La reedición burguesa de la historia

**Las nuevas generaciones, desprovistas de los más elementales rudimentos de la Historia, la Sociología, la Filosofía, la Lógica, la Economía Política, etc., se encuentran a merced de los medios masivos de manipulación.


La reedición burguesa de la historia

La Crónica de Chihuahua
9 de agosto, 21:58 pm

Por Saúl E Beltrán L

La perversidad, la ambición y la falta de escrúpulos de los poderosos del mundo no conoce límites. Casi nadie ignora las terribles atrocidades que a diario cometen en contra de los países débiles, con el propósito de arrebatarles sus riquezas naturales y desbaratar sus gobiernos, sobre todo aquellos que tienden a la socialización de sus bienes y de sus leyes. Y de todos es conocida, también, la indiferencia y hasta el elogio que tales atrocidades reciben de gran parte de los habitantes del mal llamado “mundo libre”, comenzando por los propios ciudadanos de los países agresores (Israel, EUA, Arabia Saudita y los países miembros de la OTAN, principalmente), que se regocijan viendo cómo sus gobiernos violentan por todo el mundo los llevados y traídos “Derechos Humanos” en Palestina, Siria, Yemen, África y América Latina, etc., sin sospechar siquiera que, un día ya no muy lejano, el boomerang de la violencia volará, ahora sí, sobre sus propias cabezas.

Pero el saqueo abierto o simulado, y el exterminio de los países débiles, no serían posibles, insisto, sin la anuencia y el beneplácito de una gran parte de los habitantes del planeta y, particularmente, de los ciudadanos de los países agresores y de aquellas naciones, como la nuestra, que se encuentran dentro de su férrea órbita de control. Tales conglomerados sociales no representan contrapeso alguno, ni ejercen ningún tipo de presión, por tibia y timorata que fuere, contra sus pendencieros gobiernos, entre otras razones porque jamás han sufrido en sus países los horrores de la guerra. Han sido “mentalizados” para creer, sin ningún género de duda, que sus ejércitos, al igual que sus “superhéroes”, son invencibles. Caso muy diferente, por ejemplo, al de los habitantes de Corea del Sur, cuyo gobierno es aliado de EUA, pero han experimentado en carne propia el sangriento flagelo de la guerra, y debido a ello –dicho sea de paso-, se movilizan hoy en día para presionar a su nuevo gobierno, y oponerse a la instalación y ampliación de un “escudo” antimisiles en su territorio, que protegerá a Japón y a EUA, a costa de colocarlos a ellos “de pechito” frente a los adversarios de yanquis y nipones.

¿Cómo logran los Estados agresores salir adelante con sus funestos propósitos, sin recibir por ello la condena y hasta el castigo del mundo “civilizado”? Esto se consigue, para decirlo rápidamente mediante un metódico y sistemático lavado de cerebro.

Las nuevas generaciones, desprovistas de los más elementales rudimentos de la Historia, la Sociología, la Filosofía, la Lógica, la Economía Política, etc., se encuentran a merced de los medios masivos de manipulación que, invariablemente, son propiedad de los tiranos del mundo. Tratemos, sólo por un momento, de imaginar a un ciudadano promedio de EUA, o de alguna de sus colonias, como México, ayuno de conocimientos científicos sólidos y bien anclados, después de haber presenciado en una cómoda sala de cine, el “heróico” rescate del soldado Ryan, en una de tantas versiones Hoolywoodenses del Desembarco de Normandía. Casi de manera automática regresará a casa creyendo fervientemente que, de no haber sido por el valiente y glorioso ejército norteamericano, Hitler y sus huestes habrían terminado adueñándose del planeta y esclavizando al mundo entero.

Si a estos “conocimientos” adquiridos en la comodidad de una sala de cine, le agregamos infinidad de programas, “reportajes” de Discovery Channel, CNN, BBC, con el mismo “mensaje”, además de múltiples series de televisión, videojuegos, y una gran cantidad de “información” obtenida de la Internet, en la que los malos son los alemanes, y los buenos son los soldados norteamericanos, solos y sin ayuda de nadie, no es difícil comprender cómo las élites informativas han logrado convencer y “enseñarle” a medio mundo que no fue la URSS, su pueblo y el Ejército Rojo, el protagonista más importante de la derrota del fascismo alemán, sino EUA.

Mediante todos estos canales “informativos”, los ideólogos del imperialismo, han sembrado en la conciencia de buena parte de la sociedad moderna “conceptos”, “datos” y “crónicas” tan descabelladas como la descrita líneas arriba, y otras aún más absurdas. No faltan, por ejemplo, los “sesudos” análisis que atribuyen la derrota del ejército alemán a las “estupideces estratégicas de Hitler”, que dispersó sus tropas por todos lados, debilitando los contingentes destinados a exterminar a la Unión Soviética; también los hay que aportan “evidencias científicas” para defender la “tesis” de que fueron la nieve y el crudo invierno rusos, por sí solos, los que derrotaron a las hordas hitlerianas; tampoco faltan los partidarios de la “teoría” del Segundo Frente, abierto por las tropas angloamericanas; y, aunque parezca mentira, hay quienes se atreven a declarar que fue el contingente militar mexicano (o de algún otro pequeño país aliado) el que acabó por inclinar finalmente la balanza en contra de las huestes hitlerianas.

Pues bien (y esta es la conclusión final a la que pretendo llegar), no obstante lo disparatado, heterogéneo y disímbolo de estas y otras interpretaciones “científicas”, todas ellas comparten una característica muy importante y nociva, todas tienen un denominador común, que consiste en contrarrestar y eliminar de la conciencia social, el papel determinante y primordial que desempeñó la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS) en la derrota del fascismo alemán, la más terrible amenaza que abrumó al mundo durante el siglo XX; se busca, sobre todo, que los pueblos del mundo dejen de mirar en el socialismo, con todo y sus imperfecciones, una alternativa a la pobreza, la injusticia, la guerra y tantas calamidades que golpean y agravian al género humano y, sobre todo, a los pueblos pobres e indefensos de la tierra. Se trata, en fin, de que todos lleguemos a la misma conclusión negativa y fatalista, a la que llegó el “Cándido” personaje de la obra de Voltaire, que aseguraba que, sin duda, “éste es el mejor de todos los mundos posibles”.

Por todo lo anterior, se convierte en un imperativo insoslayable e impostergable derribar esa gigantesca muralla ideológica, creada y alentada por los bandidos del planeta para eternizar su dominio, y empeñarnos en refutar donde y cuantas veces sea necesario la versión burguesa, no sólo de la Historia, la Economía y la Sociología, sino de la Ciencia en su conjunto.

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