Los Siete Infantes de Lara

TRIBUNA POÉTICA


Los Siete Infantes de Lara

La Crónica de Chihuahua
2 de junio, 18:00 pm

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Tania Zapata Ortega

La de los Infantes de Salas, o de Lara es, dice Martín de Riquer en su Historia de la Literatura Universal, “una de las leyendas castellanas de más intenso dramatismo, y sobre la que existieron cantares de gesta cuyos rastros podemos seguir en crónicas y en romances”. Ocho cabezas humanas, siete pertenecientes a los Infantes de Lara (o de Salas) son depositadas por el moro Almanzor frente a un noble español prisionero durante las guerras de reconquista para que las reconozca:

E dixo’l: “Gonçalo Gustios, bien te quiero preguntar:
lidiaron los míos poderes en el canpo, de Almenar,
ganaron ocho cabeças, todas son de gran linaje;
e dizen mios adalides que de Lara son naturales,
si Dios te salve, que me digas la verdat.”
(…)
Violas Gonçalo Gustios bueltas en polvo e en sangre;
con la manta en que estaban començólas de alinpiar,
tan bien las afemenció, conosciólas por su mal.

Gonzalo Gustios reconoce a sus siete jóvenes hijos y a Muño Salido, su fiel preceptor, y entiende la traición cometida por su cuñado Rodrigo Velázquez, quien ha pactado con el enemigo una emboscada.

Llorando de los sus ojos dixo entonces a Almançor:
“Bien conosco estas cabeças por mis pecados, señor,
conosco las siete, ca de los míos fijos son,
la otra es de Muño Salido, su amo que los crió.
¡Non las quiso muy grant bien quien aquí las ayuntó!:
captivo desconortado para siempre so”...


¡Malas bodas vos guisó vuestro tío don Rodrigo:
a vos fizo descabeçar e a mí metió en cativo!

En 1896, el gran filólogo español Ramón Menéndez Pidal publicaba uno de sus primeros trabajos en torno a la épica castellana, se trataba del rescate del Poema de los Infantes de Lara, reconstruido desde los Cantares de Gesta, El Romancero, y la Primera Crónica General de Alfonso X; Menéndez Pidal fue comprobando la veracidad de los lugares nombrados en el Poema y recogiendo romances y restos de la leyenda por todos los pueblos de la región: “He dedicado mi primer trabajo erudito a los siete infantes de Salas; he visitado esta villa hace ya unos veinticinco años y con gusto y emoción la volvería a ver; he recorrido a caballo los pinares de Canicosa y el valle del Arabiana, donde la vieja tragedia se desarrolló y en fin dedico gran parte de mis estudios a las primeras tradiciones heroicas de Castilla”.

Motivos políticos, coyunturas históricas, obligan a los gobiernos a recrear escenarios de leyenda y a honrar héroes (reales o míticos); En septiembre de 1924, en la Villa de Salas, hoy Salas de los Infantes (Burgos) tuvo lugar una curiosa ceremonia en la que se repatriaron las supuestas cenizas de los siete jóvenes decapitados, depositándolas en la iglesia de Santa María, hecho sentido por los pobladores como un auténtico acontecimiento patriótico, viva como estaba la antigua leyenda en villas y aldeas.

Uno de los fragmentos del Poema que se conserva en mejor estado es el pasaje en que Gonzalo Gustios va limpiando una a una las cabezas de sus hijos, comienza por el primogénito Diego y prosigue en el orden de su nacimiento (Martín, Suero, Fernando, Rodrigo, Gustios y Gonzalo); los reconoce, les habla…mientras el moro Almanzor observa conmovido su dolor.

E pues Gonçalo Gustios a las cabeças se tornó,
e muy bien del polvo e de la sangre las alinpió
e púsolas en az, como cada una nasció,
estavan lo oteando Alicante e Almançor.

Mientras el padre de los siete infantes entona su lamento fúnebre, va enumerando las virtudes de cada uno de ellos, coraje y destreza en el combate, habilidades cinegéticas, elegancia al montar, cortesía con las damas, lealtad y honradez. Escena espeluznante, con todos los ingredientes necesarios para constituir un hito en la literatura española de todos los tiempos.

En esta leyenda pueden apreciarse claramente rasgos de maurofilia, es decir, de simpatía hacia lo moro y lo musulmán; en la Edad Media española, a pesar del ambiente bélico de las guerras de reconquista, los príncipes árabes o sus jefes militares no son seres faltos de virtudes, seguramente en razón de su importancia económica y política. En el Poema de los infantes de Lara, Almanzor se conmueve al ver el dolor del padre, le perdona la vida y envía a su propia hermana para que “lo consuele”; de esta unión nace Mudarra, quien vengará a los infantes.

Pesó mucho a Almançore e començó de llorare;
con grant duelo que d’ él ovo dixo contra Alicante:
“Non morrá aquí don Gonçalo por quanto Córdova vale,
ca yo vi quánta traición a él fizo Ruy Velázquez.”
(…)
Almançor mandó llamar una infante, su hermana...
e muy bien e muy apuestamiente fablava:
“Hermana, si me vós amades, entrad en esa casa
do yaz ese christiano que es ome de sangre alta...
vós, mi hermana, conortatlo con muy buenas palabras...”

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