Mitos y supuestos en crisis: las ideas del neoliberalismo y de la 4T

Por Abel Pérez Zamorano


Mitos y supuestos en crisis: las ideas del neoliberalismo y de la 4T

La Crónica de Chihuahua
8 de abril, 17:00 pm

(El autor es un chihuahuense nacido en Témoris, Doctor en Desarrollo Económico por la London School of Economics, miembro del Sistema Nacional de Investigadores y profesor-investigador en la División de Ciencias Económico-administrativas de la Universidad Autónoma Chapingo)

Hoy no solo vivimos una crisis de salud y otra económica, sino una de orden ideológico: se derrumban falsos supuestos, dogmas que debían aceptarse so pena de parar en la hoguera mediática; me refiero concretamente a los principios y mitos del neoliberalismo y los de la 4T, refutados hoy por la práctica. Y es que no basta con que una tesis sea afirmada, con vehemencia, o a gritos; en buena lógica, afirmar no es probar, ni demostrar. Tampoco la hace verdad el que goce del consenso mediático. La teoría del conocimiento establece como criterio último de verdad la práctica. Un postulado es verdadero cuando se corresponde con los hechos; de lo contrario se convierte en no verdad. Sometidos a ese principio, prejuicios otrora incuestionables se derrumban, y se manifiesta la verdadera naturaleza de las cosas.

Se nos ha vendido la teoría neoliberal como panacea para el desarrollo y la prosperidad: que la sociedad debe regirse por la simple ley de oferta y demanda, y por la competencia entre personas y entre naciones; que el criterio económico de qué producir, cuánto, para quién, dónde, cómo, es el inflexible principio de maximización de utilidades, sin consideración social alguna. Todo es, o debe ser, mercancía, que cada quien pague de su bolsillo, sin dar ni esperar nada de los demás. Pero no todos tienen dinero para comprar.

El neoliberalismo recomienda a países pobres un gobierno sin muchos recursos (¡la austeridad! ¿Gobierno rico y pueblo pobre?, AMLO dixit); se idealizó la privatización; se desatienden los hospitales públicos para enviar clientela a los privados; a las escuelas y universidades, para aumentar matrícula en las de paga. Todo se volvió mercancía. Además, se congelan salarios, “para evitar inflación”, cerrando así la pinza sobre los trabajadores. Las grandes empresas deben pagar pocos impuestos, pues crean empleos, y podrían irse. Que paguen pequeños empresarios, pobres y clase media, aunque se reduzcan sus ingresos reales, y también los del Estado, y con ello la capacidad de este para atender a la población. Se sacralizó la “liberalización de capitales”, derecho a entrar y salir sin restricción, desestabilizando o de plano desfondando economías.

Promueven la idea de la pequeña empresa como solución al desempleo. Crear el propio negocio, ser tu propio jefe, son fórmulas pegajosas que marean, sobre todo a la juventud, y adquieren valor casi axiomático. Pero es una salida de escasa viabilidad. Por leyes de su propio desarrollo, el capital tiende inexorablemente a concentrarse; en cada crisis se reduce el número de empresas; sucumben las más pequeñas y vulnerables. Hoy, esa debilidad es manifiesta ante la pandemia, que detonará numerosas quiebras de pymes. Y sin ningún paliativo, pues se las está dejando abandonadas, sin apoyo verdadero.

En la doctrina neoliberal adquirió carta de naturaleza criminalizar la organización social (muchos profesores en universidades son expertos en vigilar y perseguir a estudiantes que ejercen este derecho), dejando al individuo aislado, abandonado a sus fuerzas (tesis compartida también por AMLO y sus seguidores, ¡nada con organizaciones!). Hoy se ve lo pernicioso de esto cuando debemos precisamente estar organizados y mostrar capacidad de acción conjunta. La pandemia confirma también lo correcto del tesonero esfuerzo organizativo y de educación de masas del Movimiento Antorchista.

Los países donde el pueblo se ha organizado y gobierna, y gracias al orden y la solidaridad logrados, vencen la pandemia y ayudan a otros; ahí están China, Rusia y Cuba (aunque rechazada por la ideología dominante, hoy China es modelo de eficacia para enfrentar la pandemia; el prejuicio no soportó la prueba). ¿Era malo estar organizados? ¿Se ha comprobado acaso que la sociedad de individuos aislados es superior? Miremos al norte: el gigante imperialista, modelo del neoliberalismo individualista, se debate en medio de la pandemia... y nos pone en creciente peligro.

He ahí, pues, la filosofía neoliberal, el pensamiento “correcto” enseñado como biblia en las escuelas de Economía. Su aplicación derivó en desastre social: una abismal desigualdad, salarios miserables, la mayoría en pobreza – millones literalmente en el hambre –, bajísima educación, hospitales en el abandono, viviendas precarias, sin agua, drenaje o electricidad, condiciones todas hoy propicias a la propagación de la pandemia. La conclusión es obvia: desechar al modelo neoliberal y establecer una economía centrada en el bienestar social.

En México (y como reacción de hartazgo social ante lo anterior) cobró fuerza otro mito: el mesianismo de Andrés Manuel López Obrador, quien prometía resolver como por ensalmo los grandes problemas: ayudaría a los pobres, combatiría la corrupción, haría crecer la economía, evitaría el endeudamiento, y tantas maravillas más. Muchos le creyeron, y a quien no, le esperaba la picota para ser exhibido como reaccionario. Particularmente el Movimiento Antorchista ha sufrido esa persecución por su independencia ideológica y política. Pero ¿qué vemos hoy? Desde su primer año la 4T resultó una verdadera pifia, y más aún frente a la pandemia: crimen, desabasto de medicinas, desmantelamiento de programas sociales y de salud fundamentales para los pobres, despidos masivos en el gobierno (apenas el 3 de abril el Inegi despidió a 18 mil empleados). Ante la necesidad de la cuarentena, se abandona a los pobres, dejándolos encerrados, sin ingresos ni el necesario apoyo gubernamental. A las pequeñas empresas y trabajadores informales, ningún respaldo que sirva. Pasman la negligencia, frivolidad y estulticia de los gobernantes. El presidente aterra con declaraciones como que la pandemia “le vino como anillo al dedo”. Total rechazo a la ciencia y en su lugar, magia y misticismo, sin soluciones reales. Desatendiendo criminalmente la contingencia, y una vez reventada la burbuja de la 4T, los diputados de Morena se ocupan en diseñar medios tramposos para reelegirse. El gobernador de Puebla viola la ley y ordena negar al Movimiento Antorchista Poblano su registro como partido. Y en lugar de ayudar a sus gobernados, en Veracruz, Cuitláhuac García persigue a los antorchistas por proponer medidas de apoyo popular. En esto vino a quedar la ilusión, la “esperanza de México”, como ellos se autodenominaban.

El veredicto de la práctica es demoledor. Todas las encuestas muestran un desplome en la aprobación social al presidente; casi todas ellas con reprobación mayoritaria. El pueblo aprende a ensayo y error, y seguramente, en un futuro lo pensará con más cuidado al votar. Así pues, además de la pandemia y la crisis económica, México padece otro mal: un gobierno incapaz e irresponsable; no una amenaza, como antes muchos advertíamos, sino una calamidad real, ¡una más! Para salvar a la patria y mejorar la suerte de los más desprotegidos, la conclusión se impone: ni un solo voto a Morena, ¡nunca más!


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