Las clases medias, víctimas también del neoliberalismo pasado y presente

Por Abel Pérez Zamorano


Las clases medias, víctimas también del neoliberalismo pasado y presente

La Crónica de Chihuahua
19 de junio, 08:30 am

(El autor es un chihuahuense nacido en Témoris, Doctor en Desarrollo Económico por la London School of Economics y profesor-investigador en la División de Ciencias Económico-administrativas de la Universidad Autónoma Chapingo.)

Reiterados ataques ha lanzado el presidente contra las clases medias, motivado por la derrota de Morena en la capital, su bastión, donde perdió nueve de las 16 alcaldías. El pasado jueves dijo: “Un integrante de clase media media, media alta, incluso, con licenciatura, con maestría, con doctorado, es muy difícil de convencer […] es una actitud aspiracionista, es triunfar a toda costa, salir adelante, muy egoísta...”. Ayer lunes volvió a la carga: “[…] siempre ha sido así, muy individualista, que le da la espalda al prójimo, aspiracionista, que lo que quiere es ‘ser como los de arriba’ y encaramarse lo más que se pueda, sin escrúpulos morales de ninguna índole […] Es increíble cómo apoyan a gobiernos corruptos...”. En esa lógica, estudiar es casi delito, y su desaforada respuesta muestra que considera al electorado capitalino como su coto de caza.

Pero no fue solo en la capital donde perdió ese apoyo. Dice El Financiero (8 de junio): “Morena pasó de ser la opción predilecta de las personas con estudios universitarios... a recibir el rechazo de la mayoría de ese sector poblacional. La más reciente encuesta de El Financiero, realizada a los votantes de la elección del 6 de junio, arroja que el 33 por ciento de las personas con estudios de educación superior votó por el partido del presidente Andrés Manuel López Obrador, mientras que el 49 por ciento lo hizo por la alianza PRI-PAN-PRD. En contraparte, en 2018 el 48 por ciento de los universitarios votó por Morena y el 40 por sus partidos rivales”. Quienes tienen más estudios debían ser, obviamente, los primeros en percatarse del fiasco, además de que no son rehenes de los programas asistenciales.

Pero no solo de palabra se agrede a la clase media. Según Inegi (“Cuantificando a la clase media en México”): “Los resultados obtenidos al término de la primera década del siglo XXI muestran que en 42.4% de los hogares en donde vive 39.2% de la población total del país son de clase media. Por su parte 2.5% de los hogares son de clase alta viviendo en ellos 1.7% de la población del país, mientras que en el otro lado del espectro social se tiene al 55.1% de los hogares donde desarrolla su vida 59.1% de la población mexicana”. Esta cifra, de 2010, debe revisarse, pues tan solo el año pasado cayeron en pobreza 9.8 millones. El portal El CEO publica el 15 de junio: “… Coneval, que hasta 2018 registraba 52.4 millones de personas en pobreza […] Hacia el cierre de 2020 se estima que 62.3 millones de personas vivían en situación de pobreza y en marzo de este año la cifra se habría incrementado a 67 millones, por lo que “aún no se toca fondo”, alertó Graciela Teruel, directora del Equide de la Universidad Iberoamericana […]”. Por otra parte, “Durante 17 meses, hasta diciembre pasado, de 4.9 millones de micro, pequeñas y medianas empresas registradas en el Censo Económico 2019, quebraron un millón 10,857 (21%)” (Inegi). Esto por falta de apoyo del gobierno, uno de los más bajos del mundo a empresas en riesgo: 1% del PIB. Se las dejó morir solas. Miles de empleados públicos fueron despedidos, para achicar al Estado; se redujeron los recursos al Conacyt, a investigadores de universidades privadas y a becarios de cátedras. Como resultado de todo esto, las clases medias están sufriendo un proceso acelerado de extinción, abriendo paso a la polarización económica y política, con solo dos clases extremas: los muy ricos y los muy pobres. Malos augurios para la estabilidad del país.

