Las madres tienen un papel muy importante en la lucha de Antorcha

**En los municipios rurales, en los “chiquitos” olvidados en el mapa, en las periferias de las grandes ciudades, son las que detectan con facilidad los problemas de la gente pobre, porque son las que saben del sufrimiento de los que no tienen nada.


Las madres tienen un papel muy importante en la lucha de Antorcha

La Crónica de Chihuahua
19 de mayo, 09:30 am

Chihuahua.- En el Movimiento Antorchista el papel de las madres es muy importante, fundamental, porque son las que detectan con facilidad los problemas de sus familias, de su comunidad, puesto que son las que a diario ven y padecen ellas mismas el sufrimiento efecto de la pobreza dolorosa en que viven miles, millones de mexicanos.

Juan Santiago Tolentino, dirigente del Seccional Sierra de la citada organización en el estado de Chihuahua, explicó porque Antorcha critica el desdén hacia las madres trabajadoras, humildes amas de casa o campesinas; “no solamente es celebrar por celebrar, nosotros estamos en contra de que a las madres se les celebre, se les festeje o se les reconozca sólo el 10 de mayo, que se le ponga en un pedestal por un día mientras que por el resto del año se le trata, a obreras, comerciantes, empleadas, o amas de casa, como simples mercancías, que no tienen derechos, que no tienen prestaciones, que se les manipula de muchas maneras”.

De entrada un obrero, un comerciante o un empleado ya es desdeñado sólo por serlo, por no estar en la escala social “adecuada” para las minorías que gobiernan México y que controlan lo que ven, oyen, dicen, consumen y finalmente convierten esto en normas de vida, las mayorías. En cuanto pasa el 10 de mayo, las obreras, las comerciantes, las empleadas, las campesinas, las amas de casa de los lugares más pobres del país, retornan a su papel de incómodos estorbos cuando cierran una calle, ocupan la parte de una plaza para manifestarse en contra del trato discriminativo y despectivo que reciben, y para exigir el igual trato de cualquier persona a la que no se le despoja – aunque sea en apariencia – de su dignidad.

En los municipios rurales, en aquellos “chiquitos” olvidados en el mapa, en las periferias de las grandes ciudades, ahí están esas mujeres, ahí viven, y son las que saben del sufrimiento de los que no tienen nada o muy poco, de los que tienen que encabezar toda suerte de viacrucis al gestionar en una presidencia municipal, una oficina de un gobierno estatal o federal, los más elementales servicios que necesita cualquier persona para vivir con seguridad y tranquilidad, o una despensa para comer aunque dure nomás uno o tres días, cemento para crecer un cuarto que muchas veces se construye con las propias manos o con las de las gentes de sus comunidades.

“Juegan un papel muy importante dentro del antorchismo, porque en muchos lugares quienes se organizan digamos de manera más efectiva, son las mujeres, las que son madres y sufren de manera directa los problemas, las deficiencias en sus viviendas, son las que padecen al falta de luz, la falta de agua, la falta de una vivienda digna, de educación, de salud, de cuidar a sus niños, y son entonces las que se organizan de manera directa”, es decir, las que no se esperan a que las busquen, sino que buscan como ayudarse y ayudar a otros.

Y, también son decisivas para lograr los objetivos que se trazan como grupos de colonos, como representantes de municipios enteros o comunidades, “una buena parte de las soluciones y demandas que se han resuelto se deben a la abnegación de las mamás, gracias al entusiasmo, a la enjundia, y bueno, esto es para ellas mismas una muestra de lo que son capaces y de todo lo que pueden hacer más”.

Durante el fin de semana Antorcha en Chihuahua realizó convivios en municipios con grandes concentraciones poblacionales en donde hay muchas carencias, en la zona urbana y la rural, Delicias y Bocoyna; mujeres madres de familia de las colonias, rancherías y asentamientos indígenas más humildes, fueron obsequiadas con comidas, regalos, rifas, cuadros culturales. Son mujeres antorchistas, que representan a sus colonias y comunidades; “nosotros las invitamos a reflexionar sobre por qué celebrar o reconocer a las madres, no sólo como algo comercial o por simple humanismo sino por una necesidad real”, sobre la importancia real de su papel en la sociedad más que el rol establecido de ser el “pilar” de esta, de cargar sobre sus hombros los vítores fáciles de un 10 de mayo pero más la realidad cruda de las carencias y padecimientos que ocurren los restantes 364 días del año, el de vigilantes de preservar y perpetuar una cultura machista y violenta aun siendo las víctimas primarias, como una manipulación para distraerlas, para que no vean, todo lo que pueden hacer afuera de las cuatro paredes físicas o mentales a que las condena el sistema en el que viven.

“Aprovechamos la ocasión de los festejos porque queríamos festejarlas, para llamarlas nuevamente a seguir, a insistir, a que no dejaran, que no abandonaran este proyecto para transformar a nuestro país”.

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