericano de Geopolítica (Celag), la crisis del sistema partidista mexicano será un problema para quien se encargue de gobernar un país habitado por 123.5 millones de personas (según datos oficiales de 2017), de éstos, 53.4 millones viven en la pobreza; o 100 millones, según el destacado investigador del Colegio de México (Colmex), Julio Boltvinik.

Además, 30 de los 53 millones de mexicanos que integran la población económica activa (PEA) laboran en la informalidad, es decir, sin prestaciones sociales ni servicios médicos y obtienen los salarios más bajos del mundo, según ha destacado reiteradamente la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Ni con AMLO cambiaría el régimen

Concentración del poder en un solo hombre, aparentemente superada con la “institucionalidad democrática”, el caudillismo pareció disminuir con la fundación del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en 1946; pero en 2018, el caudillismo volvió por sus fueros.

El caudillo es un sujeto con notable popularidad, que aparece en una sociedad políticamente inmadura como única opción viable para resolver sus problemas y encabezar la reordenación política de un país que se hunde en las luchas por el poder –muchas veces hasta sangrientas– aunque representa en sí mismo un síntoma de la debilidad del Estado.

El doctor Alberto Olvera Rivera, miembro del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Veracruzana (UV), publicó el 18 de junio, en el diario español El País, un artículo encabezado: ¿Fin del régimen en México?, en el que analiza el eventual triunfo del candidato puntero en las encuestas, Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Si esto se confirma, dice Olvera, “no veremos el fin de un régimen político, sino un cambio de grupo en el poder, una rotación, si se quiere radical, de élites políticas; una especie de reciclamiento de las élites bajo el mando de un nuevo grupo”.

Otros analistas e investigadores consultados por buzos aprecian hoy un escenario político de crisis institucional semejante al que precedió a la fundación del Partido Nacional Revolucionario (PNR), creado por el expresidente Plutarco Elías Calles en 1929, precisamente para sustituir al caudillo y expresidente Álvaro Obregón, aunque el propio Calles se convertiría posteriormente en otro caudillo.

Calles consiguió aglutinar en el PNR a pequeños partidos locales, gremiales y organizaciones de diversas ideologías. En 1938, durante el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas, el PNR se convirtió en el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y adquirió el mismo acento izquierdista de su refundador; sin embargo, ocho años más tarde, en 1946, el PNR-PRM vertieron en el PRI a iniciativa del primer presidente civil del régimen de la Revolución Mexicana, el Lic. Miguel Alemán Valdés, quien delineó la configuración política e ideológica con que el priismo funcionó en las siguientes décadas.

“Derechas e izquierdas, o si se quiere, conservadores y liberales, aprendieron a convivir dentro del PRI durante la segunda parte del siglo XX, pasándose el poder de uno a otro lado, con base en el pacto original firmado con la Constitución de 1917; esto permitió la paz. Pero a partir de 1982, cuando empezó a modificarse de fondo la política económica, se comenzó a dividir ese gran paraguas partidista”, asegura, entrevistada por buzos, la doctora María Eugenia Valdez Vega.

La primera división ocurrió en los años 80 del siglo pasado, con el desprendimiento de la Corriente Crítica, formada por el ala izquierda del PRI, en la que figuraba Cuauhtémoc Cárdenas, quien impulsó la creación del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en 1989, al que se unieron izquierdistas de otros partidos.

Cárdenas fue candidato presidencial en tres elecciones (1988, 1994 y 2000), al igual que AMLO (2006, 2012 y 2018). AMLO, experredista, es fundador del partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), formado por políticos de toda laya y reúne en su personalidad, todas las características negativas de los caudillos.

En el caso de Morena, las afiliaciones no se han dado “en torno a un marco institucional, sino en torno al líder, esto hará que se convierta en el árbitro final de las disputas. Eso es lo que está vendiendo AMLO; no está vendiendo un nuevo programa de gobierno, ni una gran transformación del Estado, sino un nuevo mecanismo de arbitraje”, explicó a este semanario el politólogo Romero Vadillo.

