“Nuestros políticos todo lo resuelven con spots”

**Falta estrategia de comunicación ante los medios en Los Pinos, afirma Rubén Aguilar, ex vocero de Fox


“Nuestros políticos todo lo resuelven con spots”

La Crónica de Chihuahua
11 de junio, 20:30 pm

Rubén Aguilar Valenzuela, quien fue vocero de Vicente Fox, impulsor en la Presidencia de la República de una dinámica de brindar información a la sociedad a través de los medios, afirma que en Los Pinos hoy, con un pensamiento antiguo, no se acaba de entender la realidad de la comunicación en las sociedades mediáticas, “en las que si el gobierno deja un espacio, alguien más lo va a ocupar”.

Afirma que la comunicación gubernamental debe tener el soporte de una política pública y parte de ello es brindar incentivos al mensaje con argumentos, inteligencia, razón y debate, en un esquema moderno y democrático en el cual gobierno, medios y sociedad conforman la agenda.

Coautor, junto con Yolanda Meyenberg, del libro La comunicación presidencial en México; 1988-2012, Aguilar Valenzuela analiza las formas en que comunicaron Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, y expone comentarios a la forma en que se conduce el equipo del presidente Enrique Peña Nieto.

En entrevista, Rubén Aguilar Valenzuela afirma que el gobierno de Enrique Peña Nieto es de muchos jóvenes, pero con un pensamiento muy antiguo. “Su agenda de comunicación básicamente está hecha para que no le peguen al Presidente”. Dice que los resultados “son un desastre”.

Explica que la actual “es una agenda de control previo del acto; en razón de eso el Presidente es un personaje altamente protegido, nunca arriesga, tiene discursos anodinos, intrascendentes para que no se tomen en los medios y se critiquen; nunca se la juega, nunca está en la profundidad del territorio y no está cercano a la gente”.

Así, “la comunicación del Presidente es muy disfuncional a la modernidad, muy disfuncional a la democracia”, dice en su oficina de consultor en la Ciudad de México, ejercicio profesional que le deja espacio para la impartición de cursos y asignaturas universitarias en temas de comunicación.

Aguilar comenta que en un entorno de crisis política, de desprestigio de la política y de quienes la ejercen, “en lugar de pelear con los mejores elementos que se pueden”, como el debate, la transparencia y la rendición de cuentas, en la administración federal actual “todo lo hacen escondiendo, pero hoy en día nada se puede esconder”.

Subraya: “Nada más hay que averiguar cuándo van a explotar la casa blanca, Malinalco, Tlatlaya, Tanhuato y Ajuchitlán. Todo se va a saber algún día, no hay posibilidad de esconderlo, alguien lo va a decir, porque ya no es posible tener el control de la prensa”.

Para adentrarse en la forma en que comunicaron los presidentes que estudia en el libro, Aguilar Valenzuela entrevistó a los responsables de la comunicación presidencial, José Carreño Carlón, con Salinas; Marco Provencio Muñoz, con Zedillo; él mismo responde el cuestionario sobre su experiencia con Fox; Maximiliano Cortázar Lara, con Calderón, y hace referencias a la comunicación presidencial actual.

“Entiendo que Eduardo Sánchez no tiene una relación directa con el Presidente, no hay un equipo y el coordinador de Comunicación Social no juega el rol que jugaba en las administraciones anteriores, incluso en el núcleo más duro. [En esta tarea], tienes derecho a hablarle al Presidente en cualquier momento, derecho de picaporte en cualquier lugar y hora”, asegura.

¿Cómo es esta dinámica en el equipo presidencial actual?

—Entiendo que eso no ocurre en el equipo del presidente Enrique Peña Nieto. En razón de eso, siento desarticulada [la comunicación], no hay posicionamiento estratégico. Lo único que veo como estratégico es esta lógica de que no le peguen.

¿La comunicación presidencial aporta al desarrollo democrático?

