¿Nueva orientación del comercio exterior?

EDITORIAL


¿Nueva orientación del comercio exterior?

La Crónica de Chihuahua
12 de abril, 16:40 pm

La semana pasada, nuestro reportaje se refirió a las posiciones de las diversas corrientes políticas acerca de la embestida de la administración Trump y las amenazas contra México.

La mayoría de estas opiniones resultaron erróneas o superficiales; unas reducían la solución del problema a medidas diplomáticas inteligentes; otros presentaban el problema restándole gravedad, calificando como exageraciones y balandronadas las amenazas de Trump; hubo incluso opiniones de “izquierda” que manifestaban la imposibilidad de que el nuevo habitante de la Casa Blanca pudiera cumplir sus demagógicas amenazas contra una nación “independiente y soberana”.

Frente a todo esto, recogimos también las opiniones más atinadas que, basándose en la ciencia social, señalaron el camino que debería seguir el gobierno mexicano para resistir ante las acciones del nuevo gobierno estadounidense: las soluciones planteadas consistían en unirse con los países de América Latina, buscando la construcción de un frente común con países que no estén bajo la férula del imperialismo, prepararse para una producción independiente, a través del desarrollo tecnológico y la educación, y emplear al máximo nuestros recursos naturales y humanos.

Nuestro reporte especial de esta semana aborda nuevamente el tema cuando el Gobierno Federal ha comenzado a dar los primeros pasos al manifestar, en voz del secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray Caso, su decisión de resistir al embate del Gobierno estadounidense y cómo piensa hacerlo.

Estas declaraciones podrían considerarse buenos indicios de un cambio en la política comercial de México, así como la asistencia de México a reuniones internacionales en las que ha manifestado la disposición del Gobierno mexicano a ampliar lazos comerciales con otras naciones y disminuir la dependencia con respecto a Estados Unidos (EE. UU.). Llevar a la práctica estos planes significaría un viraje hacia una estrategia más atinada para enfrentar la agresiva política del vecino del norte.

No son pocos, sin embargo, los obstáculos a vencer.

El Gobierno mexicano está obligado a cumplir compromisos políticos con EE. UU.; los empresarios mexicanos no constituyen una clase dispuesta a apoyar a su gobierno en este aspecto; y los poderosos partidos políticos a su servicio tiemblan ante la posibilidad de un cambio revolucionario o simplemente democrático y están muy lejos de apoyar una política independentista, pues siempre tendrán terror de enfrentarse al capital mundial.

Solo el pueblo mexicano puede apoyar una política verdaderamente nacionalista, al ser heredero de una vasta experiencia de lucha contra la intervención extranjera: ha salido victorioso de invasiones armadas y apoyó con decisión la expropiación petrolera encabezada por el Gobierno de Lázaro Cárdenas.

Otro factor positivo lo constituye el apoyo de todos los países que han condenado las intenciones de la administración Trump de construir un muro que impida definitivamente el paso de los trabajadores mexicanos a territorio gringo; países de Sudamérica, Venezuela en primer lugar; y en Europa, Alemania, que ha recordado las consecuencias negativas de la existencia de muros que dividan a las naciones.

En resumen, la mayoría de los países del mundo condena la política segregacionista, el racismo y la xenofobia del presidente de EE. UU.; bastaría que el Gobierno mexicano dejara de mirar hacia el norte y decidiera de una vez por todas ampliar el horizonte de sus relaciones internacionales y no prestarse a las maquinaciones yanquis contra naciones hermanas como Cuba, Bolivia y Venezuela, entre otras.

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