Morena: mezcolanza política

Casi al final de la campaña, la coalición entre el PRD y el Partido Acción Nacional (PAN), que sostenía la candidatura de Ricardo Anaya, parecía estar haciéndose pedazos por las intensas luchas internas en ambos partidos, a disgusto en uno y otro lado por la convergencia “anti-natura”, ya que el primero es izquierdista y el segundo derechista. Entre los militantes panistas, sin embargo, la principal crítica a Anaya era que se había aliado a un partido que está “a punto de la extinción”.

La corriente perredista interna Los Chuchos, liderada por los exdirigentes nacionales Jesús Ortega y Jesús Zambrano, fue promotora de la alianza con el PAN para imponer al exdirigente panista Ricardo Anaya como candidato presidencial y a la exdirigente del PRD, Alejandra Barrales, como aspirante al gobierno de la Ciudad de México (CMDX), coalición a la que se sumó el Movimiento Ciudadano (MC), de Dante Delgado, antes aliado incondicional de AMLO, quien se separó del PRD en 2012 para formar Morena, y lo criticó agriamente por su adhesión al Pacto por México promovido por el presidente Enrique Peña Nieto para aprobar las 11 reformas estructurales destinadas a profundizar el modelo económico neoliberal.

En esta última campaña, AMLO asumió una posición de abierta conciliación y oferta de acuerdos con todo mundo, nada alejada de la que siguieron Los Chuchos en 2012, lo que de rebote alentó el crecimiento de Morena, otorgándole muy altas posibilidades de convertirse en el partido gobernante en el país, al transformarlo en un poderoso imán para la izquierda moderada del PRD, que todavía acompañaba a Los Chuchos en el Frente con PAN y MC.

En Morena, los militantes perredistas hallaron las puertas abiertas de un partido integrado por una mezcolanza de grupos de casi todas las ideologías; por ejemplo, el 1º de junio, la exgobernadora de Zacatecas, exdirigente nacional del PRD y líder de la corriente Nuevo Sol, Amalia García Medina, renunció de manera individual al Frente, se sumó oficialmente a Morena y se declaró promotora de la candidatura de AMLO. El 21 de junio, Vladimir Aguilar, quien se quedó al frente de la corriente perredista, anticipó públicamente la derrota de Ricardo Anaya en la elección presidencial y de Alejandra Barrales en la capital.

Por su parte, los panistas inconformes con las imposiciones del exdirigente Ricardo Anaya, entre ellos Gabriela Cuevas y Germán Martínez, habían terminado sumándose a Morena, en tanto que otras corrientes blanquiazules se mantenían inconformes por la ayuda que su candidato presidencial brindaba al PRD para mantenerse con vida, ya que según ellos estaba condenado a la desaparición.

Otra facción panista, representada por el senador Ernesto Cordero, había solicitado investigaciones por lavado de dinero en contra de Anaya ante la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) de la Procuraduría General de la República (PGR).

El 12 de junio Cordero, presidente del Senado y militante panista, advirtió al candidato Anaya que terminaría en la cárcel. “(Presenté) una denuncia de hechos donde se vincula con toda claridad a Ricardo Anaya en una red de lavado de dinero y tráfico de influencias. Quedó absolutamente demostrado que la empresa que le compra la nave industrial en Querétaro es fantasma (fue declarada así por el Sistema de Administración Tributaria, SAT, el 27 de febrero)”.

La denuncia de Cordero fue dirigida a la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) que el 12 de junio informó haber tomado conocimiento de la denuncia del senador.

El dirigente nacional del PAN, Damián Zepeda, confirmó el viernes 15 de junio que la Comisión de Orden y Justicia estaba por expulsar del partido a Ernesto Cordero, Jorge Luis Lavalle y a la exdiputada Eufrosina Cruz por hacer proselitismo en favor del candidato presidencial de la coalición PRI-PVEM-Panal, José Antonio Meade.