En contraste, a unas horas de sus desplantes y a cuatro días de las elecciones, el presidente se reunió con los grandes empresarios para reiterarles su apoyo. Cito aquí la reseña de El Financiero (11 de junio): “Fue en general una muy buena reunión […] dijo Antonio del Valle Perochena, presidente del Consejo Mexicano de Negocios […] Por su parte, el presidente Andrés Manuel López Obrador informó que se alcanzó un “muy buen acuerdo” […] una reunión amistosa, no hubo ninguna diferencia, ninguna confrontación […] En un prolongado almuerzo al interior del Museo Kaluz […] el diálogo fue abierto entre los empresarios más importantes del país y el mandatario […] El presidente López Obrador reiteró que “no vamos a aumentar los impuestos, quedó muy claro, no vamos a aumentar los impuestos [cursivas mías, APZ] no vamos a llevar a cabo ninguna acción que afecte al sector privado, al contrario, estamos poniéndonos de acuerdo para trabajar juntos y seguir avanzando en cuanto al desarrollo”. Entre otros, fueron invitados a tan exclusivo ágape: Carlos Slim Domit, Claudio X. González, Emilio Azcárraga, Laura Díez Barroso, Joaquín Vargas, Tomás Sada, Daniel Servitje, Juan Gallardo, Alejandro Ramírez y Agustín Coppel. Todo, pues, a partir de un piñón. Mas no solo son gestos.

Viene otorgando los más jugosos contratos por adjudicación directa: más del 70%, discriminando a empresarios medianos, e incluso grandes, que no son de su cofradía. Así, impidiendo que los más ricos paguen más impuestos y castigando los salarios, la riqueza se acumula, menos empresas controlan los mercados y miles de medianas y pequeñas quiebran. Engañosamente se invita a todos a emprender (las famosas startup), pero luego el poder de los monopolios las destroza.

Pero la crisis de las clases medias no empezó ahora: deriva del modelo neoliberal, la más depredadora forma del capitalismo, reinante desde 1982; por ello sería insensato e ilusorio que al rechazar a Morena aquellas retornen al pasado; un círculo vicioso. La única solución viable es sumarse a una alternativa política diferente, representada por las clases pobres, víctimas también del neoliberalismo, adversario común. Y esta alternativa no es solo lógicamente razonable; de su viabilidad la historia es testigo. Atacar a las clases medias exhibe, pues, una ignorancia supina de su relevante papel histórico.

Siempre, y no debe olvidarse, sin la fuerza motriz de las grandes masas, con su sacrificio y su número, los cambios profundos serían impensables; sin embargo, las clases medias han aportado su saber y experiencia. En la Independencia destacan, junto a don Miguel Hidalgo y después: doña Josefa Ortiz de Domínguez (su padre, capitán del ejército; su madre, de noble familia española; estudió en el Colegio de las Vizcaínas, una de las mejores instituciones educativas de la época); Ignacio Aldama (abogado y comerciante), Mariano Abasolo (capitán del ejército español y de familia acomodada). Hijos de comerciantes prósperos fueron Ignacio Allende y Leona Vicario; don Andrés Quintana Roo, esposo de esta última, fue hijo de un prominente abogado yucateco. Junto con el bajo clero, los españoles criollos, marginados por el régimen colonial, constituyeron la avanzada política e intelectual. Más tarde, desde la Revolución de Ayutla hasta la lucha contra el Segundo Imperio Mexicano, destacaron hombres de esa extracción en torno a don Benito Juárez. En el impulso inicial, don Juan Álvarez (guerrerense de familia acomodada, estudió en la Ciudad de México), Ignacio Comonfort (había desempeñado varios cargos y administraba la aduana de Acapulco). Después: Melchor Ocampo (abogado y agricultor próspero en Michoacán); Mariano Escobedo (de familia neoleonesa dedicada al comercio y la ganadería), Vicente Riva Palacio (nieto de Vicente Guerrero, e hijo de Mariano Riva Palacio, connotado abogado). En la Revolución, junto a campesinos y clases populares que seguían a Zapata y Villa, también comerciantes, agricultores prósperos, ganaderos, mineros, lideraron el derrocamiento de la dictadura de los terratenientes y Porfirio Díaz.

Hoy el despotismo exige nuevamente esa unidad, única salida, estructural, pero ahora con los pobres con su propio proyecto, programa y estructura organizativa; conscientes de su peso político para no ser más la fuerza que hace el cambio y queda al final marginada, pobre como antes, escalera por la que otros se encumbran. Ahora deberá reivindicar su papel protagónico, reconociendo, obviamente, que sola no puede hacer el cambio; necesita a las clases medias, para construir una gran sinergia política. De no optar por esta vía, la clase media seguirá extinguiéndose. Necesita confiar en los pobres como aliados.

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