Negligencia, causa de las inundaciones de la CDMX

EDITORIAL.- Factores climáticos, económicos y sociales se han conjugado para que en la capital del país el antiguo problema de las inundaciones se agudizara durante todo un siglo hasta alcanzar su grado más alto en los últimos años.


Negligencia, causa de las inundaciones de la CDMX

La Crónica de Chihuahua
24 de julio, 12:00 pm

Los efectos catastróficos de los fenómenos naturales en las grandes urbes muchas veces son provocados por la incapacidad, la desatención y la negligencia de los gobernantes. El monstruoso crecimiento demográfico, el pésimo diseño urbano, la falta de previsión oficial en la Ciudad de México (CDMX), fenómenos que tienen como causa profunda la anarquía, característica esencial del capitalismo, han conducido al 50 por ciento de las delegaciones de la CDMX a una situación extrema de insalubridad, peligro e inseguridad como no se había presenciado en más de un siglo, desde que el gobierno porfirista se ocupó del problema de construir obras de infraestructura para evitar inundaciones.

La falta de planeación económica conlleva una distribución geográfica irracional de las actividades productivas; el flujo de los trabajadores desocupados hacia los centros industriales; la creación de nuevos núcleos habitacionales, colonias, cinturones de pobreza, etc.; y la concomitante incapacidad del gobierno para atender las demandas de esta población: servicios urbanos, educativos, de salud, etc., así como combatir la corrupción de los servidores públicos y de los encargados del orden que no cumplen con su función de combatir la anarquía, sino la dejan prevalecer y hasta la fomentan.

Factores climáticos, económicos y sociales se han conjugado para que en la capital del país el antiguo problema de las inundaciones se agudizara durante todo un siglo hasta alcanzar su grado más alto en los últimos años. Cada vez fueron necesarias obras hidráulicas de mayor magnitud y la capacidad de respuesta de las autoridades nunca fue suficiente, al grado de que se conservan sin reemplazar o superar obras de la época del porfiriato.

Se podría luchar contra las leyes de la naturaleza; y también contra algunas leyes esenciales del capitalismo, como las demográficas, para retardar sus terribles efectos, pero existen otras leyes que se oponen a ello, como el afán de lucro y de explotación del trabajo ajeno, de las que se derivan la corrupción y la incapacidad de los gobiernos para repartir equitativamente la riqueza; ésta contradicción insalvable empuja a los habitantes de la CDMX a su hundimiento en el fango, en las aguas negras y a supeditarse a un gobierno reacio a servir a la mayoría de la población.

El problema de las inundaciones se fue agravando durante los últimos cuatro sexenios en que la CDMX ha estado gobernada por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y sus aliados y hoy sufre la más profunda de sus crisis, lo que prueba tres cosas:

1) que los partidos de la llamada “izquierda” mexicana representan, como todos los demás partidos, los intereses de los poderosos, que gobiernan para ellos.

2) Del punto anterior se desprende que nunca afectarán los intereses empresariales para construir obras hidráulicas en beneficio de las mayorías.

3) Que aunque este gobierno se diga de “izquierda” y hasta revolucionario, la depauperación de los trabajadores que ya alcanza dimensiones increíbles, demuestra lo contrario, pues el gobierno actúa como si emanara de un partido de derecha. La CDMX solo saldrá de este atolladero cuando los trabajadores hayan impuesto el gobierno de un partido que en verdad los represente.

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