Las series de los famosos y el mercado

**El mercado impulsa estos héroes, ya que su vida útil en los escenarios depende de ser un exitoso vínculo entre el vendedor (las marcas de las empresas) y el comprador (el público); entre más famoso sea, mayor será la posibilidad de vender una mercancía de marca.


Las series de los famosos y el mercado

La Crónica de Chihuahua
26 de julio, 11:03 am

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Aquiáhuatl Rivera

Los habitantes de las grandes urbes modernas se comportan cada vez más como una serialidad que como un conjunto de individualidades; es decir, como si todos fuesen robots producidos en serie, sin rasgos peculiares o diferencias esenciales.

La causa se halla en la omnipresencia del mercado en los medios de entretenimiento: con la idea obsesiva de las grandes corporaciones de vender sus productos, el público recibe diariamente una abrumadora dosis de historias de televisión, cine, videos y anuncios comerciales, etc, en las que se estereotipa un estilo de vida ideal con el propósito de persuadir a la audiencia de que la felicidad está en estrecha relación con la compra de ciertas mercancías y servicios. “Comprar es la felicidad”.

¿Hasta dónde hallan resonancia estas propuestas en la conciencia de la sociedad capitalista? ¿Cómo determinan el comportamiento de las personas? Para muchos ciudadanos, ser feliz de este modo mercantil es una meta que los obsesiona a un grado tal que admiten sin ambages la competencia feroz, a fin de obtener los recursos necesarios para acceder a estos bienes, incluso a veces a costa de lo que sea.

Diremos de paso que la idea de comprar para ser feliz ha facilitado la explotación de los capitalistas sobre los trabajadores, pues es un incentivo psicológico con resultados eficaces: “trabaja mucho para poder adquirir en el mercado la felicidad (lucha por alcanzar tus sueños)”.

Y el ciudadano que alcanza una posición social acomodada es digno de admiración y reverencia (aunque esto sea, cada vez más una utopía, a la luz de los datos recientemente publicados donde anuncian que un porcentaje alto de personas en pobreza nunca saldrá de esta condición por más que nuestro país tenga a los trabajadores con las jornadas más largas entre los países de la OCDE).

Los paradigmas de éxito son las estrellas del espectáculo: cantantes, actrices, modelos, íconos de la cultura pop, etc, donde su presunto talento es, en la mayoría de las veces, solo fachada para presumir atributos físicos.

Ellos son ahora, por nuestra desgracia, nuestros prototipo de héroes. Su fama y su triunfo económico son las metas que todos quieren alcanzar; por eso –dicen– vale la pena proyectar su vida en la televisión.

Y aunque la gente sabe de antemano que no verá la vida de un santo, quiere enterarse cómo vive una persona que ha tenido éxito, porque de alguna manera es de otra dimensión u otro planeta, ya que no pertenecen al ajetreo diario en el que sobrevive el 80 por ciento de los mexicanos, en el desfiladero de las carencias.

Nuestros problemas, pensamos, son minucias comparadas con las penas de nuestro cantante aparecidas, reproducidas en el melodrama. Comprobamos, tácitamente, que la abundancia conduce a los excesos (alcoholismo, drogadicción o prostitución), a la ambición desmedida y a la perfidia entre amigos y familiares, y aun así no perdemos una pizca de admiración a ese tipo de vida; quizás porque con esas debilidades estos “artistas” se humanizan y así se asemejan más a nuestra vida ordinaria, a nuestra vida de no-estrella.

Al mismo tiempo, estas aspiraciones son catalizadores de la inconsciencia de la realidad; pues al querer parecernos a ellos crean una consciencia social homogénea y con estrechez de miras, que va desde emular su apariencia (ropa, peinados, formas de hablar) hasta asimilar su idea de vida.

Una prueba: hoy nuestra “vida en Facebook” es el remedo de aquella farándula, presumimos lo que creemos que será causa de envidia o atención, pues nos creemos dignos de atención; en suma, es nuestro esfuerzo por imitar al famoso.

El mercado impulsa estos héroes, ya que su vida útil en los escenarios depende de ser un exitoso vínculo entre el vendedor (las marcas de las empresas) y el comprador (el público); entre más famoso sea, mayor será la posibilidad de vender una mercancía de marca.

Además, ellos son el ejemplo de cómo debe vivirse en tiempos donde todo se vende y todo se compra: una vida llena de egoísmos, donde las personas (incluidos los seres queridos) son medios y no fines en sí mismos.

De ahí que pocos canten o actúen por amor al arte; quieren ser artistas porque esto representa un medio para poseer en demasía. Sin más, ideología burguesa: “seamos exitosos, sin tener como prioridad la responsabilidad social, lo verdaderamente importante es el enriquecimiento personal”.

Por esto, difundir el aprendizaje y la práctica de las bellas artes entre las mayorías trabajadoras contrarresta las posibilidades de ser un adepto a los estándares del mercado, pues al ser un aficionado de las artes y de la cultura en general, las perspectivas éticas se ensanchan y se aguza el sentido crítico. De este modo vemos que el arte también es subversivo para el espectáculo vacuo.

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