¿No oyen llorar al lago?

Por Omar Carreón Abud


¿No oyen llorar al lago?

La Crónica de Chihuahua
28 de enero, 18:30 pm

(El autor es coordinador de la Dirección Nacional de Antorcha Campesina y dirigente en Michoacán, autor del libro «Reivindicar la verdad»)

El título de este trabajo es un verso de un poema de Gonzalo Ramos Aranda, poeta a quien no tengo el gusto de conocer personalmente, espero, por tanto, que no se moleste si llega a ver incluidas aquí sus palabras, pero, las cito, porque me parece que sintetizan el clamor de todos los asistentes a una reunión peculiar en la que participé en la ciudad de Pátzcuaro en días pasados. La convocatoria la hizo el Arquitecto Carlos Delgado Villarreal, quien es el presidente de la “Asociación de hoteles, moteles y tráiler parks de Pátzcuaro”, A.C., es mi amigo, muy viejo amigo, lo digo con orgullo, lo conocí, atento a la lección, muy cerca del lugar en el que yo estaba en un pupitre cuando empezaba a cursar el primero de primaria y, a ratos, a saltos en el tiempo, nos hemos visto muchas veces y le reconozco que, desde hace muchos años, mira con benevolente agrado y simpatía el trabajo que hacemos en el Movimiento Antorchista.

El lago de Pátzcuaro agoniza a la vista de todo el mundo. El lago de cristal que inspiró las redes de plata se muere. Su extinción sería una catástrofe social y ecológica, sería también, por qué no decirlo, un duro golpe a los nostálgicos amantes de la belleza. El modelo económico de moda en el mundo está destrozando al ser humano sumiéndolo en el hambre, las enfermedades, la ignorancia, el alcoholismo y la drogadicción y, también, está aniquilando al planeta en el que vive, el único hogar que tiene y que, si sobrevive, es el único que tendrá, durante varios miles de años más. Los asistentes a la reunión que me refiero, estaban y están unidos por el deseo de iniciar un grupo ciudadano con representación en todos los municipios de la ribera, que haga intervenir en serio a las autoridades del país para que se emprenda un proyecto trascendental y efectivo de rescate del lago de Pátzcuaro.

En la ribera del lago viven más de 200 mil personas, un proyecto de rescate sería de gran impacto regional. Se vive del turismo, de la pesca, de la agricultura y la ganadería, pero se vive cada día con más dificultades y menos perspectivas a futuro. En el lago hay ahora seis islas y, una que, como consecuencia de la desecación del lago, ya no lo es: Janitzio, Pacanda, Yunuén, Tecuena, dos islas urandenes y Jarácuaro que ya está conectada con tierra firme por medio de un terraplén. Por lo menos una tercera parte del lago ha desaparecido, la profundidad media del agua ha disminuido cinco metros y su transparencia, que permitía ver hasta a tres y cuatro metros, no alcanza ya más de 30 centímetros de profundidad. El pescado blanco es historia. El imponentemente bello lago que ha estremecido a muchísima gente, tiene los días contados, importa mucho por ello, una reunión de voluntarios interesados en dar su tiempo y esfuerzo para salvarlo.

El destacado investigador, el Doctor Abel Pérez Zamorano, director de la División de Ciencias Económico-administrativas de la Universidad Autónoma Chapingo, escribe: “Sin duda, el mundo necesita urgentemente detener esta destrucción del medio ambiente, poniendo orden en la producción. La irracional anarquía, acicateada por el afán de ganancia, está conduciendo al acelerado deterioro de nuestra casa común. Cada día es más urgente tomar medidas para frenar la destrucción del hogar de todos, y para ello es necesario establecer una economía ordenada, orientada a atender necesidades sociales y basada en un riguroso criterio de protección al ambiente al cual se subordine la producción de manera que sea sustentable”.

Al lago lo mata, pues, la actividad humana, pero no la actividad humana en general, sino la actividad humana realizada en un modo de producción que privilegia la máxima ganancia individual sobre cualquier otro criterio y consideración. Ese modo de producción, depredador e irracional, como lo ha hecho en el planeta entero, ha causado una deforestación escandalosa que posibilita y acelera el arrastre del suelo hacia el lecho del lago en cantidades cada vez mayores, la carencia de sistemas sanitarios modernos y eficaces que impidan descargar las aguas negras en el lago, la basura que se arroja sin tener otro destino posible y el lirio que se nutre de la materia orgánica que se arroja al lago. Grave. Pero nada que no pueda ser controlado por una sociedad más equitativa, racional y preocupada en serio por la conservación del planeta.

Estuvieron presentes en la reunión fundacional de este esfuerzo regional a que me refiero, personalidades representativas de Pátzcuaro, como Mariano Díaz Delgado, presidente del Consejo Ciudadano para el progreso y Desarrollo de Pátzcuaro, A.C., empresarios hoteleros, funcionarios públicos, miembros del “Observador ciudadano”, algunos representantes partidarios que acudieron a título personal, dignatarios de la iglesia y de la sociedad civil y, asistieron también, representantes de los grupos antorchistas de los cuatro municipios ribereños, es decir, de Pátzcuaro, Erongarícuaro, Quiroga y Tzintzúntzan y de otros municipios muy cercanos como Tingambato y Nahuátzen.

Los asistentes, como digo, unidos por un propósito común, acordaron constituirse en un grupo gestor para dirigirse a las autoridades competentes y solicitarles la elaboración de un proyecto de rescate del lago de Pátzcuaro, su financiamiento y posterior ejecución. Para ninguno de los asistentes, gente muy conocedora de la zona, pasó por alto que durante, por lo menos, los últimos treinta años, ha habido numerosos programas parciales y coyunturales pero que, a juzgar por los resultados, es decir, por el estado en el que se encuentra actualmente el lago, han sido infructuosos e, incluso, algunos de ellos, hasta negativos. No obstante, no se trataba de criticar programas pasados, ni de improvisar otro proyecto con ideas e iniciativas circunstanciales, se trataba de trabajar en serio para reclamar a las autoridades su intervención sustentada en la ciencia y en las experiencias más modernas y exitosas.

Los hombres y mujeres de bien, preocupados por el lago, es decir, preocupados por la gente, nos confiaron a los antorchistas la responsabilidad de iniciar las gestiones tendientes a que una comisión (de los asistentes a la reunión inicial y de los que se integren a la siguiente cita), pueda sostener una entrevista con el señor secretario de la Semarnat, Rafael Pacchiano Alamán, con el fin de llamar su atención sobre el problema y solicitarle que se inicien los trámites necesarios para elaborar ese plan de rescate indispensable y urgente que arranque al lago de Pátzcuaro de las garras de la muerte y lo conserve vivo, vigoroso, productivo, espléndido para muchas generaciones de mexicanos y extranjeros que, esperamos, vayan todavía a seguir admirándolo de día y de noche. Confiamos en que las justificadas inquietudes de los habitantes de la ribera caigan en oídos atentos y sensibles.

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