El Celag analizó el nueve de junio: “(…) por un lado, el PAN sufrió una ruptura interna grave que culminó con la escisión de los dos expresidentes salidos de sus filas, Vicente Fox y Felipe Calderón. Y también con la renuncia al partido de Margarita Zavala para contender por la Presidencia de manera independiente (…) por su parte, el PRI también vivió una fuerte crisis durante el proceso interno de la selección de su candidatura.

Los escándalos de corrupción del gobierno de Peña Nieto obligaron al partido a modificar sus estatutos para nombrar a un candidato externo a sus filas –y exfuncionario de los gobiernos panistas–: José Antonio Meade, generando diversas discordias entre sus militantes”.

“El problema del PRI no es nada nuevo, ya estaba desgastado desde antes de esta elección y mantenía signos de pugnas internas aún antes de volver al poder en 2012, aunque se supone que Peña Nieto le iba a dar fortaleza y unidad, pero no fue así, al contrario, profundizó los desarreglos. Pusieron a alguien como José Antonio Meade que no tiene nada que ver con el partido, que ni siquiera es militante, o bien, es más militante del PAN que del PRI.

Lo que es un hecho, es que vamos a ver algo nuevo después de este proceso electoral, porque va a haber necesariamente una recomposición del sistema de partidos en México, en la forma en la que se integran y en su convivencia”, comentó la doctora Valdez Vega.

Manipulación y ataques personales

Con la ruptura de los amarres políticos se evidenciaron los conflictos internos, mismos que vertieron en problemas sociales graves en el marco de la violencia que asuela al país, donde se han registrado al menos 500 agresiones contra funcionarios públicos, militantes partidistas y candidatos.

Entre éstos hechos se incluyen 116 asesinatos, 45 de ellos de aspirantes a un cargo de elección en plena campaña, la mayoría militantes del PRI; al cierre de esta edición, la situación de inseguridad pública nacional era realmente explosiva.

Janine Otálora, titular del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), declaró el 22 de junio, luego de la firma de un convenio con la Asociación Mexicana de Fiscales Electorales (Amefel):

“El signo que está marcando el actual proceso electoral es el de la violencia, ya que manos criminales están actuando de manera premeditada y deleznable para decidir por la vía de la violencia quiénes deben o no deben estar en la boleta electoral; de ahí la importancia de reforzar las actividades de las instituciones del Estado mexicano”.

Los problemas sociales no ocuparon un sitio destacado en las agendas de los candidatos presidenciales, quienes prefirieron articular una estrategia de ataques a los opositores utilizando los medios de comunicación para obtener el triunfo electoral.

Durante las precampañas, del 14 de diciembre 2017 al 11 de febrero de 2018, y las campañas, del 30 de marzo al 27 de junio, 23 millones de mensajes con propaganda política inundaron el país; los candidatos utilizaron los espacios oficiales en radio y televisión para atacarse mutuamente en lugar de presentar detalladamente sus propuestas, asegura Gabriel Zaldívar, académico de la maestría en Mercadotecnia y Publicidad de la Universidad Iberoamericana, campus Ciudad de México.

“En México se utiliza mayormente la manipulación por la falta de preparación y de información que tiene la sociedad mexicana; es decir, no se revisan, en su mayoría, las plataformas y las propuestas de los partidos, sino se dejan llevar por lo que ven en los medios, en la televisión o en los diferentes espacios informativos (tradicionales y tecnológicos) y con esa idea se quedan”, puntualizó.

En la campaña electoral, los ataques individuales ganaron terreno a las propuestas de solución a los principales problemas nacionales, como lo mostró la estadística divulgada en medios el 23 de abril, después del primer debate entre los cinco aspirantes: “Ataques lanzados” y “Propuestas”: Bronco (12 y 0 respectivamente); Meade (13 y 1), Anaya (12 y 1), Zavala (8 y 0) y AMLO (1 y 0).

En el análisis del proyecto #Verificado2018 sobre el segundo debate: “Ataque a otro candidato”. Anaya (13), Meade (8) AMLO (7), Bronco (2). “Propuesta con detalles”: cero todos.

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