—En las sociedades modernas altamente mediatizadas la acción de comunicar se convierte en una acción estratégica del gobierno. Comunicar es gobernar, gobernar es comunicar; son dos caras de una misma moneda. El político que no entienda esta realidad, no entiende dónde está.

El desastre

¿Qué consecuencias tiene en el aparato del gobierno federal el desastre en la comunicación presidencial que usted advierte?

—El primer costo son los bajos niveles de aprobación en la imagen del Presidente ante la sociedad. Eso trae una serie de problemas respecto de su gobernabilidad, en el sentido de que si existe este rechazo, cuesta trabajo todo lo que hagas. Cuesta hacer valer tu legitimidad. Pareciera que el Presidente ya acabó su gobierno, que está harto, que ya cerraron la ventanilla y que la prensa y la sociedad ya están en 2018.

¿El Presidente y los gobernadores deberían contar con una política pública de comunicación?

—Y los presidentes municipales. Cada uno en su ramo. Toda comunicación gubernamental tiene el propósito fundamental de generar consenso y evitar disenso a la acción del gobierno.

¿De eso trata parte del libro?

—Y no sólo pagando espacios, sino argumentando. [Barack] Obama no puede chayotear [ofrecer dinero] a The New York Times o al Washington Post: Dice cosas inteligentes en su discurso o ese día el mundo no lo va a ver.

El gran político, el que mejor comunica y que mejor entiende lo que estoy diciendo, desde mi punto de vista es el papa Francisco. Pienso que él es hoy el mejor comunicador político que hay en el momento.

El señor sabe dar nota siempre: “¿Y yo quién soy para juzgar?”, o “¡no se reproduzcan como conejos!”, esas frases siguen la lógica del mensaje interesante, atractivo: que dé nota, que tenga densidad, que esté expresado con sencillez y que esté condensado. Eso le da presencia en el mundo.

La lógica del marketing

¿Cómo se hace la comunicación política en México?

—Yo no veo a nuestros políticos en esta lógica. Se paran, dicen tonterías más o menos relevantes porque no le dan importancia, resuelven todo con el marketing y el spot.

¿No tienen incentivos?

No tienen incentivos, exactamente. La única manera en que habrá ese incentivo es el día que no puedan recurrir a la publicidad. Ese día a los primeros que tendrían que convencer —y por eso creo en el gran efecto del Papa, porque quien atrae, seduce— es a los periodistas que lo acompañan, que son quienes intermedian con la sociedad, aquellos con los que ha hablado en la parte de atrás del avión.

Nuestros políticos no se sienten obligados y siguen resolviendo todo con spots o con esos perversos convenios que hay entre medios y poder.

¿Se debería ver actuar a profesionales en la comunicación?

—Falta una estructura profesional en Los Pinos. Veo que ese modelo se repite en todos los gobiernos estatales, sean priístas, panistas, perredistas... No se le da la importancia que tiene.

Cuando fue vocero presidencial, usted puso en práctica un modelo de participación con los medios.

—Como ocurre en todas las sociedades altamente democráticas donde hay alguien que debe responder ante los medios de comunicación.

¿Cómo se movió el modelo?

—Habíamos avanzado en algunas cosas y desde [Felipe] Calderón, que era un presidente muy priísta en su manera de procesar y pensar, se acaba con el portavoz y empieza un proceso de regresión a viejas prácticas.

Usted expone la llamada agenda setting, la teoría para llevar a los espacios periodísticos la discusión de temas...

—La agenda setting se construye entre los medios, el gobierno y la sociedad. Si yo soy gobierno y no salgo a fijar posición y no trato de pelar la agenda con los medios, alguien la va a poner.

En las sociedades democráticas modernas se presentan tres elementos: Comunicar es gobernar; la disputa de la agenda setting, y la obligación del gobierno de transparentar su acción. El gobierno que no lo entienda o lo entienda de equis manera, pues con eso determina todo lo que sigue.
El Universal

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